También conocido como: TG, TRIG
Nombre sistemático: triglicérido
Aspectos generales
¿Por qué hacer el análisis?
La determinación de triglicéridos forma parte del perfil lipídico, herramienta fundamental para valorar el riesgo cardiovascular (ECV).
¿Cuándo hacer el análisis?
La determinación de triglicéridos es una herramienta clave para la prevención y el seguimiento de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. Las recomendaciones actuales distinguen dos grandes escenarios: el cribado poblacional y el seguimiento individualizado.
Cribado:
En adultos, se aconseja incluir el perfil lipídico completo, que abarca los triglicéridos, en los exámenes rutinarios de salud al menos cada cinco años. Esta práctica permite detectar precozmente alteraciones en los lípidos y valorar el riesgo cardiovascular global.
En niños y adolescentes, se recomienda realizar el análisis una vez entre los 9 y 11 años y repetirlo entre los 17 y 21 años, con el objetivo de identificar posibles dislipidemias de origen genético o asociadas a otros factores de riesgo.
Seguimiento:
El control de los triglicéridos debe ser más frecuente en personas con factores de riesgo cardiovascular, como sobrepeso, obesidad, tabaquismo, hipertensión, diabetes, antecedentes familiares o resultados alterados en análisis previos. Además, es fundamental monitorizar los niveles en personas que reciben tratamiento hipolipemiante (por ejemplo, estatinas). En estos casos, las guías recomiendan repetir el perfil lipídico entre 4 y 12 semanas tras iniciar o modificar la terapia y, posteriormente, cada 3 a 12 meses según la evolución clínica.
¿Qué muestra se requiere?
La determinación de triglicéridos se realiza habitualmente a partir de una muestra de sangre venosa. En algunas ocasiones, especialmente en contextos de cribado rápido o en poblaciones pediátricas, también puede emplearse una muestra obtenida por punción capilar en un dedo.
¿Es necesario algún tipo de preparación previa?
Durante años se ha recomendado realizar la medición de triglicéridos en ayunas (9–12 horas) y evitar el alcohol las 24 horas previas, ya que pueden elevar transitoriamente sus valores.
No obstante, las guías europeas más recientes (ESC/EAS 2024–2025) aceptan que la determinación sin ayuno es válida para la evaluación global del riesgo cardiovascular, especialmente en cribado y pacientes estables, al reflejar mejor la situación metabólica habitual.
El ayuno sigue siendo aconsejable cuando los triglicéridos aparecen elevados, existe sospecha de hipertrigliceridemia grave o es necesario confirmar resultados antes de tomar decisiones terapéuticas.
¿Qué es lo que se analiza?
Los triglicéridos son un tipo de lípido presente en la sangre y constituyen una delas principales formas de almacenamiento y aporte energético del organismo. Su origen es doble: proceden tanto de la ingesta dietética como de la síntesis endógena en el hígado, y circulan en el plasma transportados principalmente por lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL).
Tras la ingesta de alimentos, los niveles de triglicéridos aumentan de manera fisiológica para facilitar el transporte de las grasas hacia los tejidos, donde se utilizan como fuente de energía o se almacenan. En condiciones de ayuno, sus concentraciones reflejan fundamentalmente el metabolismo lipídico hepático.
Aunque los triglicéridos desempeñan una función esencial, la elevación persistente de sus niveles se asocia a un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y, cuando alcanzan cifras muy elevadas, a complicaciones graves como la pancreatitis aguda. Por ello, su determinación forma parte del perfil lipídico y de la evaluación habitual del riesgo cardiovascular.
Preguntas comunes
¿Cómo se utiliza?
La determinación de triglicéridos forma parte del perfil lipídico, una herramienta fundamental para evaluar el riesgo cardiovascular global. Niveles elevados se asocian a un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica, especialmente cuando coexisten con otros factores de riesgo como diabetes, obesidad o síndrome metabólico.
Además, concentraciones muy elevadas de triglicéridos pueden dar lugar a complicaciones graves, como la pancreatitis aguda, una situación potencialmente grave que requiere atención médica inmediata. Por este motivo, su medición resulta clave tanto en el cribado poblacional como en el seguimiento clínico de personas con riesgo cardiovascular o alteraciones metabólicas.
Las guías clínicas actuales destacan la importancia de interpretar los triglicéridos dentro de un enfoque integral, no como un valor aislado, sino como parte de la valoración global del perfil lipídico y del estado metabólico del paciente.
¿Cuándo se solicita?
