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¿En qué consiste?

La hepatitis es una inflamación del hígado que suele ser causada por virus, aunque también puede deberse a fármacos, alcohol, enfermedades hereditarias o enfermedades autoinmunes. Esta inflamación puede ser aguda y resolverse en pocas semanas o meses o puede ser crónica, durando varios años. Las hepatitis crónicas pueden ser silentes durante 20 años o más antes de causar síntomas relevantes relacionados con una lesión progresiva en el hígado, como la cirrosis, el cáncer de hígado o la muerte.

El hígado es un órgano vital localizado en la parte superior derecha del abdomen. Realiza varias funciones en el organismo entre las que se encuentran el procesado de los nutrientes, la producción de bilis para ayudar a la digestión de las grasas, la síntesis de muchas proteínas importantes, el control de la coagulación de la sangre, y la transformación de sustancias potencialmente tóxicas para el organismo en otras inocuas que se puedan utilizar o eliminar. En casos graves, la inflamación puede interferir en estos procesos y permitir que las sustancias potencialmente tóxicas se acumulen.

En la tabla siguiente se resumen algunos tipos comunes de hepatitis.

Tipo de hepatitis Descripción Ejemplos de causas
Vírica La infección por alguno de los virus causantes origina una inflamación que puede ser aguda o crónica en función del virus Virus A, virus B y virus C de la hepatitis
Inducida por fármacos o tóxicos

El hígado procesa diversas sustancias que el organismo puede utilizar o eliminar. Algunas de estas sustancias resultan tóxicas para el hígado y pueden causar una hepatitis. En otras ocasiones el organismo reconoce como extraño a un fármaco que no es directamente tóxico sobre el hígado; el ataque del organismo hacia el tóxico en el interior de las células hepáticas conduce a una hepatitis

Exposición aguda o crónica al alcohol, acetaminofeno (paracetamol)
Hereditaria Ciertas mutaciones genéticas pueden heredarse de generación en generación, lesionando al hígado y causando hepatitis Enfermedad de Wilson, hemocromatosis, déficit de alfa-1-antitripsina
Hígado graso de causa no alcohólica

El depósito de cantidades importantes de grasa en el hígado produce inflamación y ocasiona hepatitis

Asociado al síndrome metabólico
Autoinmune El sistema inmune del organismo produce de manera inapropiada anticuerpos dirigidos contra el tejido hepático, produciendo hepatitis A veces asociada a otras enfermedades autoinmunes como diabetes de tipo 1, tiroiditis de Hashimoto, anemia perniciosa o síndrome de Sjögren

 

 



 

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Acerca de Hepatitis
  • Signos y síntomas

    Los signos y síntomas de la hepatitis son los mismos independientemente de la causa, pero pueden variar según la persona y a lo largo del tiempo. La mayoría de personas con hepatitis crónica no presenta síntomas y algunas de las que padecen hepatitis aguda tampoco, aunque en estos casos pueden existir síntomas leves e inespecíficos y pueden confundirse con los de una gripe. Algunos de los signos y síntomas más comunes incluyen:

    • Fatiga
    • Náuseas
    • Dolor abdominal
    • Dolores articulares
    • Picor
    • Ictericia

    Algunas personas pueden además presentar pérdida del apetito, oscurecimiento de la orina y pérdida de color de las heces. En casos más graves puede existir ascitis y confusión mental.

    La exploración física puede poner de manifiesto un hígado sensible a la palpación y aumentado de tamaño. En algunas personas, las hepatitis crónicas pueden provocar un daño gradual en el hígado que, al cabo del tiempo, puede causar una insuficiencia hepática. La forma crónica de la hepatitis suele permanecer durante muchos años y no se cura sin tratamiento.

  • Pruebas relacionadas

    Son muchas las pruebas de laboratorio que pueden solicitarse en las hepatitis. Son pruebas cuyo uso se justifica por diversas razones y se clasifican como se expone a continuación:

    • Pruebas generales para detectar inflamación del hígado y/o lesión hepática
    • Pruebas de cribado para detectar hepatitis víricas - por ejemplo, se realiza un cribado de hepatitis B o C en personas con riesgo de adquirirlas (consumo de drogas, promiscuidad), o en donaciones de sangre
    • Pruebas para poder diagnosticar la causa subyacente de la enfermedad hepática
    • Pruebas con finalidades de monitorización, para evaluar la progresión de la hepatitis y controlar el tratamiento

    La hepatitis aguda suele sospecharse por la presencia de síntomas como fiebre, pérdida de apetito, náuseas, normalmente acompañados de oscurecimiento de la orina, pérdida de coloración de las heces, coloración amarillenta de la piel y la conjuntiva ocular (ictericia).

