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Este artículo fue modificado por última vez el 24.04.2018.
¿En qué consiste?

El hueso es un tejido en remodelación continua. Cuando se rompe el equilibrio entre formación y destrucción ósea, debido por ejemplo a cambios en la dieta u hormonales, se pierden los minerales que mantienen la dureza y densidad características del hueso. Cuando disminuye la densidad ósea, se habla de osteopenia. Cuando la pérdida es mayor y el hueso se debilita y tiene más riesgo de fractura, se está ante una osteoporosis (hueso poroso).

En la osteoporosis aumenta el riesgo de fractura, especialmente en las caderas, la columna vertebral y las muñecas. A pesar de que puede afectar a todo el mundo, el riesgo de desarrollar una osteoporosis aumenta con la edad y afecta más a mujeres que a hombres; también es más frecuente en las razas caucásicas y asiáticas. Según la National Osteoporosis Foundation (NOF), el 80% de personas que sufre osteoporosis son mujeres.

Mucha gente con riesgo de osteoporosis lo desconoce y no lo descubre hasta sufrir la fractura; por eso se suele llamar la "enfermedad silenciosa". Esta fractura, sobretodo en caderas, vértebras o muñecas, se puede producir por un traumatismo mínimo y provocar dolor o incapacidad crónica. Si el estado de salud ya está afectado, la fractura puede ser un factor añadido a la causa de muerte en estas personas.

Los huesos están formados por una red de colágeno tipo I (proteína) sobre el que se deposita fosfato cálcico. La proteína forma una red esponjosa que se mineraliza por la adición de calcio, permitiendo que los huesos sean a la vez fuertes pero flexibles. El hueso es un tejido que está en constante remodelación. Durante la reabsorción (resorción), unas células conocidas como osteoclastos disuelven el hueso, y unos enzimas rompen la red de colágeno. Este proceso se sigue de formación de nuevo hueso por unas células conocidas como osteoblastos, que secretan osteocalcina y precursores del colágeno para formar una nueva red de proteína que se mineralizará de nuevo. Este proceso es continuo y se llama remodelado óseo, tiene lugar en todo el organismo, con lo que se reemplaza un 8-10% de tejido óseo cada año.

Durante la infancia la formación es mayor a la reabsorción, de manera que se alcanza el máximo de masa ósea alrededor de los 30 años de edad. Después, la formación disminuye y la resorción aumenta, de manera que empieza a disminuir la masa ósea. Una inadecuada ingesta de calcio y vitamina D durante la infancia, el uso de fármacos que contengan esteroides (no propiamente los empleados en el tratamiento del asma o de alergias), la anorexia, el sedentarismo, el tabaco y el exceso de alcohol son factores que aumentan el riesgo de osteoporosis a lo largo de la vida. Algunas enfermedades, como la enfermedad tiroidea, la enfermedad de Cushing, la artritis reumatoide, la enfermedad renal, el hiperparatiroidismo y el déficit de vitamina D pueden tener efecto sobre la salud del hueso. Aquellas personas con antecedentes familiares de osteoporosis también pueden tener mayor riesgo.

Las mujeres, durante la menopausia, pierden masa ósea debido a la disminución de los estrógenos. La menopausia precoz aumenta la pérdida de hueso. Según algunos organismos, una mujer puede perder hasta un 20% de su masa ósea en los primeros 5 a 7 años tras la menopausia. Los hombres con niveles bajos de testosterona también tienen mayor riesgo de enfermedad.

Existen dos tipos de osteoporosis:

Osteoporosis primaria o relacionada con la edad. Se refiere a una osteoporosis desarrollada sin ninguna causa aparente. Es mucho más frecuente en mujeres, aunque también puede observarse en varones, especialmente en ancianos. En algunas mujeres, la pérdida de masa ósea se produce de manera muy rápida durante la menopausia y las fracturas pueden entonces aparecer a edades relativamente tempranas. No obstante, en la mayoría de mujeres la osteoporosis no ocasiona fracturas hasta que no alcanzan los 60 o 70 años de edad. Se puede enlentecer la progresión de este tipo de osteoporosis cambiando el estilo de vida o con suplementos de vitamina D, de calcio o con fármacos que reduzcan la pérdida de masa ósea.

