También conocido como
EII, enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa
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Este artículo fue modificado por última vez el 09.02.2022.

¿En qué consiste?

La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) incluye un conjunto de trastornos crónicos que se caracterizan por presentar hinchazón (edema) y lesiones en el tejido de la mucosa del aparato digestivo, la gravedad varía según la persona afectada y el momento de la enfermedad. Los periodos de enfermedad activa se pueden alternar con periodos de remisión. Durante una crisis, la persona sufre diversos brotes de diarrea acuosa y/o sanguinolenta, dolor abdominal, pérdida de peso y fiebre. Los síntomas normalmente disminuyen entre las crisis. Muchas personas pueden estar un largo período de tiempo en remisión antes de que se produzca otra crisis.

La causa de la EII no se conoce, pero parece que hay una compleja interacción entre diferentes factores, incluyendo una predisposición genética y la presencia de microbios en el aparato digestivo que desencadenan una respuesta inmune anormal.

Las EII más frecuentes son la enfermedad de Crohn (EC) y la colitis ulcerosa (CU). La EII afecta a ambos sexos por igual, aunque la CU es ligeramente más frecuente en hombres y la EC es más común en las mujeres. Ambas son más habituales en los individuos caucásicos que viven en ciudades industrializadas, aunque la EII está aumentando en los individuos no caucásicos en Norteamérica. 

Ambas enfermedades se pueden dar a cualquier edad, aunque la mayoría de los casos se diagnostican entre los 15 y 35 años de edad, y un pequeño grupo entre los 50 y 70 años. Además de los síntomas gastrointestinales, los niños que padecen la EC o la CU pueden sufrir alteraciones en el desarrollo o retraso en el crecimiento. Las personas diagnosticadas en su juventud de una de las dos enfermedades, también tienen un mayor riesgo de desarrollar cáncer de colon en su vida.

Según un estudio realizado en España con participación del CIBEREHD (Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Hepáticas y Digestivas) se observa una incidencia real de la EII en España de 16 casos cada 100.000 habitante por año, aproximadamente 7,5 para EC y 8 para la CU.

Acerca de la enfermedad inflamatoria intestinal

Enfermedad de Crohn (EC)

La enfermedad de Crohn puede afectar a cualquier parte del tracto gastrointestinal, desde la boca hasta el ano, pero se encuentra con más frecuencia en la parte final del intestino delgado (íleo) y/o en el colon (intestino grueso). En la EC, el intestino grueso se afecta de forma parcheada con zonas sanas intercaladas. La inflamación puede penetrar profundamente en los tejidos del intestino y del colon formando úlceras y fístulas; las fístulas son túneles a través del intestino que permiten que las sustancias de desecho vayan hacia otras áreas. Otras complicaciones de la EC incluyen las obstrucciones intestinales, anemia por sangrado de los tejidos, desgarros en la piel del ano e infecciones. Según la Crohn's & Colitis Foundation of America, entre dos tercios y tres cuartas partes de las personas con enfermedad de Crohn requerirán cirugía, tanto para eliminar las zonas dañadas del intestino o del colon, como para solucionar una obstrucción o una fístula.

Colitis ulcerosa (CU)

La colitis ulcerosa en un principio solo afecta a la mucosa del colon. Aunque los síntomas pueden ser similares a los de la EC, la inflamación tisular en la CU es continua, no parcheada y normalmente empieza en el ano y se extiende hacia el colon. La CU se presenta con más frecuencia con diarrea sanguinolenta. La complicación más grave de la CU es el megacolon tóxico, que es una complicación aguda, rara y grave en la que una sección del colon se paraliza. Las heces no se mueven, por lo que se acumulan y dilatan el colon. Esto causa dolor abdominal, fiebre y debilidad y puede ser mortal si no se trata. Las personas con megacolon tóxico pueden necesitar cirugía para eliminar esta parte del intestino.

Signos y síntomas

Los signos y síntomas de las dos formas más frecuentes de la EII, la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, son similares y se superponen, haciendo que a veces sea difícil distinguirlas. Los síntomas habitualmente se desarrollan gradualmente en el tiempo, pero a veces pueden aparecer súbitamente y sin avisar. Puede haber momentos en los que la enfermedad esté activa (brotes), cuando los síntomas son más notorios y períodos de remisión, cuando los signos y síntomas desaparecen, a veces durante meses o años.

Aunque los signos y síntomas varían en gravedad y difieren entre las diferentes personas, los más comunes incluyen:

  • Calambres abdominales y dolor.
  • Diarrea persistente.
  • Hemorragias rectales (sangre en las heces).
  • Pérdida de apetito y pérdida de peso inexplicable.

