¿En qué consiste?
El asma es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a los pulmones. Se caracteriza por la constricción reversible, o parcialmente reversible, de los bronquios. Los bronquios son conductos musculares que conducen el aire a través de los pulmones, llegando hasta las vías respiratorias más pequeñas llamadas bronquiolos.
Cuando se sufre asma, las paredes de las vías respiratorias se inflaman y se hinchan. Esta reacción dificulta el paso del aire, lo que puede causar la aparición de sibilancias (respiración ruidosa), dificultad respiratoria o tos. Los episodios o ataques agudos de asma aumentan este efecto constrictor de la musculatura de los bronquios, y producen cantidades excesivas de moco. El diámetro de los bronquios puede disminuir hasta tal punto que la cantidad de aire que puede pasar es mínima. Esto provoca que la persona afectada, además de presentar tos y sibilancias, sienta una opresión en el pecho, así como una gran dificultad para respirar. Aunque no se conoce exactamente la causa que los desencadena, los ataques de asma pueden tener lugar en cualquier momento, pero son más frecuentes durante la noche y la mañana. Si estos ataques son graves, pueden llegar a poner en peligro la vida del individuo, generalmente requiriendo atención médica inmediata.
En España se estima que entre un 5% y un 10% de la población padece asma. En la infancia es una de las enfermedades crónicas más frecuentes. La frecuencia varía según la edad y el sexo: en la niñez es más común en niños y, tras la pubertad, es más frecuente en mujeres. Aunque el asma no se puede prevenir ni curar, suele ser una enfermedad controlable con el tratamiento adecuado, y muchas personas pueden llevar una vida activa. A nivel mundial, el asma afectó a unos 262 millones de personas (estimación de 2019).
Acerca del asma
Causas:
La causa exacta del asma es desconocida, pero se sabe que se trata de una compleja interacción de diferentes factores. Parece que el problema subyacente está asociado a la liberación de moléculas inflamatorias por parte de células situadas en los bronquios, en respuesta a distintos desencadenantes. Los factores desencadenantes de los ataques de asma son ligeramente diferentes para cada persona. Entre ellos se incluyen:
- Alérgenos: como polen, pelos o piel de animales, polvo/esporas, alimentos.
- Sustancias: como productos de limpieza, de peluquería, algunos pegamentos, el humo u otros productos químicos.
- Ejercicio.
- Estrés y respuestas emocionales intensas.
- Exposición al frío.
- Algunos fármacos: como betabloqueantes o ácido acetilsalicílico.
- Infecciones respiratorias, especialmente resfriados (virus).
- Humo del tabaco (activo o pasivo) y contaminación del aire.
Signos y síntomas
El asma puede describirse según la frecuencia de los síntomas y, sobre todo, según el grado de control (si está bien controlada o no) y el riesgo de crisis o exacerbaciones. Algunas personas tienen síntomas ocasionales y otras necesitan tratamiento diario para mantener la enfermedad controlada
Los individuos con asma de tipo leve intermitente generalmente solo presentan episodios de forma esporádica, sin presentar síntomas en ningún otro momento. Los individuos con asma de tipo grave persistente generalmente necesitan tomar, diariamente, varios fármacos para poder controlar la enfermedad.
Otros trastornos y enfermedades pulmonares pueden tener síntomas similares al asma, coexistir con él y/o exacerbarlo. Así, el reflujo gastroesofágico (sensación de acidez) puede desencadenar o empeorar los episodios de asma en ciertos individuos.
Pruebas relacionadas
El objetivo principal de las pruebas que se realizan inicialmente es diagnosticar la enfermedad y evaluar su gravedad. Estas pruebas pueden solicitarse para diferenciar el asma de otras enfermedades que presentan síntomas similares, así como para identificar la presencia de trastornos, como alergias, con capacidad de desencadenar o agravar los episodios de asma. Algunos de los objetivos de las pruebas de seguimiento son monitorizar la función pulmonar y controlar el asma, así como evaluar y solventar los ataques, e identificar y tratar las complicaciones y efectos secundarios que puedan aparecer.