Osteoporosis secundaria. Hace referencia a la pérdida de hueso debida a otra causa. Afecta tanto a hombres como a mujeres y se puede deber a diversos trastornos como la artritis reumatoide, el hiperparatiroidismo, la enfermedad de Cushing, la enfermedad renal crónica, el mieloma múltiple o fármacos como los antiepilépticos, los glucocorticoides o el litio. El tratamiento de la enfermedad de base o de la causa subyacente puede enlentecer la pérdida de densidad ósea en la osteoporosis secundaria.

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Acerca de Osteoporosis
  • Pruebas relacionadas

    El objetivo de las pruebas es saber si la persona tiene osteoporosis, tiene una baja densidad ósea y por ello más riesgo de desarrollar la enfermedad, está menopáusica y/o presenta déficits hormonales, o bien si tiene alguna enfermedad que pueda causar o empeorar la pérdida de masa ósea. Las pruebas también se pueden utilizar como cribado en personas que han tenido una fractura inexplicable y también para monitorizar la respuesta al tratamiento para verificar su eficacia. Las principales pruebas para el diagnóstico de la osteoporosis son pruebas de imagen para la determinación de la densidad mineral ósea.

    Diversos organismos como el American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG), la National Osteoporosis Foundation (NOF) y la U.S. Preventive Services Task Force (USPSTF) han publicado directrices acerca del cribado de la osteoporosis; en ellas recomiendan el cribado a todas las mujeres a partir de los 65 años de edad, y en algunos casos, en mujeres más jóvenes en función de sus factores de risgo. La NOF también recomienda el cribado en varones a partir de los 70 años, o entre los 50 y los 69 años en caso de que tengan factores de riesgo.

    Pruebas de laboratorio

    Las pruebas que pueden solicitarse en sangre incluyen:

    • Calcio sanguíneo - es normal en la osteoporosis pero se puede elevar en otras enfermedades
    • Vitamina D - su déficit puede conducir a una disminución en la absorción de calcio
    • Pruebas de función tiroidea - TSH y T4 en busca de enfermedades tiroideas
    • PTH o hormona paratiroidea - para evaluar un posible hiperparatiroidismo
    • FSH - para evaluar la menopausia
    • Testosterona - para el estudio de su déficit en hombres
    • Electroforesis de proteínas - para detectar ciertos tipos de proteínas anómalas que aparecen en cánceres (como el mieloma múltiple) que pueden provocar fracturas.
    • Fosfatasa alcalina - está elevada en diferentes enfermedades óseas

    Los marcadores óseos en sangre u orina se piden para evaluar el equilibrio entre la reabsorción y la formación ósea. No se usan con finalidades diagnósticas.

    Marcadores de reabsorción ósea

    Los marcadores de resorción ósea informan acerca de la rapidez con la que se pierde masa ósea. Pueden solicitarse antes y después del tratamiento para verificar si la tasa de resorción ósea ha disminuido. Incluyen:

    • Telopéptido C (telopéptido carboxiterminal del colágeno tipo I (CTx))
    • Telopéptido N (telopéptido aminoterminal del colágeno tipo I (NTx))
    • Deoxipiridinolina (DPD)
    • Entrecruzamientos de piridinio
    • Hidroxiprolina en orina
    • Fosfatasa ácida tartrato-resistente 5b
    • Sialoproteína ósea (BSP)

    Marcadores de formación ósea

    Informan acerca de la rapidez con la que se forma hueso. También pueden solicitarse antes y después del tratamiento y periódicamente para comprobar si la formación de hueso aumenta. Incluyen:

    • Fosfatasa alcalina específica del hueso
    • Osteocalcina (proteína ósea gla)
    • P1NP (propéptido aminoterminal del procolágeno de tipo 1)

    Si desea más información, consulte Marcadores Óseos.