Los signos y síntomas menos comunes incluyen:

  • Fiebre.
  • Fatiga.
  • Anemia.
  • Dolor en las articulaciones.
  • Erupciones en la piel.
  • En niños y jóvenes se observa un retraso en el crecimiento.

Pruebas relacionadas

Antes de realizar las pruebas diagnósticas, el médico debe recoger la información de la historia clínica del paciente y de la historia familiar y valorar los signos y los síntomas, incluyendo la frecuencia y duración de la diarrea. El médico considerará las opciones diagnósticas menos frecuentes y que podrían estar asociadas con otras enfermedades que causan diarrea y otros síntomas. Se le pueden hacer al paciente una serie de preguntas para ayudarle a tomar decisiones informadas sobre qué pruebas serán útiles para establecer un diagnóstico.

Pruebas de laboratorio

No existe una prueba simple de laboratorio que pueda diagnosticar definitivamente la EII. Sin embargo, las pruebas de laboratorio son una herramienta importante para evaluar a las personas que pueden tener una EII. Si una persona tiene una diarrea persistente y dolor abdominal, se deben hacer una serie de pruebas para evaluar su enfermedad. Estas pruebas se realizan conjuntamente con las pruebas de imagen, como radiografías y tomografía computarizada (TC).

Como ejemplos de las pruebas más comunes usadas inicialmente se incluyen:

  • Hemograma: para diagnosticar una anemia; la EII y otras enfermedades que causan sangrado pueden producirla.
  • Perfil metabólico: para ayudar a evaluar el estado general de salud de la persona.
  • Sangre oculta en heces o test inmunoquímico: para buscar si hay sangre en las heces.
  • Proteína C reactiva (PCR): para buscar la presencia de inflamación; la prueba se puede usar posteriormente para distinguir la EII del síndrome de intestino irritable y puede usarse después del diagnóstico para monitorizar el curso de la enfermedad.
  • Velocidad de sedimentación globular (VSG): para detectar la inflamación, si no se dispone de la PCR.

Al mismo tiempo o durante el seguimiento, el médico puede solicitar varias pruebas para descartar otras causas de diarrea, dolor abdominal y colitis. Otras causas posibles incluyen infecciones por virus o bacterias, parásitos, cáncer de colon y otras enfermedades crónicas como la enfermedad celíaca. Algunos ejemplos de las pruebas que se pueden solicitar para descartar otras enfermedades incluyen:

  • Cultivo de heces: para buscar infecciones del tracto digestivo.
  • Parásitos en heces: para descartar este tipo de infección.
  • Citomegalovirus (CMV): para descartar la infección por el CMV.
  • Clostridioides difficile: para detectar la toxina producida por una infección bacteriana de este germen, que puede colonizar el tracto digestivo y que puede deberse al tratamiento antibiótico.
  • Pruebas de la enfermedad celíaca: como el anticuerpo anti-transglutaminasa tisular (anti-tTG).

Si se sospecha que una persona es incapaz de digerir o absorber los nutrientes apropiadamente (malabsorción), se le deben realizar las pruebas adecuadas para detectar las deficiencias nutricionales. Ejemplos de estas pruebas incluyen:

Cuando las infecciones y otras causas, como la enfermedad celíaca, se han descartado, se pueden solicitar otras pruebas para ayudar a determinar con precisión la causa.

  • Leucocitos en las heces: la presencia de los leucocitos en las heces es una indicación de que hay inflamación en el tracto digestivo; solamente en algunas enfermedades se detectan leucocitos en las heces, por lo que esta prueba puede ayudar a eliminar algunas opciones.
  • Calprotectina y lactoferrina: son dos pruebas que se realizan en las heces y que detectan las sustancias liberadas por los leucocitos. Estas sustancias se asocian con la inflamación y la actividad de la enfermedad, gravedad y recaídas. Pueden utilizarse para distinguir entre la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) y las no inflamatorias y monitorizar la EII. Estas pruebas tienen más sensibilidad que la detección de leucocitos en las heces.

Si las pruebas iniciales descartan otras causas y se sospecha que la persona tiene una EII, entonces el médico puede solicitar pruebas de anticuerpos que habitualmente están presentes en los pacientes con EII. Se pueden solicitar uno o más de estos anticuerpos para distinguir los dos tipos más frecuentes de EII que son la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. Hay un solapamiento de la presencia de estos anticuerpos en ambas enfermedades y no son lo suficientemente sensibles o específicos para diagnosticar ambas enfermedades, aunque pueden dar importante información para el médico.

