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Los riñones

Los riñones forman parte del sistema urinario. El tracto urinario está formado por dos riñones, dos uréteres (responsables de llevar la orina desde cada uno de los riñones hacia la vejiga), y la uretra (conducto de salida para la eliminación de la orina del organismo. Existe toda una musculatura que controla la eliminación de la orina desde la vejiga.

 

Los riñones

Los riñones son dos órganos en forma de haba localizados en la parte superior y posterior del abdomen, por debajo de la caja torácica. Contienen multitud (alrededor de un millón) de unidades diminutas encargadas de filtrar la sangre conocidas como nefronas. En cada una de las nefronas, la sangre se está filtrando contínuamente a nivel de unas formaciones microscópicas denominadas glomérulos. Los glomérulos permiten el paso de agua y de moléculas pequeñas pero retienen otras moléculas de mayor tamaño así como las células sanguíneas. Desde el glomérulo, el fluido y las moléculas así filtrados circulan hacia un túbulo que tiene la capacidad de reabsorber lo que el organismo puede reutilizar. Todo el resto se excreta en forma de orina.

Los riñones controlan la cantidad y calidad de los fluidos del organismo. También producen y liberan eritropoyetina (EPO) que estimula a la médula ósea para que produzca células de la serie roja de la sangre o hematíes, renina que contribuye a regular la presión arterial y calcitriol o forma activa de vitamina D, necesaria para que el calcio se mantenga fijado a dientes y huesos. Entre las sustancias cuya concentración en sangre regula el riñón se encuentran el sodio, potasio, cloruro, bicarbonato (HCO3-), calcio, fósforo y magnesio. El balance de todas estas sustancias es crítico. Si los riñones no funcionan adecuadamente, la sangre no se filtra correctamente y se acumulan sustancias hasta niveles que pueden ser incompatibles con la vida.

Una persona puede sobrevivir con un solo riñón sano aunque el otro esté dañado o haya sido extirpado. Sin embargo, cuando la función renal disminuye por debajo del 25% (en las personas sanas suele ser del 100%), empiezan a aparecer problemas graves y en caso de que la función disminuya por debajo del 10-15%, debe empezarse a considerar la diálisis renal o un transplante renal; alcanzado este punto se habla de enfermedad renal terminal.

En una insuficiencia renal aguda se produce una disminución súbita de la función renal, en horas o días. Se habla de insuficiencia renal crónica cuando la pérdida de función renal aparece a lo largo del tiempo y se mantiene durante más de 3 meses.

¿En qué consiste?

La enfermedad renal se desarrolla cuando los riñones no pueden funcionar adecuadamente. Son muchos los trastornos y enfermedades que pueden conducir a un daño renal, y por lo tanto afectar a la capacidad de los riñones de filtrar la sangre y de eliminar los productos de desecho del organismo.

En España, la enfermedad renal es una causa de muerte importante aunque por detrás de las más prevalentes. La diabetes o la hipertensión son las principales causas de insuficiencia renal crónica. Las personas con diabetes mellitus o hipertensión tienen mayor riesgo de desarrollar enfermedad renal. Cualquier enfermedad que afecte a los vasos sanguíneos como la diabetes, la hipertensión y la aterosclerosis puede dificultar la función renal de filtrar la sangre y regular el equilibrio hidroelectrolítico.

Generalmente, la enfermedad renal se puede presentar o desarrollar de distintas maneras.