    La hepatitis crónica suele detectarse por resultados anómalos en un análisis. En personas en las que los síntomas son nulos, escasos o inespecíficos, la hepatitis suele detectarse al realizar un análisis rutinario.

    En este análisis rutinario se incluye un conjunto de pruebas que suelen solicitarse por ejemplo en un examen médico anual. Incluye varias pruebas del perfil hepático. Estas pruebas pueden constituir el primer indicador de inflamación o lesión hepática, aunque no permiten conocer la causa de la hepatitis, siendo necesarias otras pruebas adicionales.

    Estas pruebas se utilizan tanto para detectar lesión hepática como para evaluar su severidad; algunas se listan a continuación:

    • Alanina aminotransferasa (ALT) - enzima que se encuentra principalmente en el hígado; es la mejor prueba para detectar una hepatitis, aunque puede ser normal una vez ya existe una cirrosis
    • Aspartato aminotransferasa (AST) - enzima que se encuentra en el hígado y también en otros tejidos, particularmente en el corazón y en otros músculos
    • Fosfatasa alcalina  (FA) - enzima relacionada con los conductos biliares; suele encontrarse elevada cuando hay una obstrucción de estos conductos, aunque también puede aumentar en enfermedades óseas
    • Gamma-glutamil transpeptidasa (GGT) - enzima del hígado muy sensible a alteraciones de la función hepática; ayuda a establecer el motivo de aumentos de la FA. Si la GGT está elevada, el aumento de la FA es de causa hepática y no ósea
    • Bilirrubina - producto de deshecho que se genera a partir de los hematíes viejos; es un pigmento amarillo que provoca ictericia y oscurecimiento de la orina cuando está presente en grandes cantidades
    • Albúmina - principal proteína que sintetiza el hígado e informa de la capacidad de producción de proteínas del hígado
    • Proteínas totales - medida de la albúmina y de todas las otras proteínas del plasma, incluyendo los anticuerpos que se fabrican para luchar contra las infecciones
    • Tiempo de protrombina (TP) - prueba que suele solicitarse en personas con sospecha de hepatitis o con hepatitis. Las proteínas que participan en el proceso de coagulación de la sangre (factores de la coagulación) se sintetizan principalmente en el hígado. Un alargamiento del tiempo de protrombina ayuda a valorar la gravedad de la lesión hepática
    • Biopsia hepática - se inserta una aguja en el hígado y se extrae una pequeña cantidad de células que posteriormente serán analizadas al microscopio por un anatomopatólogo. Es la prueba definitiva para diagnosticar estas enfermedades. Puesto que se trata de una técnica invasiva, sólo se emplea cuando los resultados de las otras pruebas no son concluyentes o cuando se quiere determinar el alcance de la lesión hepática

    También pueden utilizarse ecografías y tomografías axiales computarizadas.

  • Hepatitis víricas

    Una de las causas principales de la hepatitis es una infección vírica. Los virus asociados a hepatitis se identificaron por orden de su descubrimiento: A, B, C, D y E. Los tipos de hepatitis más frecuentes son A, B y C; las hepatitis que se asocian a afectación crónica son la B y la C.

    Hepatitis A. Es altamente contagiosa y se propaga a través de agua y comida contaminadas con el virus. Desde la introducción de la vacuna frente a la hepatitis A, los casos de infección han disminuido muchísimo. Los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) estiman que el número de infectados por el virus de la hepatitis A es muy superior al registrado, debido a que muchas personas desconocen que padecen la infección. Los síntomas son muy parecidos a los de la gripe y no suelen hacer pensar en una hepatitis. La hepatitis A causa una infección aguda pero no pasa a una forma crónica. El tratamiento suele ser de soporte (aliviar los signos y síntomas) y las personas afectas suelen estar totalmente recuperadas a los 6 meses aproximadamente.