    Otras pruebas diagnósticas (ajenas al laboratorio)

    La medición de la densidad mineral ósea permite identificar aquellos pacientes con osteoporosis y aquellos con disminución de la masa ósea. Una de las pruebas más usadas es la densitometría ósea, que usa rayos X de baja energía para valorar la densidad ósea en las caderas y/o en la columna vertebral (Dexa-Scan o DXA). Los resultados se dan comparándolos con lo que se considera normal en adultos jóvenes. Si el resultado está por debajo de una desviación estándar de lo esperado en adultos jóvenes, se considera normal; la osteopenia se define como un valor entre -1 y -2.5 desviaciones estándar y la osteoporosis cuando se sobrepasa las -2.5 desviaciones estándar.

    Actualmente se dispone de algoritmos de cálculo desarrollados por la OMS que permiten determinar el riesgo de sufrir una fractura de cadera, muñeca, hombro o columna vertebral en mayores de 40 años de edad. En estas fórmulas de cálculo se consideran tanto la densidad mineral ósea como posibles factores de riesgo. El algoritmo estima la probabilidad de fractura en los próximos 10 años.

    Existen densitómetros portátiles que miden la densidad mineral ósea en talones y dedos. Se suelen encontrar en farmacias o en consultas médicas y, aunque no suelen ser tan precisos, pueden servir como cribado inicial; cuando el resultado es positivo, se puede confirmar con una prueba más específica (Dexa-Scan o DXA).

    Otras pruebas de imagen que pueden emplearse para medir la densidad mineral ósea y detectar osteoporosis son la tomografía axial computarizada (TAC), la radiología y la ecografía. También puede realizarse un estudio de la composición corporal, que determina los porcentajes del peso de la persona atribuibles a músculo, grasa, hueso y agua. Si estos estudios se realizan cada año, pueden permitir detectar pérdidas de masa ósea.

    Otra prueba que se puede usar para valorar el estado de los huesos es un barrido óseo, que consiste en una prueba de medicina nuclear que permite descartar otras patologías de los huesos. Es diferente a la densitometría ya que no mide la densidad mineral ósea. Se inyecta por vía endovenosa un trazador radioactivo que circula por el organismo y que se absorbe por los huesos. Se estudia el nivel de radioactividad de los huesos en busca de enfermedades como el cáncer metastásico, infecciones, causas desconocidas de dolor óseo o la enfermedad de Paget. Esta prueba detecta problemas óseos de forma más precoz que la radiología y se suele pedir a personas que tienen fracturas óseas muy frecuentes.

  • Tratamiento

    El mejor tratamiento es la prevención. Por ejemplo, hacer ejercicio (caminar o hacer ejercicios de resistencia), comer alimentos ricos en calcio y vitamina D (y suplementos si es necesario), evitar el tabaco y disminuir el consumo de alcohol contribuyen a disminuir el riesgo de osteoporosis. Cuanto antes se implanten estas medidas, más útiles serán, ya que aumentar la masa ósea cuando se es joven minimiza las pérdidas de masa ósea de mayor y ayuda a prevenir la osteoporosis.

    Aquéllos con riesgo aumentado de osteoporosis, con una masa ósea disminuida o aquéllos diagnosticados de osteoporosis (incluso los que ya han tenido fracturas), pueden optar por diferentes tratamientos, incluyendo los que actúan inhibiendo la reabsorción y aumentando la formación (anabólicos). Mantienen la masa ósea y reducen el número de fracturas.

    Es importante acordar con el médico los cambios en el estilo de vida y los tratamientos necesarios para conservar la masa ósea y disminuir el riesgo de fracturas. Debe indicarse al médico si se está tomando fármacos que reducen la masa ósea, como glucocorticoides y algunos anticonvulsivos; quizás existe la posibilidad de cambiarlos o retirarlos.

Bibliografía

NOTA: Este artículo está basado en las fuentes bibliográficas que se citan a continuación, así como en la propia experiencia del Comité de expertos y revisores de Lab Tests Online. Además, este apartado es revisado periódicamente por el Consejo Editorial, con el fin de mantenerlo actualizado.


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