  • Insuficiencia renal aguda (IRA) - pérdida rápida de la función renal. Puede reconocerse porque el individuo orina mucho menos de lo habitual y/o porque aumentan en sangre los niveles de sustancias de desecho normalmente filtradas por el riñón. La IRA suele ser consecuencia de traumatismos, enfermedades o fármacos. Es más frecuente en personas hospitalizadas, con enfermedades graves o en unidades de cuidados intensivos. Si el daño causado por la IRA persiste, se puede evolucionar hacia una insuficiencia renal crónica.
  • Enfermedad renal crónica (IRC) - pérdida progresiva y a lo largo del tiempo de la función renal, que se mantiene más de 3 meses. Las causas más comunes son la diabetes y la hipertensión arterial. En algunos casos se puede prevenir o si se detecta precozmente, se puede tratar para prevenir o enlentecer su progresión hacia insuficiencia renal.
  • Síndrome nefrótico - se caracteriza por la pérdida de proteínas por la orina. Aparece a consecuencia de una lesión glomerular, pudiendo ser primaria o secundaria a otra enfermedad. Además, en el síndrome nefrótico, la concentración de albúmina en sangre disminuye, aumentan los niveles de lípidos, y aparece hinchazón (edema) en piernas, pies y tobillos. La evolución del síndrome nefrótico puede ser variable.
  • Fallo renal terminal o enfermedad renal terminal - pérdida prácticamente total de la función renal y de manera permanente. La única opción terapéutica para mantener la vida de la persona afectada consiste en hemodiálisis o transplante renal.

Los patrones de afectación renal dependen de la causa. Pueden afectarse  los glomérulos, los túbulos o la totalidad de la nefrona (unidad funcional del riñón). A veces se afecta todo el riñón.

Las causas más comunes y los principales factores de riesgo para desarrollar enfermedad renal son:

  • Diabetes - si no se controlan adecuadamente los niveles de glucosa y se mantienen elevados, con el tiempo se afectan las nefronas. Por este motivo es importante regular la concentración de glucosa en sangre.
  • Hipertensión arterial - puede lesionar los vasos sanguíneos de los riñones, impidiendo que se realice correctamente la función de filtrado. La hipertensión puede conducir a una IRC, e inversamente, una IRC puede producir un aumento de la presión arterial.
  • Antecedentes familiares de enfermedad renal - por ejemplo, la poliquistosis renal es una enfermedad en la que se forman quistes en los riñones; en consecuencia la función renal disminuye y puede ocasionar a la larga una insuficiencia renal.

Otros ejemplos de afectación renal incluyen:

  • Glomerulonefritis (también conocida como nefritis crónica, síndrome nefrítico) - conjunto de enfermedades en las que se afectan los glomérulos. Constituyen la tercera causa de enfermedad renal. A medida que disminuye la capacidad de filtración, el volumen de orina emitido es menor y se acumulan sustancias de desecho en sangre y líquidos. A veces puede aparecer sangre en la orina y/o edema de ciertos tejidos. El pronóstico de estas enfermedades puede variar, desde resolverse en pocas semanas hasta producir un fallo renal crónico o un fallo renal terminal.
  • Obstrucción - el tracto urinario puede obstruirse por ejemplo por una piedra o un tumor.. La orina acumulada favorece la infección y el daño renal.
  • Enfermedades autoinmunes - a veces enfermedes como el lupus eritematoso sistémico o el síndrome de Goodpasture pueden provocar enfermedad glomerular y por lo tanto renal. En las enfermedades autoinmunes el organismo ataca sus propios tejidos y órganos.
  • Infecciones  - por ciertos virus y bacterias que pueden ocasionar infecciones del tracto urinario; estas infecciones pueden alcanzar al riñón.
  • Respuesta inmune - infecciones en otras partes del organismo pueden desencadenar una respuesta inmune que afecte adversamente a los riñones, como las infecciones por estreptococos (garganta, piel), el impétigo en la piel, las infecciones bacterianas en el corazón (endocarditis) o infecciones víricas como por el VIH, hepatitis B o hepatitis C.
  • Trastornos congénitos - desde el nacimiento; algunos impiden la formación y eliminación adecuada de orina.
  • Traumatismos - pueden ocasionar una insuficiencia renal aguda que posteriormente evolucione a enfermedad renal crónica.
  • Tóxicos - algunos contrastes iodados empleados para pruebas de diagnóstico por la imagen pueden tener efectos adversos sobre el riñón.
  • Fármacos - algunas medicaciones pueden ser tóxicas para el riñón. El uso y/o abuso de fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) como el ibuprofeno y ciertos analgésicos (fármacos contra el dolor) pueden asociarse a distintas formas de enfermedad renal. Algunos antibióticos, si alcanzan concentraciones elevadas en sangre, son directamente tóxicos sobre los riñones. Otros fármacos desencadenan una respuesta inmune que puede afectar tanto al riñón como a otros órganos.
  • Causas prerenales - cualquier situación en la que exista una pérdida importante de sangre o una disminución del flujo de sangre a los riñones impide que los riñones funcionen adecuadamente, como por ejemplo si se ha formado algún coágulo, en quemados, deshidratación grave o en un shock séptico.
  • Nefritis intersticial - trastorno renal en el que se inflama y lesiona el espacio que queda delimitado entre los túbulos renales. Puede ser debida a efectos adversos de ciertos medicamentos, trastornos autoinmunes, por disminución de la concentración de potasio en sangre, o aumento de la del calcio o del ácido úrico. Se asocia a disminución de la formación y eliminación de orina, presencia de sangre en orina y edema. Suele ser una situación controlable a corto plazo.
  • Necrosis tubular aguda (NTA) - trastorno renal en el que se lesionan los túbulos renales. Constituye una de las causas más frecuentes de insuficiencia renal en personas hopitalizadas. Aparece por la falta de oxígeno en el tejido renal o por daño renal debido a tóxicos como contrastes iodados o ciertos fármacos. La mayor parte de las veces la NTA es reversible.
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Acerca de Enfermedad renal
  • Signos y síntomas