    Hepatitis B. Puede adquirirse por contacto con fluidos corporales de una persona infectada. Lo más común es que el virus se disemine por exposición a sangre o jeringuillas contaminadas, por la práctica de sexo sin protección con una persona infectada, y de una madre infectada hacia su bebé. Es la causa más frecuente de hepatitis vírica aguda. Los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) estiman que el número de infectados por el virus de la hepatitis B (VHB) es muy superior al registrado, debido a que muchas personas desconocen que padecen la infección. La infección por el virus de la hepatitis B es más común en adultos, especialmente entre los 25 y 44 años de edad.

    La mayor parte de las personas infectadas mejora sin requerir tratamiento pero en aproximadamente un 1% - 3% de los casos, la infección se cronifica y por ello se puede seguir contagiando y transmitiendo la enfermedad. Los recién nacidos y los bebés son especialmente vulnerables a la infección crónica por el virus de la hepatitis B. Cerca del 90% de recién nacidos y entre un 25% - 50% de bebés infectados por el VHB desarrollará una infección crónica por dicho virus. Gracias a la puesta en marcha del cribado de hepatitis B en mujeres embarazadas y a la vacunación de los recién nacidos, ha descendido el número de bebés infectados. Actualmente, la mayor parte de las hepatitis crónicas se da en países del sudeste asiático y de África donde la infección en recién nacidos aún es muy frecuente. Se estima que en el mundo existen unos 350 millones de personas infectadas de manera crónica por el VHB.

    Hepatitis C. Se contagia por exposición a sangre contaminada. Entre los mecanismos de contagio más frecuentes cabe destacar el uso compartido de jeringuillas y agujas entre drogadictos, para el consumo de cocaína o de heroína. Otras formas de contagio son el uso de dispositivos contaminados para realizar perforaciones o tatuajes, la exposición del personal sanitario a agujas contaminadas u otros objetos afilados, mantener relaciones sexuales que comportan pequeños desgarros tisulares, transmisión de madre a hijo a través del canal del parto, o por compartir cepillos dentales y maquinillas de afeitar contaminados con sangre.

    Los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) estiman que el número de infectados por el virus de la hepatitis C (VHB) es muy superior al registrado, debido a que muchas personas desconocen que padecen la infección. La infección por el virus de la hepatitis C (VHC) es menos frecuente que la causada por el VHB como causa de hepatitis aguda, pero es la causa más frecuente de hepatitis crónica. Según los CDC, alrededor de 60% - 70% de los expuestos a este virus desarrollará una enfermedad hepática crónica, cerca de un 20% evolucionará a cirrosis y entre un 1% y un 5% fallecerá a consecuencia de la cirrosis o de un cáncer hepático (son consecuencias directas de la infección crónica).

    No existe actualmente una vacuna para prevenir la hepatitis C, aunque las investigaciones están en un punto muy avanzado. La mejor manera de prevenir la infección consiste en limitar la exposición a posibles fuentes del virus.

    Hepatitis D y E. Son poco frecuentes. La hepatitis D únicamente causa infección cuando existe infección por el virus de la hepatitis B y puede provocar que esta infección sea más grave. Se suele contagiar a través de la exposición a sangre o a agujas infectadas. La hepatitis E se contagia de manera parecida a la hepatitis A y se encuentra fundamentalmente en Asia, África y América del Sur.

    Signos y síntomas. Se corresponden con los de las hepatitis en general. Si desea más información consulte el epígrafe de signos y síntomas.

    Pruebas de laboratorio
    Existe una gran variedad de pruebas útiles para diagnosticar y/o monitorizar las hepatitis víricas. Si desea más información, consulte hepatitis A, hepatitis B y hepatitis C. En la tabla siguiente se resumen las causas más comunes de hepatitis víricas.

    VIRUS

    HEPATITIS A

    HEPATITIS B

    HEPATITIS C

    Vía de transmisión

    Fecal-oral      

    Agujas o sangre infectadas, contacto sexual

    Agujas o sangre infectadas, contacto sexual

    Tiempo de incubación (infección aguda)

    15-50 días

    45-160 días

    14-180 días

    Inicio

    Brusco

    Brusco o lento, desapercibido

    Normalmente lento, desapercibido  

    Gravedad

    Leve

    Ocasionalmente grave

    Normalmente desarrollo lento sin síntomas específicos, o intensos

    Forma crónica?

