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14.08.2017.

También conocido como:  Síndromes mieloproliferativos; Alteraciones mieloproliferativas; SMP

¿En qué consiste?

Los trastornos mieloproliferativos constituyen un subgrupo de enfermedades de la médula ósea. Se caracterizan por la sobreproducción de uno o varios tipos de las células sanguíneas en la médula ósea.

La médula ósea es un tejido graso blando localizado en el centro de huesos grandes. Presenta una estructura que recuerda a una esponja o un panal de abejas y consiste en malla fibrosa altamente organizada. En su interior existe líquido que contiene células madre así como glóbulos rojos y blancos de la sangre y plaquetas, en distintas etapas de maduración.

Normalmente el organismo mantiene un número relativamente estable de células sanguíneas en circulación. A medida que las células envejecen, mueren o se eliminan de la circulación, se producen nuevas células en la médula ósea para sustituirlas. Cuando se necesita un determinado tipo celular, algunas células madre empiezan a cambiar y se transforman en blastos inmaduros que formarán en poco tiempo el tipo de célula que necesita el organismo. Los blastos maduran para convertirse en glóbulos blancos (leucocitos), glóbulos rojos o hematíes (eritrocitos) o plaquetas. Normalmente solo se liberan a la circulación células maduras.

En los trastornos mieloproliferativos existe una producción excesiva de alguno de los precursores celulares, lo que conduce a un aumento de la célula madura que deriva de este precursor; además se puede asistir a una disminución del resto de células de la sangre, ya que se inhibe su crecimiento o quedan totalmente desplazadas por falta de espacio. Como consecuencia aparecen signos y síntomas asociados a sobreproducción, infraproducción o disfunción de células de la sangre.

Los síndromes mieloproliferativos más comunes son:

  • Leucemia mieloide crónica (mielocítica)(LMC) - se caracteriza por un exceso de granulocitos, que son células (glóbulos) de la serie blanca de la sangre que digieren y destruyen los microorganismos invasores. En las fases iniciales la LMC cursa con aumento del número de granulocitos (tanto maduros como inmaduros) y de plaquetas en sangre, que todavía pueden funcionar normalmente y por lo tanto es posible que no existan signos ni síntomas de enfermedad. No obstante, sin tratamiento, la LMC acaba comportándose como otras leucemias.
  • Policitemia vera (PV) - se caracteriza por un aumento de la producción de precursores de eritrocitos y de eritrocitos en la médula ósea, independientemente de los mecanismos de control que regulan su producción. Al aumentar el número de eritrocitos en sangre, la sangre se vuelve más espesa y no circula tan fluidamente por los vasos sanguíneos. Los signos y síntomas que ocasiona este trastorno son dolor de cabeza, mareos, alteraciones visuales e incluso coagulación excesiva o infarto agudo de miocardio. La PV también es conocida como policitemia primaria (neoplásica). Existen otras circunstancias que pueden hacer aumentar la producción de eritrocitos como una exposición prolongada a bajas concentraciones de oxígeno; en estos casos se habla de policitemia secundaria (reactiva).
  • Mielofibrosis primaria (MFP, mielofibrosis crónica idiopática o metaplasia mieloide agnogénica) - las células madre sanguíneas se convierten en células que no maduran correctamente. Esto se asocia además a un aumento de la producción de células fibrosas, con lo que aumenta el depósito de tejido fibroso en la médula ósea. Se crea así una red tan densa que se inhibe la formación y maduración normal de las células normales. Todo ello puede favorecer la producción de células sanguíneas en otros tejidos distintos a la médula ósea, como el bazo (hematopoyesis extramedular). Los hematíes que llegan a la circulación presentan una morfología anómala, parecen lágrimas en vez de ser redondeados. Es posible que el número de hematíes normales sea insuficiente para asegurar el transporte de oxígeno, ocasionando anemia.
  • Trombocitemia esencial (TE) - se caracteriza por un aumento de megacariocitos, que son los precursores de las plaquetas (también llamadas trombocitos) en la médula ósea. Se traduce en un aumento mantenido de plaquetas en sangre que puede dificultar la circulación de la sangre con fluidez. En las personas afectadas, aumenta el riesgo de desarrollar coágulos sanguíneos y de presentar accidente vascular cerebral. Además, es posible que las plaquetas no funcionen adecuadamente, y por ello los individuos pueden sangrar. Debe distinguirse la trombocitemia esencial  de otras trombocitosis secundarias o reactivas, en las que aumenta el número de plaquetas pero por alteraciones no medulares tales como déficit de hierro, infecciones, inflamación (por ejemplo artritis reumatoide), hemorragias o extracción del bazo.