En España, la guía clínica de referencia para el manejo del asma es la GEMA, que se actualiza periódicamente (actualmente versión 5.5). A nivel internacional, la guía más utilizada es la GINA (actualización 2025). En el año 2020, el National Asthma Education and Prevention Program (NAEPP) del National Heart, Lung, and Blood Institute (NHLBI) publicó el Asthma Management Guidelines: Focused Updates 2020 para el diagnóstico y tratamiento del asma. Estas directrices están destinadas a ser una ayuda en el diagnóstico y seguimiento de las personas con asma. Se centran en la evaluación y el seguimiento de la enfermedad, en la educación de los individuos implicándolos en la participación en el control de su enfermedad, controlando los factores medioambientales que pueden desencadenar o exacerbar los ataques de asma; también se centran en las indicaciones acerca del uso de los medicamentos adecuados.
Pruebas de función pulmonar y estudios de imagen
Son las principales pruebas que se realizan para el diagnóstico, evaluación y seguimiento del asma.
Diagnóstico
Para el diagnóstico del asma, las guías de la NAEPP recomiendan:
- Una historia clínica y un examen físico exhaustivos: centrándose en el tórax y en las vías respiratorias.
- Una espirometría (en mayores de 5 años): para evaluar el estrechamiento u obstrucción de las vías respiratorias. Esta prueba mide la cantidad y la tasa de expulsión de aire mientras el individuo sopla a través de un tubo y es útil para comprobar que la obstrucción de las vías aéreas es reversible, o parcialmente reversible, con la inhalación de un broncodilatador de acción corta.
- Pruebas de provocación bronquial: inducen la constricción de los bronquios, realizando ejercicio, o aplicando aire frío, metacolina o histamina.
- Otras pruebas de función pulmonar y/o radiografías de tórax.
- Pruebas adicionales: cuando sea necesario descartar otras posibles causas de los síntomas u otros diagnósticos, como fibrosis quística, infecciones pulmonares como la tuberculosis y el reflujo gastrointestinal.
Evaluación y seguimiento
- Espirometría: para evaluar la función pulmonar.
- Determinación del pico de flujo espiratorio (PFE): mide la capacidad de los pulmones para expulsar el aire o la velocidad a la que puede ser exhalado el aire. Esta prueba utiliza un pequeño dispositivo, conocido como medidor de flujo espiratorio, que el individuo puede utilizar en su casa para monitorizar la función pulmonar.
- Oximetría de pulso: método no invasivo para la monitorización continua de la saturación de O2; puede utilizarse en una unidad de urgencias o en un hospital para evaluar el estado de oxigenación.
- Radiografía de tórax.
- Prueba del óxido nítrico exhalado (FeNO): mide un marcador de inflamación de las vías respiratorias. Puede ayudar en algunos casos a apoyar el diagnóstico o a orientar el uso de tratamiento antiinflamatorio. Sin embargo, no debe usarse por sí sola para valorar el control del asma o la gravedad de una crisis; se interpreta junto con los síntomas y la espirometría.
Para mas información sobre otras pruebas de función pulmonar acceda a este enlace.
Pruebas de laboratorio
Las pruebas de laboratorio se utilizan para ayudar a descartar los trastornos que causan síntomas similares a los del asma, para identificar las alergias que puede presentar el individuo, así como para identificar y evaluar las complicaciones que puedan aparecer. Durante los ataques de asma graves, las pruebas pueden solicitarse para evaluar y monitorizar la función de los órganos, los valores de la concentración de oxígeno, y el equilibrio ácido-base del organismo. Entre estas pruebas se incluyen:
- Pruebas de alergia: específicas para los alérgenos sospechosos de causar los síntomas, como los ácaros del polvo, el moho, pelos de animales domésticos y el polen; pueden solicitarse para ayudar a identificar los factores desencadenantes del asma.
- Gases en sangre: a partir de una muestra de sangre arterial se evalúa el pH, la saturación de oxígeno y el dióxido de carbono; puede solicitarse durante un ataque de asma.
- Hemograma: para evaluar las células sanguíneas y evaluar si existe infección o inflamación. El recuento de eosinófilos en el hemograma puede orientar hacia un tipo de asma con inflamación ‘eosinofílica’ y ayudar a elegir tratamientos en casos difíciles.
- Perfil metabólico completo: para evaluar la función de distintos órganos.
- Monitorización de fármacos en sangre: solo en casos concretos, según el tratamiento que esté tomando el paciente.