    No

    Asociado con otras enfermedades?

    Ninguna

    Cáncer de hígado, cirrosis

    Cáncer de hígado, cirrosis

    Pruebas diagnósticas de la infección aguda

    HAV-Ab, IgM

    HBsAg, Anti-HBc IgM

    Anti-HCV, HCV ARN (pueden existir los mismos resultados que en la hepatitis crónica)

    Pruebas diagnósticas de la infección crónica o para monitorizar el tratamiento

    -

    HbsAg, HBV DNA, HBeAg, anti-HBe

    Anti-HCV (una vez), HCV ARN o carga viral, genotipo HCV (una vez)

    Pruebas que detectan infecciones previas

    HAV-Ab, IgG

    Anti-HBs, Anti-HBc total

    Anti-HCV

    Vacuna disponible?

    No

    Tratamiento habitual

    Ninguno

    Forma crónica – Interferón, entecavir, tenofovir, lamivudina, adefovir

    Forma crónica – Interferón (normalmente con ribavirina)

    Definición de abreviaturas
    HAV-Ab = Anticuerpo frente a la Hepatitis A
    Anti-HBs= Anticuerpo frente al antígeno de superficie de la Hepatitis B  
    HBsAg = Antígeno de superficie de la Hepatitis B
    HBeAg = Antígeno-e de la Hepatitis B   
    Anti-HBe = Anticuerpo frente al antígeno-e de la Hepatitis B
    Anti-HBc = Anticuerpo frente al antígeno del core de la Hepatitis B
    HBV DNA = Virus de la Hepatitis B (detecta la presencia de material genético del virus)
    Anti-HCV = Anticuerpo frente a la Hepatitis C
    HCV RNA = Virus de la Hepatitis C (detecta la presencia de material genético del virus)
    Carga Viral HCV = Detección y/o recuento de la cantidad de virus en la sangre
    Genotipo HCV= Determina el tipo de Hepatitis C presente (tipo 1 a 6)

    Prevención
    La incidencia de nuevos casos de hepatitis vírica ha disminuido por el hecho de no compartir jeringas y de practicar sexo con protección (especialmente importante en las hepatitis B y C), y por la disponibilidad de vacunas en el caso de las hepatitis A y B (no se dispone todavía de vacuna para la hepatitis C). En el caso de la hepatitis B y de la C, la transmisión de la infección por transfusión de sangre ha disminuido casi totalmente. Los programas sistemáticos de detección de hepatitis B en embarazadas y la vacunación de todos los recién nacidos, ha disminuido de manera muy significativa los nuevos casos de hepatitis B.

    Tratamiento
    Las medidas de soporte y el alivio de los síntomas suelen ser los únicos tratamientos que se requieren para tratar las hepatitis víricas agudas A, B y C. Suele ser necesario mucho reposo y aporte de bebidas y alimentos nutritivos. En el caso de las hepatitis A, la mayor parte de personas se recupera sin complicaciones. Algunas personas con hepatitis B o con hepatitis C desarrollan formas crónicas de la enfermedad. En estos casos, el objetivo consiste en minimizar las posibles lesiones hepáticas, tratar los trastornos subyacentes que provocan o exacerban la hepatitis y prevenir el contagio a otras personas. Existen medicamentos para las hepatitis B y para la C aunque no todas las personas van a necesitarlo. Los antivirales que se administran pueden tener efectos secundarios importantes. A menudo se monitoriza a las personas con hepatitis crónica de manera muy estricta para observar si aparece cirrosis hepática o un cáncer de hígado. Contínuamente aparecen nuevos tratamientos, vacunas y estrategias de prevención para la hepatitis. Es importante conocer los riesgos y beneficios de los nuevos tratamientos disponibles.

  • Hepatitis inducidas por fármacos o por tóxicos

    El hígado es responsable del metabolismo del alcohol, fármacos y toxinas ambientales. Transforma estos compuestos en sustancias que puedan ser utilizadas y/o posteriormente excretadas por el organismo. Algunos fármacos o drogas pueden causar lesiones hepáticas cuando una persona sufre una exposición a dosis altas de estos productos. A veces, los síntomas de una hepatitis tóxica aparecen rápidamente, horas o días después de la exposición, pero en otras ocasiones los síntomas aparecen lentamente conforme aumenta la exposición repetida a la sustancia que genera la toxicidad.

