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19.04.2018.
¿En qué consiste?

La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad autoinmune crónica que causa rigidez, dolor, pérdida de movilidad, inflamación y erosión (deterioro) articular. Suele afectar a varias articulaciones y de manera simétrica, con más frecuencia manos y muñecas, pero también codos, cuello, hombros, caderas, rodillas y pies. Otros síntomas y signos incluyen fatiga, fiebre, desarrollo de nódulos subcutáneos especialmente en los codos y malestar general. Las personas con AR pueden presentar anemia, complicaciones sistémicas y otros síntomas o signos asociados a otros trastornos autoinmunes, como por ejemplo sequedad ocular y de mucosas, asociados al síndrome de Sjögren.

Si bien cualquier individuo puede desarrollar una artritis reumatoide, esta enfermedad es más frecuente entre los 40 y 60 años de edad. Más del 70% de las personas afectadas son mujeres. De no tratarse, la enfermedad puede hacer disminuir la esperanza de vida del individuo, además de poder causar invalidez al cabo de unos pocos años de evolución.  El curso y el pronóstico de la enfermedad son variables. La progresión puede ser rápida o lenta. Por otra parte, en ciertas ocasiones puede remitir e incluso desaparecer. Es bastante frecuente que la enfermedad se suavice o remita durante el embarazo, y que empeore nuevamente después del parto.

La AR es distinta a la osteoartritis, que es la forma más frecuente de artritis. La osteoartritis -también conocida como enfermedad articular degenerativa- se asocia a lesión articular y al envejecimiento (desgaste articular). La AR es un proceso inflamatorio que afecta a la membrana de revestimiento de las articulaciones (membrana sinovial). Suele ocurrir de manera simétrica, de manera que si se afecta una rodilla, la otra también estará afectada. La enfermedad puede tener cierto componente hereditario, aunque es posible que también influyan otros factores, actuando como factores desencadenantes, quizás bacterias o virus. Sin embargo, no se trata de una enfermedad contagiosa. Algunos científicos creen que alteraciones de determinadas hormonas podrían potenciar el desarrollo de AR en personas con predisposición y expuestas a agentes desencadenantes.

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Acerca de Artritis reumatoide
  • Pruebas relacionadas

    En la evaluación de una posible artritis reumatoide (AR), además de la evaluación clínica en la que se consideran los signos y síntomas referidos por la persona afectada y en la que se lleva a cabo una exploración física, a menudo se solicita toda una serie de pruebas adicionales. Estas pruebas permiten distinguir la AR de otros trastornos o formas de artritis con sintomatología similar, a la vez que permiten establecer su gravedad. Con estas pruebas también se podrá monitorizar la enfermedad, evaluar sus posibles complicaciones y la respuesta al tratamiento, así como detectar y controlar posibles efectos secundarios debidos a la medicación administrada.

    Pruebas de laboratorio

    • Factor reumatoide (FR) - utilizado para el diagnóstico de AR. Aproximadamente un 80% de personas con AR presenta concentraciones elevadas de FR en sangre, aunque su concentración también puede estar elevada en otros trastornos e incluso en individuos sanos. La prueba puede ser útil para confirmar el diagnóstico de la enfermedad en caso de que sea positiva en una persona con signos y síntomas.
    • Anti-CCP - la principal utilidad de esta prueba es que permite diagnosticar la AR en las primeras fases de la enfermedad y en personas con un FR negativo. Anti-CCP es positivo en 60%-70% de personas con AR; útil en combinación con el FR para el diagnóstico de AR.
    • ANA - prueba útil en el cribado de ciertas enfermedades autoinmunes, en las que se puede incluir la AR; la prueba se solicita normalmente para diagnosticar un lupus eritematoso sistémico.
    • Velocidad de Sedimentación Globular (VSG) - evidencia la presencia de inflamación en el organismo, así como la actividad de la enfermedad. Puede ser de ayuda en el diagnóstico y la monitorización de la AR. Por ejemplo, la VSG puede estar elevada en AR pero no en la osteoartritis.
    • Proteína C Reactiva (PCR) — también indica presencia de inflamación y actividad de la enfermedad. Puede ser de ayuda en el diagnóstico y la monitorización de la AR. Por ejemplo, la PCR puede estar elevada en AR pero no en la osteoartritis.
    • Hemograma - proporciona información acerca de la hemoglobina y de los distintos tipos de células sanguíneas, y permite evaluar y monitorizar la enfermedad así como detectar posibles anemias o déficits de glóbulos blancos de la sangre.
    • Estudio metabólico completo - conjunto de pruebas utilizadas para evaluar y monitorizar la función renal y la hepática, entre otras.

     

    Otras pruebas diagnósticas (ajenas al laboratorio)

    • Exploraciones radiográficas - si bien se utilizan para el diagnóstico de la AR y para la monitorización de las lesiones articulares, no suelen mostrar alteraciones relevantes en las primeras fases de la enfermedad. Pueden ser de utilidad para descartar otras causas de dolor articular.
    • Ecografías (ultrasonidos) y resonancia magnética nuclear (RMN) - principalmente utilizadas para intentar detectar cambios en las articulaciones en las etapas iniciales de la enfermedad.
  • Tratamiento

    Actualmente, la artritis reumatoide (AR) no puede curarse. Los objetivos del tratamiento se centran en disminuir la progresión de la enfermedad, en aliviar el dolor y disminuir la inflamación, en mantener el funcionalismo de las articulaciones afectadas y minimizar las lesiones y complicaciones articulares. El tratamiento varía de persona a persona y a menudo a lo largo del tiempo para un mismo individuo.

    Normalmente las personas con AR deben tomar varios medicamentos. También es importante no someter a las articulaciones afectadas a una sobrepresión o estrés. Puede ser necesario ejercitarlas de manera adecuada. Entre los fármacos recomendados se encuentran: antiinflamatorios no esteroideos para aliviar el dolor y la inflamación, corticoides para disminuir la inflamación, fármacos específicos antirreumáticos para enlentecer la progresión de la enfermedad y modificadores de la respuesta biológica para reducir la inflamación y las lesiones articulares. Pueden prescribirse también fármacos inmunosupresores.

    El tratamiento normalmente supone la combinación de distintos tipos de fármacos, y se inicia tan pronto como sea posible con el fin de evitar lesiones articulares irreversibles. Para beneficiarse cuanto antes mejor del tratamiento con cualquier nuevo medicamento introducido en el mercado, es importante acudir a los controles programados por el médico de cabecera o el reumatólogo.

    En los casos en que no se consigue una correcta respuesta al tratamiento con fármacos, puede intentar repararse las articulaciones muy lesionadas mediante cirugía.

Bibliografía

NOTA: Este artículo está basado en las fuentes bibliográficas que se citan a continuación, así como en la propia experiencia del Comité de expertos y revisores de Lab Tests Online. Además, este apartado es revisado periódicamente por el Consejo Editorial, con el fin de mantenerlo actualizado.

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