La determinación de los triglicéridos se realiza habitualmente como parte del perfil lipídico, tanto en programas de prevención cardiovascular como en el seguimiento clínico de personas con factores de riesgo.
En adultos sanos, se recomienda incluir el perfil lipídico —que incluye los triglicéridos— en los controles de salud de forma periódica, generalmente cada cinco años, para evaluar el riesgo cardiovascular global.
La prueba debe solicitarse con mayor frecuencia en personas con triglicéridos elevados o con factores de riesgo cardiovascular, como antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular, diabetes, hipertensión, sobrepeso u obesidad. Dado que el riesgo cardiovascular no depende de un único parámetro, los triglicéridos se interpretan siempre junto con otros lípidos, como el colesterol total, colesterol HDL y al colesterol LDL.
Niños y adolescentes
Las recomendaciones actuales aconsejan realizar al menos una determinación del perfil lipídico durante la infancia tardía y la adolescencia, habitualmente entre los 9 y 11 años y nuevamente entre los 17 y 21 años, con el objetivo de detectar precozmente alteraciones lipídicas, incluidas las de origen genético.
En niños y adolescentes con alto riesgo cardiovascular, el cribado puede iniciarse de forma más temprana y realizarse con mayor frecuencia, siguiendo siempre indicación médica. En estos casos, suele recomendarse la determinación en ayunas.
Monitorización y seguimiento
En personas que reciben tratamiento para dislipidemia —ya sea mediante cambios en el estilo de vida o tratamiento farmacológico— el perfil lipídico se utiliza para valorar la respuesta terapéutica. Las guías clínicas recomiendan repetirla analítica entre 4 y 12 semanas tras iniciar o modificar el tratamiento y, posteriormente, realizar controles periódicos cada 3 a 12 meses, según el contexto clínico y el riesgo cardiovascular del paciente.
¿Qué significa el resultado?
El resultado de la determinación de triglicéridos debe interpretarse siempre en el contexto del perfil lipídico completo y del riesgo cardiovascular global de la persona, no como un valor aislado.
En adultos, los rangos más utilizados en la práctica clínica son:
- Normal: <150 mg/dL
- Ligeramente elevado: 150–199 mg/dLf
- Elevado: 200–499 mg/dL
- Muy elevado: ≥500 mg/dL
Valores persistentemente elevados se asocian a un mayor riesgo cardiovascular, especialmente cuando coexisten otros factores como diabetes, obesidad o síndrome metabólico. Cuando los triglicéridos superan los 1000 mg/dL, existe un alto riesgo de pancreatitis aguda, una complicación grave que requiere tratamiento inmediato.
¿Hay algo más que debería saber?
Los triglicéridos pueden elevarse por múltiples factores, siendo los más frecuentes una alimentación poco saludable, el sedentarismo, el exceso de peso y el consumo de alcohol. También pueden influir diversas enfermedades metabólicas, como la diabetes (especialmente si está mal controlada), así como la enfermedad renal, el hipotiroidismo y determinadas alteraciones genéticas del metabolismo lipídico.
Las concentraciones de triglicéridos presentan una variabilidad fisiológica importante, ya que aumentan tras las comidas y pueden fluctuar de un día a otro. Por ello, variaciones moderadas entre determinaciones aisladas no se consideran necesariamente patológicas.
Además, algunos fármacos —como los corticoides, determinados antirretrovirales, algunos betabloqueantes y los estrógenos — pueden contribuir a elevarlos. Ante valores elevados, es fundamental evaluar el contexto clínico global e identificar posibles causas secundarias antes de decidir el tratamiento, que suele iniciarse con cambios en el estilo de vida.
¿Qué estrategias pueden emplearse para disminuir los niveles de triglicéridos?
El tratamiento de los triglicéridos elevados se basa en un enfoque escalonado, que depende del grado de elevación y del riesgo cardiovascular global de la persona.
El primer paso consiste en identificar y tratar las causas secundarias, como el mal control de la diabetes , la obesidad, el consumo excesivo de alcohol, la enfermedad renal o determinados fármacos. En muchos casos, la corrección de estos factores permite reducir de forma significativa los niveles de triglicéridos.
Las modificaciones del estilo de vida constituyen la base del tratamiento en todos los pacientes. Incluyen la pérdida de peso, la reducción de azúcares simples y alcohol, el aumento de la actividad física regular y la adopción de una dieta mediterránea o similar.
Cuando estas medidas no son suficientes o existe un riesgo cardiovascular elevado, puede ser necesario iniciar tratamiento farmacológico. Las guías europeas recomiendan:
· Estatinas como primera opción en pacientes con riesgo cardiovascular alto, ya que reducen principalmente el colesterol LDL y también pueden disminuir moderadamente los triglicéridos.