- Inmunoglobulina E (IgE) (total y/o específica): útil para valorar componente alérgico y, en casos seleccionados, orientar tratamientos.
El médico considerará los resultados de todas las pruebas, así como la historia clínica, los antecedentes familiares, los factores de riesgo asociados a otras enfermedades y la exploración física. En función de lo que observe, es posible que solicite otras pruebas adicionales, como:
- Pruebas para descartar fibrosis quística (por ejemplo, prueba del cloruro en sudor, tripsinógeno y/o quimotripsina y, si procede, estudio genético), cuando la clínica lo sugiera.
- Cultivo de esputo: para diagnosticar infecciones pulmonares causadas por bacterias.
- Cultivo de micobacterias: para diagnosticar si existen infecciones por micobacterias tuberculosas y no tuberculosas.
- Biopsia pulmonar: para evaluar el daño en el tejido pulmonar y la presencia de cáncer. Muy excepcional, solo si hay sospecha de otra enfermedad y las pruebas previas no son concluyentes.
- Citología del esputo: solicitada de forma ocasional para evaluar las células de los pulmones; los eosinófilos y neutrófilos (dos tipos de leucocitos o células de la serie blanca de la sangre) pueden estar aumentados en la inflamación asociada a asma.
Si desea más información acerca de otras pruebas de laboratorio que pueden realizarse, consultar el artículo sobre enfermedades pulmonares.
Tratamiento
Los objetivos del tratamiento del asma son:
- Prevenir o minimizar el número de ataques de asma que presenta el individuo.
- Solucionar los ataques de asma de forma rápida y disminuir las hospitalizaciones, así como el número de veces que se debe acudir a los servicios de urgencias.
- Conseguir y mantener un buen control de la enfermedad.
- Minimizar y retardar la progresión del daño pulmonar.
- Identificar, tratar, y solucionar, siempre que sea posible, las situaciones que agravan la enfermedad y las complicaciones asociadas a ella, o los efectos secundarios de los medicamentos administrados.
- Educar a las personas con asma y convertirlas en parte integral de su propio tratamiento.
- Fomentar un estilo de vida activo y normal.
La prevención de los episodios de asma consiste en intentar evitar aquellas sustancias que desencadenan los episodios, con un buen control de la enfermedad, y en reconocer y hacer frente a los primeros signos de un ataque inminente.
El tratamiento del asma se adapta a cada individuo en particular y depende de la gravedad de la enfermedad. Incluso las personas con asma de tipo leve intermitente, pueden presentar ocasionalmente episodios agudos graves. Se pautan fármacos para disminuir la inflamación de las vías aéreas y/o para relajar la musculatura que rodea a los bronquios para así facilitar la respiración. Se debe realizar un control tanto a largo como a corto plazo. Hoy se recomienda que la mayoría de personas con asma utilicen algún tratamiento antiinflamatorio inhalado (corticoide inhalado), porque reduce el riesgo de crisis. En algunos pacientes se emplean pautas en las que un mismo inhalador se usa como tratamiento de mantenimiento y también como medicación de rescate (terapia MART), especialmente a partir de los 12 años, según recomendaciones actuales
En casos de asma grave no controlada, existen tratamientos biológicos (anticuerpos monoclonales) indicados en pacientes seleccionados
Las personas con asma deben colaborar con el médico para comprender la enfermedad y controlarla, ya sea la suya o la de sus hijos, así como para poder seleccionar los fármacos más adecuados para cada caso y que se tomarán a largo plazo. Se debe desarrollar un plan de tratamiento que sirva de guía para el control diario de la enfermedad, para el momento en que aparece un ataque de asma, y como ayuda para determinar cuando es necesario buscar atención médica. El médico considerará el cuadro clínico del individuo, así como los medicamentos que está tomando, para determinar así la mejor opción de tratamiento. Si desea información detallada sobre los medicamentos para el asma y su utilización acceda a este enlace.
Enlaces
Pruebas relacionadas:
Inmunoglogulina E (IgE)
Estados fisiológicos y enfermedades:
En otras webs:
Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC): Asma
American Lung Association: Asthma
American Academy of Allergy Asthma and Immunology (AAAAI): Childhood Asthma
John Hopkins Medicine: Pulmonary Function Laboratory
SEPAR (Sociedad Española de Neumología y Cirugia Toràcica): Asma
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