Ejemplos de las pruebas de anticuerpos que se pueden solicitar son:

  • pANCA (anticuerpos anticitoplasma de los neutrófilos): se encuentran del 60% al 80% de las personas con CU, pero sólo en un 5% al 15% de aquellos con la EC.
  • ASCA (anticuerpos anti-Saccharomyces cerevisiae) de tipo IgG e IgA: estos anticuerpos son más frecuentes en la EC. Los ASCA IgG se encuentran del 60% al 70% de las personas con EC y en un 10% al 15% de los que tienen CU. Los ASCA IgA se encuentran en un 35 % de las CU y en menos del 1% de las personas con CU.
  • Anti-CBir1 (anticuerpos frente a especies de Clostridioides): asociados a un 55% de los casos de EC y a un 10% de los casos de CU.
  • Anti-Omp C (anticuerpos frente a Escherichia coli): se asocian a EC rápidamente progresivas y aparecen en el 5% de las personas con EC y en un 5% a un 10% de los casos con CU.
  • Anti-I-2 (anticuerpos frente a Pseudomona fluorescens): es positivo en el 55% de los casos de EC y en el 10% de los casos de CU.

El diagnóstico inicial de una EII se basa en pruebas que no son propias del laboratorio; en concreto la biopsia se considera como el “gold standard” para realizar el diagnóstico de la enfermedad y para distinguir una CU de una EC. Se obtiene una muestra de tejido durante la endoscopia o la colonoscopia. El patólogo evalúa el tejido para detectar la inflamación y los cambios anormales en las estructuras celulares que son típicas de cada tipo de EII. Para obtener más información consultar el artículo sobre anatomía patológica.

Pruebas diagnósticas (ajenas al laboratorio)

Las pruebas de imagen se usan a la vez que las pruebas de laboratorio, para diagnosticar y monitorizar la EC y la CU. Las pruebas menos invasivas, como la radiología simple, se usan al comienzo del proceso diagnóstico, mientras que las más invasivas como la colonoscopia se realizan solo si son necesarias y cuando el diagnóstico es difícil. Las pruebas de imagen pueden usarse para buscar los cambios característicos en la estructura y los tejidos del tracto intestinal y detectar obstrucciones. En una crisis aguda de una EII se debe tener cuidado durante las exploraciones, ya que existe un alto riesgo de perforación.

  • Radiografía abdominal: esta puede ser una de las pruebas iniciales de imagen, que se realizan para ver el tracto digestivo.
  • Tomografía computarizada (TC):  también se puede realizar para ver el tracto digestivo, además proporciona más detalles que la radiografía simple. 
  • Radiografía con bario: el contraste con bario permite evaluar el intestino. Se usa habitualmente en la EII grave para descartar las graves complicaciones, como una perforación del colon.
  • Sigmoidoscopia: se examina la parte final del colon con un dispositivo en forma de tubo fino.
  • Colonoscopia: se examina todo el colon con un dispositivo en forma de tubo fino (colonoscopio), que incluye una luz y una cámara y permite tomar biopsias.

Tratamiento

El tratamiento de la enfermedad inflamatoria intestinal se dirige a reducir la inflamación, mejorar los síntomas como el dolor y la diarrea, controlar y curar las lesiones si es posible, además de identificar y tratar las complicaciones y suplementar cualquier déficit nutricional. Como las EII cursan con crisis agudas seguidas de periodos de remisión, las necesidades terapéuticas varían entre las diferentes personas y según el momento de la evolución de la enfermedad.

Las personas con CU o EC necesitan ser monitorizadas regularmente y deberían ser educadas correctamente en todo lo referente a su enfermedad. Los cambios en el estilo de vida, como cambios dietéticos, reposo y disminución del estrés pueden ayudar a mejorar la calidad de vida de los individuos y alargar los periodos de remisión, pero no pueden prevenir la aparición de las crisis.

Los síntomas agudos se tratan con diferentes medicamentos. Estos son efectivos, pero solo se pueden dar durante cortos periodos de tiempo porque tienen efectos secundarios. Las terapias más habituales incluyen los corticosteroides, antiinflamatorios, inmunosupresores y antibióticos, terapias biológicas con fármacos derivados de organismos vivos o de los productos que ellos producen, como por ejemplo los medicamentos que bloquean el factor de necrosis tumoral (TNF), probióticos (son las bacterias “buenas” que mejoran el equilibrio del sistema digestivo).

Se pueden necesitar una o más intervenciones quirúrgicas para eliminar el tejido dañado y tratar fístulas u obstrucciones. Si una persona ha tenido una CU durante algún tiempo y se observan anomalías en la biopsia, se puede realizar una colectomía total (eliminar todo el colon) para prevenir el desarrollo de un cáncer de colon.

Bibliografía

Este artículo está basado en las fuentes bibliográficas que se citan a continuación, así como en la propia experiencia del Comité de expertos y revisores de Lab Tests Online. Además, este apartado es revisado periódicamente por el Consejo Editorial, con el fin de mantenerlo actualizado.

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