· Icosapentoetílico (EPA) en pacientes seleccionados con triglicéridos persistentemente elevados pese al tratamiento con estatinas.
· Fibratos u omega‑3 en casos de hipertrigliceridemia marcada o cuando existe riesgo de pancreatitis.
En conjunto, el objetivo del tratamiento no es solo reducir los triglicéridos, sino disminuir el riesgo cardiovascular global y prevenir complicaciones.
¿Pueden monitorizarse las concentraciones de triglicéridos en casa?
Existen dispositivos portátiles que permiten medir los triglicéridos mediante una muestra de sangre capilar obtenida por punción en el dedo. Sin embargo, su uso domiciliario no está recomendado de forma rutinaria, ya que no sustituyen al análisis de laboratorio ni a la valoración clínica del resultado.
Estos sistemas pueden presentar limitaciones de precisión y no permiten una evaluación completa del perfil lipídico ni del riesgo cardiovascular. Por ello, el seguimiento de los triglicéridos debe realizarse preferentemente mediante análisis de laboratorio, especialmente cuando los valores son elevados o se están tomando decisiones terapéuticas.
¿Qué es el VLDL y qué relación tiene con los triglicéridos?
La VLDL (lipoproteína de muy baja densidad) es una de las principales lipoproteínas que transportan lípidos en la sangre, junto con la LDL y la HDL. Todas ellas contienen colesterol, triglicéridos y proteínas, aunque en proporciones distintas. La VLDL se caracteriza por ser la lipoproteína con mayor contenido en triglicéridos, mientras que la LDL es rica en colesterol y la HDL presenta un mayor contenido proteico.
La VLDL se produce en el hígado y constituye el principal vehículo de los triglicéridos circulantes. A medida que libera triglicéridos a los tejidos, estas partículas se transforman progresivamente en otras lipoproteínas, algunas de las cuales participan en el desarrollo de la aterosclerosis.
Dado que la mayor parte de los triglicéridos circulan en forma de VLDL y que la relación entre ambos es relativamente constante, en la práctica clínica se emplea una estimación del colesterol VLDL dividiendo la concentración de triglicéridos (en mg/dL) entre 5. Este cálculo es una aproximación y pierde validez cuando los triglicéridos superan los 400 mg/dL.
El aumento de partículas ricas en triglicéridos, como la VLDL y sus remanentes, se asocia a un mayor riesgo cardiovascular y cerebrovascular Por este motivo, las guías actuales recomiendan considerarlas dentro de una evaluación global del riesgo cardiovascular, más allá del colesterol LDL de forma aislada.
¿Cuáles son los síntomas que se asocian a aumento de la concentración de triglicéridos?
En la mayoría de los casos, las personas con triglicéridos elevados no presentan síntomas. Por ello, la hipertrigliceridemia suele detectarse de forma incidental mediante un análisis de sangre, realizado como parte de un control de salud o de la evaluación del riesgo cardiovascular.
No obstante, cuando los triglicéridos se mantienen muy elevados de forma persistente (generalmente por encima de 1000 mg/dL o de 11,30 mmol/L), puede aparecer una pancreatitis aguda, una complicación potencialmente grave.
En situaciones de hipertrigliceridemia marcada también pueden observarse xantomas eruptivos, unas lesiones cutáneas poco frecuentes que se manifiestan como pequeños nódulos amarillentos, firmes y múltiples, localizados generalmente en la espalda, el tórax, los glúteos, los hombros o los muslos.
En resumen, aunque la elevación moderada de los triglicéridos suele será sintomática, los valores muy altos constituyen una urgencia clínica, lo que refuerza la importancia de su detección y seguimiento mediante análisis de laboratorio.
Enlaces
Pruebas relacionadas:
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Estados fisiológicos y enfermedades:
Infarto agudo de miocardio y síndrome coronario agudo
Artículos:
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Videos:
En otras webs:
National Heart, Lung and Blood Institute (NIH): ¿Qué es la cardiopatía coronaria?
MayoClinic: Triglicéridos: ¿por qué son importantes?
Sociedad Española de Cardiología (SEC)
Fundación Española del Corazón (FEC)
American Heart Association (AHA): My Cholesterol Guide
También conocido como: HSV-1, HSV-2, HHV1, HHV2, VHS, herpes oral, herpes labial, herpes genital
Nombre sistemático: virus del herpes simple tipo 1 y tipo 2
Aspectos generales
¿Por qué hacer el análisis?
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