    Un ejemplo de estas sustancias es el paracetamol o acetamonifeno, un conocido analgésico. A dosis terapéuticas, es un buen análgesico pero a dosis elevadas o combinado con alcohol puede provocar una insuficiencia hepática que puede llegar a comprometer la vida del individuo.

    El consumo excesivo de alcohol constituye una de las causas más frecuentes de este tipo de hepatitis inducida por sustancias tóxicas. Esta enfermedad puede ser leve y persistir toda la vida sin que aparezca sintomatología específica. No obstante, a medida que pasa el tiempo, la lesión hepática se va agravando. La tasa de mortalidad en los casos graves alcanza el 50%. Esta lesión puede revertirse si se deja de consumir alcohol.

    Algunos fármacos pueden ser potencialmente dañinos para el hígado en algunos individuos. Este efecto no puede predecirse y parece estar relacionado con algún tipo de reacción alérgica a un medicamento. Entre estos fármacos se incluyen anestésicos, antibióticos, esteroides anabolizantes y anticonvulsivantes.

    Signos y síntomas. Varían en función de la causa. Pueden aparecer rápidamente o desarrollarse gradualmente a medida que aumenta la exposición al tóxico. Cuando existen, suelen ser los propios de las hepatitis, en general. Si desea más información consulte el epígrafe de signos y síntomas.

    Pruebas de laboratorio
    Las hepatitis causadas por sustancias químicas, fármacos o alcohol no suelen diagnosticarse mediante pruebas de laboratorio. Se llega al diagnóstico mediante la exploración que el médico realiza al individuo y mediante un cuestionario sobre la posible ingesta de sustancias químicas, fármacos o alcohol y si fuera el caso, evaluando los peligros a los que el individuo ha estado expuesto en su puesto de trabajo, como sería el caso de los disolventes industriales. Algunas pruebas pueden ser útiles en la evaluación de este tipo de hepatitis:

    • Perfil hepático - para detectar lesión hepática y su severidad
    • Niveles de etanol - si se sospecha como posible causa
    • Evaluación de una posible sobredosis de fármacos en un contexto urgente, incluyendo análisis de drogas de abuso, paracetamol o acetaminofeno, y otros fármacos que tome la persona para determinar la causa de la hepatitis y establecer el tratamiento adecuado.

    Tratamiento
    No existe un tratamiento específico para la mayoría de hepatitis tóxicas. Normalmente, lo principal estriba en interrumpir la toma del fármaco que origina la lesión hepática o evitar la exposición al tóxico. Con esta actitud y si se actúa rápidamente, muchos individuos mejoran aunque a veces lentamente (meses). En algunas ocasiones pueden existir lesiones persistentes como cirrosis hepática e incluso insuficiencia hepática. Si la lesión del hígado es ya irreversible, puede considerarse el transplante hepático.

    En el caso de sobredosis por paracetamol o acetaminofeno existe un tratamiento que permite minimizar el daño hepático: se administra N-acetil-cisteína como antídoto durante las primeras 24 horas después de la ingesta de paracetamol. Si se consigue administrar dentro de las primeras 8 horas, todavía es más efectivo como antídoto, de ahí la importancia de detectar esta situación y tratarla cuanto antes mejor.

     

  • Hígado graso de causa no alcohólica

    Una de las principales causas de las hepatitis crónicas radica en una acumulación excesiva de grasas en el hígado, incluso en personas que no beben cantidades excesivas de alcohol. Es una situación que se desarrolla de manera gradual, a lo largo de varios años, si se ingieren demasiadas calorías. A veces, el primer signo de una posible inflamación hepática puede ser la alteración de algunas pruebas realizadas en un análisis de rutina. Si existe un aumento del tamaño del hígado o si ya se ha descartado otras posibles causas (por ejemplo, víricas), puede realizarse una biopsia. Si la biopsia indica que el tejido hepático es excesivamente graso, está inflamado y presenta signos de lesión, se habla de una condición conocida como esteatohepatitis de causa no alcohólica (NASH, por sus siglas en inglés). Si el hígado es graso pero no presenta signos de inflamación o cicatrices, se habla de enfermedad hepática de causa no alcohólica (NAFLD, por sus siglas en inglés). NASH puede ser grave y puede acabar en una cirrosis del hígado. NAFLD no suele ser tan agresiva.