    La enfermedad renal crónica (ERC) a menudo permanece silente durante muchos años o con signos poco evidentes y demasiado inespecíficos para sospechar una disfunción renal. Por ello, son necesarios análisis de sangre y orina periódicos para la detección precoz, ya sea encontrando sangre o proteínas en la orina y/o concentraciones de creatinina y urea en la sangre superiores a lo normal. Los siguientes son signos de alarma de enfermedad renal y deben tenerse en cuenta:

    • Hinchazón (edema), principalmente alrededor de los ojos, muñecas, abdomen, muslos o tobillos
    • Orina espumosa, sanguinolenta o de un color oscuro parecido al del café
    • Disminución de la cantidad de orina
    • Problemas al orinar como sensación de quemazón, presencia de secreciones al orinar o alteración de la frecuencia de la emisión de orina , principalmente por la noche
    • Dolor en los costados, debajo de las costillas o en los riñones
    • Hipertensión

    Si la enfermedad progresa puede aparecer:

    • Cambios en el ritmo miccional (ritmo de emisión de orina)
    • Picor
    • Cansancio, pérdida de concentración
    • Pérdida del apetito, náuseas y/o vómitos
    • Hinchazón y/o entumecimiento de manos y pies
    • Coloración parduzca de la piel
    • Calambres musculares

    La insuficiencia renal aguda conlleva una pérdida súbita de la función renal y puede comprometer la vida del individuo. Entre los signos y síntomas se incluyen:

    • Disminución de la cantidad de orina emitida, y micciones poco frecuentes
    • Retención de líquidos, ocasionando hinchazón en piernas, tobillos o pies
    • Modorra, cansancio
    • Dificultad para respirar
    • Náuseas
    • Confusión
    • Convulsiones, coma
    • Dolor torácico
  • Pruebas relacionadas

    Las pruebas en sangre y orina que se comentan a continuación pueden indicar que existe un problema renal, o bien se solicitan de manera dirigida en caso de sospecha de enfermedad renal crónica (ERC). Estas pruebas que se solicitan habitualmente reflejan el grado de función de los riñones  y su capacidad para liberarse del exceso de fluidos del organismo así como de productos de desecho.

    También debería de tomarse la presión arterial ya que la hipertensión puede conducir a ERC. Si se sospecha alguna alteración estructural se recurre a diferentes pruebas de imagen. También se puede hacer una biopsia para detectar problemas más específicos.

