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Este artículo fue modificado por última vez el 18.10.2017.

Según recientes estudios los recién nacidos de madres con sobrepeso  presentan un mayor peso al nacer y tienen más probabilidades de desarrollar obesidad. Así, los hijos de mujeres con un índice de masa corporal (IMC) superior a 25 tienen el doble de probabilidades de ser obesos y los de mujeres con un IMC superior a 30, un riesgo de obesidad cuatro veces mayor.

Por ello se recomienda que las mujeres jóvenes con un IMC superior a 25 y que se estén planteando un embarazo realicen una dieta hipocalórica antes de concebir y posteriormente mantengan una dieta equilibrada y practiquen ejercicio físico para no recuperar peso. Esta simple medida puede contribuir a disminuir el riesgo de obesidad del recién nacido.

Si la mujer con sobrepeso u obesidad consigue perder unos 4 ó 5 kilos antes del embarazo, el riesgo de presentar diabetes gestacional se reduce a la mitad. También disminuye la probabilidad de transferir las alteraciones epigenéticas que se han asociado al riesgo de obesidad.

Asimismo la lactancia es también una etapa importante para determinar el riesgo de obesidad del hijo. La leche materna es el mejor alimento para el bebé y la alimentación exclusiva con leche materna ha demostrado ampliamente sus beneficios sobre la salud infantil. Sin embargo se ha observado que los lactantes de madres obesas engordan más, por lo que al plantear una alimentación artificial es adecuado optar por una fórmula con la menor cantidad de proteína posible. La leche de vaca tiene casi cuatro veces más proteína que la leche humana, y parece que su consumo precoz también eleva el riesgo de obesidad.