    Esta situación es más frecuente en personas con síndrome metabólico, una combinación de diversos trastornos como la obesidad (especialmente la acumulación de grasa en el abdomen), hipertensión, niveles elevados de triglicéridos, niveles bajos de colesterol HDL y resistencia a la insulina o diabetes del tipo 2. Actualmente, no existe tratamiento para ninguna de las dos formas de hígado graso citadas, y se anima al individuo a que pierda peso, realizando ejercicio físico y siguiendo una dieta saludable.

    Signos y síntomas. No acostumbran a existir signos y síntomas de hepatitis. En caso de existir suelen ser leves y son los propios de las hepatitis en general. Si desea más información consulte el epígrafe de signos y síntomas.

    Pruebas relacionadas
    La enfermedad suele detectarse al realizarse un análisis rutinario o al solicitar un perfil hepático por otros motivos. La obtención de resultados alterados en estas pruebas suele ser el primer indicio de una lesión hepática. Otras pruebas, como una tomografía axial computarizada o una resonancia magnética nuclear pueden detectar la presencia de grasa en el hígado. Tampoco es raro que se soliciten otras pruebas para descartar otras causas de hepatitis. No existen sin embargo, pruebas de laboratorio que permitan establecer un diagnóstico de esteatosis hepática o de hígado graso de causa no alcohólica; debe recurrirse a una biopsia.

    Tratamiento
    No existe un tratamiento específico para el hígado graso de causa no alcohólica. Sí que puede intentarse mejorar la situación mediante:

    • Pérdida de peso si existe obesidad
    • Control de los niveles de glucosa en diabéticos
    • Disminución de los niveles de colesterol y/o triglicéridos
    • Abstención del consumo de alcohol
    • Algunos estudios sostienen que los fármacos que disminuyen la resistencia a la insulina pueden resultar útiles

     

  • Hepatitis hereditarias

    Algunas enfermedades hereditarias pueden ante todo aparecer causando síntomas propios de una hepatitis aguda o crónica. Algunos ejemplos incluyen:

    • Hemocromatosis - la más frecuente de estas enfermedades. Se asocia a un aumento de la absorción de hierro y a acumulación importante de este elemento en el organismo. El hígado es uno de los principales órganos dañados y a veces una hepatitis crónica puede deberse a una hemocromatosis.
    • Deficiencia de alfa-1 antitripsina - también relativamente común. En niños que sufren esta enfermedad puede presentarse en forma de hepatitis crónica o aguda. En adultos, la afectación hepática suele ser difícil de detectar. Tanto la cirrosis como el cáncer de hígado son más frecuentes en las personas con déficit de alfa-1 antitripsina.
    • Enfermedad de Wilson - forma de hepatitis hereditaria mucho más rara. Se asocia a una acumulación excesiva de cobre en el hígado, el cerebro y en otros tejidos. Esta enfermedad puede provocar tanto hepatitis crónica como aguda. Si no se trata, la enfermedad de Wilson progresa y puede resultar fatal.

    Signos y síntomas. Varían y son específicos de cada una de las enfermedades. Los signos y síntomas de la afectación hepática son los propios de las hepatitis en general. Si desea más información consulte el epígrafe de signos y síntomas.