    Pruebas usadas para el cribado y el diagnóstico

    La National Kidney Fundation (NKF) y el National Kidney Disease Education Program (NKDEP) recomiendan realizar un cribado de la enfermedad renal en personas con elevado riesgo de desarrollarla, para así detectarla precozmente. Entre los factores de riesgo se incluyen: diabetes, hipertensión, enfermedad cardíaca o antecedentes familiares de enfermedad renal. La NKF recomienda que se realice un cribado con carácter mínimo anual a toda persona diabética de entre 12 y 70 años de edad. En cuanto a personas sin riesgo ni signos o síntomas de enfermedad renal, no existe consenso para el cribado. En el cribado de la enfermedad renal, la NKF y el NKDEP recomiendan dos pruebas, además de la medida de la tensión arterial:

    • Proteínas en orina - pueden emplearse distintas pruebas para evaluar la presencia de proteínas en orina
      • Albúmina en orina - puede medirse en una orina de 24 horas, o si se recoge una muestra de orina aleatoria puede solicitarse juntamente con la creatinina en orina y expresarse como cociente albúmina/creatinina. En adultos, la Sociedad Española de Bioquímica Clínica y Patología Molecular, la Sociedad Española de Nefrología y la American Diabetes Association recomiendan el cociente albúmina/creatinina como prueba de elección. 
      • Urianálisis - es una prueba de rutina que permite detectar proteínas en orina, así como presencia de hematíes y de leucocitos. En caso de que el resultado de alguno de ellos sea positivo, puede sospecharse enfermedad renal.
      • Proteínas en orina o cociente proteína/creatinina en orina - detecta otras proteínas además de la albúmina.

    A pesar de que para detectar daño renal el urianálisis y la medida de proteínas totales en orina no son tan sensibles ni específicas como la medida de albúmina en orina, son pruebas que suelen solicitarse en la evaluación de lesión renal.

    • Tasa estimada de filtrado glomerular (eGFR)- se mide creatinina o incluso cistatina C en sangre para después realizar una estimación del filtrado glomerular mediante una fórmula de cálculo. Se entiende por tasa de filtrado glomerular la cantidad de sangre que se filtra por el glomérulo cada minuto. A medida que la función renal disminuye, la tasa de filtración también lo hace y los productos de desecho empiezan a acumularse en la sangre.

    Otras pruebas adicionales que pueden solicitarse en la evaluación de la enfermedad renal incluyen:

    • Urea en sangre - su concentración aumenta a medida que disminuye la capacidad de filtración del riñón. Unos niveles elevados de urea sugieren alteración de la función renal, aunque también pueden aumentar por otras causas como insuficiencia cardíaca congestiva, infarto agudo de miocardio o shock.
    • Aclaramiento de creatinina - se mide simultáneamente la creatinina en sangre y la de una orina recogida durante 24 horas. Los resultados de ambas determinaciones sirven para establecer la cantidad de sangre que se depura de la creatinina a su paso por el riñón, mediante una fórmula de cálculo estabecida.

     

    Pruebas para monitorizar la función renal

    Una vez diagnosticada la enfermedad renal, se monitoriza su evolución con distintas pruebas de laboratorio. Entre ellas se incluyen:

    • Creatinina y urea en sangre para saber si la enfermedad renal empeora o no
    • Calcio y fósforo en sangre, gases en sangre y evaluación del equilibrio hidroelectrolítico en sangre y orina
    • Hemoglobina (forma parte del hemograma) - en los riñones se sintetiza la eritropoyetina, hormona que regula la producción de hematíes y puede afectarse en caso de enfermedad renal
    • Eritropoyetina, aunque no de manera rutinaria
    • Hormona paratiroidea o paratirina o PTH - interviene en la regulación de los niveles de calcio y a menudo aumenta en la enfermedad renal; es de utilidad para conocer si las cantidades de calcio y de vitamina D son suficientes para prevenir el daño óseo
    • Cistatina C - ocasionalmente solicitada como alternativa a la creatinina o además de esta última; útil para detectar y monitorizar disfunción renal en personas con sospecha de enfermedad renal o con enfermedad renal conocida
    • Proteínas de baja masa molar en sangre y/o en orina - la beta-2-microglobulina aumenta en sangre cuando los glomérulos pierden su capacidad de filtración. En orina, la medida de proteínas como la alfa-1-microglobulina permite conocer si existe una lesión del túbulo renal; en caso de que fuera así, su concentración en orina aumentaría