    Pruebas de laboratorio
    La presencia de formas de hepatitis hereditarias suele sospecharse si existe una historia familiar de enfermedad hepática. Algunas de las pruebas más frecuentes que se realizan para detectar este tipo de enfermedades suelen ser:

    • Hierro sérico y pruebas relacionadas con su metabolismo, como capacidad total de fijación del hierro y transferrina, y la ferritina, en el caso de la hemocromatosis
    • Alfa-1 antitripsina - para los déficits de esta proteína
    • Ceruloplasmina y cobre - para contribuir al diagnóstico de la enfermedad de Wilson. El organismo suele eliminar el exceso de cobre hacia la bilis pero cierta cantidad de este cobre también se une a una proteína conocida como ceruloplasmina. En la enfermedad de Wilson, el proceso de unión y eliminación no funciona bien de manera que se encuentran concentraciones disminuidas de ceruloplasmina en la sangre y concentraciones elevadas de cobre en sangre, orina e hígado
    • Pruebas genéticas - para detectar mutaciones en ciertos genes que pueden asociarse a algunos tipos de hepatitis. Por ejemplo el estudio de mutaciones en el gen HFE puede contribuir al diagnóstico de la hemocromatosis
    • Biopsia hepática - el examen microscópico de una muestra de tejido hepático puede ser muy útil para establecer un diagnóstico

    Tratamiento
    Las enfermedades genéticas que afectan al hígado no se curan. El tratamiento varía en función de la causa y difiere mucho según se trate de una entidad u otra. Por ejemplo, en el caso de la hemocromatosis el tratamiento se basa en la realización de sangrías periódicamente, para así disminuir la cantidad de hierro en el organismo. En el caso de la enfermedad de Wilson, además de limitar al máximo la ingesta de cobre, se puede administrar fármacos que ayudan a eliminar el cobre del organismo o a prevenir su acumulación.

     

  • Hepatitis autoinmunes

    La hepatitis autoinmune suele ser una forma crónica de hepatitis que conduce a una lesión progresiva del hígado. No obstante, en un 10% - 20% de los casos puede presentarse como una hepatitis aguda. Por causas aún desconocidas, el sistema inmune del organismo ataca al hígado. Es más frecuente en mujeres que en hombres; de hecho según la American Liver Foundation, el 70% de los afectados son mujeres, y normalmente entre los 15 y los 40 años de edad.

    Existen dos formas de hepatitis autoinmune. La más común es la de tipo 1 y suele afectar a mujeres jóvenes, asociándose a otras enfermedades autoinmunes como la diabetes tipo 1, la colitis ulcerosa y el síndrome de Sjögren. La de tipo 2 es mucho más rara y se ha visto que afecta a chicas entre los 2 y los 14 años de edad.

    Signos y síntomas. Se corresponden con los propios de las hepatitis en general. Si desea más información consulte el epígrafe de signos y síntomas.

    Pruebas de laboratorio
    Suelen solicitarse distintas pruebas para detectar la presencia de autoanticuerpos, tanto para detectar la hepatits autoinmune como para detectar la presencia de otras enfermedades autoinmunes. Entre estas pruebas se incluyen:

    • Anticuerpos antinucleares (ANA)
    • Anticuerpos antimúsculo liso
    • Anticuerpos microsomales de hígado y riñón (anti-LKM1)

    Característicamente, las personas con hepatitis autoinmune de tipo 1 tienen ANA o anticuerpos antimúsculo liso o ambos, y las personas con hepatitis autoinmune de tipo 2 presentan los anti-LKM1.

    Tratamiento
    Las hepatitis autoinmunes suelen tratarse con agentes supresores del sistema inmune, como la prednisona y la azatioprina, aunque estos tratamientos tampoco son efectivos en todos los casos. Estos fármacos deben tomarse durante toda la vida y permiten controlar la hepatitis pero no la curan. Según National Digestive Diseases Information Clearinghouse, en un 70% de las personas que se tratan con inmunosupresores se consigue la remisión de la enfermedad a los 3 años de iniciarse el tratamiento, que se traduce en desaparición o disminución muy importante de los síntomas. Si se interrumpe el tratamiento, la enfermedad se manifiesta nuevamente. Estos tratamientos presentan efectos colaterales derivados de su uso. Es posible que si la forma de la enfermedad es leve, se opte por no administrarlos.

Bibliografía

NOTA: Este artículo está basado en las fuentes bibliográficas que se citan a continuación, así como en la propia experiencia del Comité de expertos y revisores de Lab Tests Online. Además, este apartado es revisado periódicamente por el Consejo Editorial, con el fin de mantenerlo actualizado.

Los enlaces dirigidos a páginas web pueden no estar disponibles por causas ajenas a nuestra voluntad, por lo que pedimos disculpas y agradeceremos que nos informe de estas anomalías para poder subsanarlas.

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