     

    Pruebas para determinar la cuasa de la afectación y realizar un seguimiento del tratamiento

    En función de los signos y síntomas y de la exploración física se solicitan otras pruebas, como por ejemplo:

    • Urianálisis con cultivo de orina -  en caso de que se sospeche infección
    • Pruebas de la hepatitis B o de la hepatitis C - para detectar una infección vírica asociada a algún tipo de enfermedad renal
    • ANA - para intentar identificar trastornos autoinmunes que pueden afectar al riñón, como el lupus
    • Complemento - normalmente C3 y C4 en caso de glomerulonefritis
    • Electroforesis de proteínas en orina - si se ha detectado la presencia de cantidades anormalmente elevadas de proteína en orina
    • Mioglobina - en personas con lesiones musculares extensas (rabdomiolisis), para evaluar el riesgo de que desarrollen un daño renal. En caso de lesiones musculares graves y severas, los niveles de mioglobina en sangre y en orina aumentan muy rápidamente
    • En litiasis renal (formación de piedras en los riñones) - se evalúa la composición del cálculo renal eliminado o extraído quirúrgicamente para determinar la causa de su formación, establecer un tratamiento adecuado y prevenir su recurrencia

     

    Técnicas de imagen

    Se usan en caso de sospecha de un problema estructural o una obstrucción. Destacan la ecografía, el TAC (tomografía computarizada), pruebas con isótopos o la pielografía endovenosa. Si desea más información acceda a este enlace.

     

    Biopsia renal

    El análisis de una pequeña muestra de tejido renal puede ayudar a conocer la naturaleza y la gravedad de la lesión estructural en el riñón. La biopsia constituye una herramienta diagnóstica útil en casos en los que se sospecha afectación del filtro glomerular.

  • Tratamiento

    El tratamiento depende del tipo de enfermedad renal. En general, cuanto antes se detecte la afectación renal, antes se iniciará el tratamiento; en algunos casos, como puede suceder en la insuficiencia renal aguda, el tratamiento consigue revertir la situación. Los objetivos del tratamiento consisten en tratar los trastornos subyacentes, minimizar la disfunción renal, controlar los síntomas y prevenir la progresión de la enfermedad renal en la medida de lo posible.

    En personas diabéticas, es crucial controlar los niveles de glucosa en sangre. En personas con hipertensión, la prescripción de fármacos antihipertensivos evita una mayor lesión del riñón.

    También pueden emplearse otros medicamentos para aliviar los signos y síntomas asociados a enfermedad renal, como la anemia, el edema, o el aumento de los niveles de colesterol en sangre (para reducir el riesgo cardíaco). También se incluyen recomendaciones dietéticas.

    Algunas afectaciones renales, como infecciones y algunos casos de insuficiencia renal aguda pueden resolverse sin dejar secuelas. No obstante, en otras muchas ocasiones la lesión o el daño ya no puede resolverse. En casos de daño renal severo y en enfermedad renal terminal, debe recurrirse a la diálisis -procedimiento por el cual se depura la sangre de sustancias de desecho, varias veces a la semana- o incluso el transplante.

Bibliografía

NOTA: Este artículo está basado en las fuentes bibliográficas que se citan a continuación, así como en la propia experiencia del Comité de expertos y revisores de Lab Tests Online. Además, este apartado es revisado periódicamente por el Consejo Editorial, con el fin de mantenerlo actualizado.

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