Los trastornos mieloproliferativos no se curan pero su lenta progresión facilita su control. Cada uno de los trastornos mieloproliferativos puede acabar produciendo una leucemia aguda. En estos casos, el curso de la enfermedad se acelera, los síntomas se intensifican y se deberá instaurar un tratamiento más agresivo.

Signos y síntomas

La gravedad de los trastornos mieloproliferativos varía según el individuo. La enfermedad puede ser aguda y amenazar seriamente la vida del afectado o puede ser sutil, existiendo muchos años antes de diagnosticarse (a menudo casualmente). A pesar de que cada alteración tiene su propio conjunto de síntomas, muchos de ellos pueden ser comunes:

  • Pérdida de peso
  • Debilidad y fatiga
  • Aumento del tamaño del bazo (esplenomegalia) - las células se acumulan en el bazo porque es el órgano que las elimina de la circulación; el individuo puede sentir malestar abdominal
  • Sangrado y hematomas debido a un insuficiente número de plaquetas o a que son anormales
  • Sudoración nocturna
  • Dolores óseos y articulares
  • Palidez por la anemia (cuando disminuyen los hematíes)
  • Infecciones frecuentes
  • Dolor de cabeza, mareos, entumecimiento y/o alteraciones visuales por el espesamiento de la sangre o por la presencia de coágulos

En algunas personas con policitemia vera, el exceso de hematíes produce un aumento de la viscosidad de la sangre, dando lugar a dolores de cabeza, mareos, trastornos visuales, picor y parestesias (entumecimiento y hormigueo).

Las personas con policitemia vera o con trombocitemia esencial, especialmente si son mayores de 60 años, pueden desarrollar mielofibrosis; en estos casos se sustituye el tejido normal de la médula ósea por tejido fibroso, de manera similar a lo que ocurre en la mielofibrosis primaria. En las primeras fases de la enfermedad no suele ocasionar síntomas, aproximadamente en un 30% de los casos cursa de forma asintomática. En caso de tener signos y/o síntomas se presenta fatiga, dificultad al respirar y aumento del tamaño del bazo. Es posible que el tejido fibroso ocupe toda la médula ósea e impida la formación normal de células. La anemia puede acabar siendo grave.

La mayoría de individuos con trombocitemia esencial no presenta síntomas, aunque algunos pueden tener trombosis o hemorragias a causa del aumento de plaquetas disfuncionantes. Esto da lugar a hormigueo en manos y pies, dolores de cabeza, sangrados nasales y hematomas de fácil aparición.

Pruebas relacionadas

Pruebas de laboratorio

Hemograma y recuento de leucocitos
Son las pruebas más frecuentemente empleadas para diagnosticar y monitorizar los trastornos mieloproliferativos. Se suelen pedir también en los exámenes de control realizados rutinariamente, para saber la cantidad y proporción relativa de cada uno de los tipos celulares en la sangre. Estas pruebas proporcionan además información acerca del tamaño, forma y estado de maduración celular.

El hemograma y el recuento de leucocitos permiten detectar aumentos, disminuciones y otras anomalías de las células de la sangre, siendo de gran ayuda en la determinación de la causa de enfermedades, así como su gravedad, progresión y respuesta al tratamiento.

En la policitemia vera aumentan los hematíes, las plaquetas y a veces, los leucocitos. En la mielofibrosis frecuentemente se observan granulocitos inmaduros, hematíes morfológicamente anómalos (en forma de lágrima) y células de la serie roja inmaduras nucleadas. A menudo el número total de leucocitos y de hematíes está disminuido. En la trombocitemia se observa un gran aumento de plaquetas siendo algunas de ellas anormalmente grandes; también pueden observarse acúmulos de plaquetas.

Las alteraciones en el recuento celular pueden también verse en otros trastornos crónicos, de manera que será necesario realizar pruebas adicionales para confirmar o descartar un trastorno mieloproliferativo.

Biopsia o aspirado de la médula ósea
Si el médico sospecha una alteración de la médula ósea puede solicitar un aspirado o biopsia de la médula ósea para obtener así una pequeña cantidad de médula. El especialista examina al microscopio la médula ósea y puede observar el número, tamaño y apariencia de varias células. También puede observar si existe un crecimiento excesivo de algunos tipos celulares, el tejido fibroso y detectar tumores. Con este análisis se pueden diagnosticar la mayor parte de enfermedades de la médula ósea si bien es posible que sean necesarias determinadas pruebas adicionales para confirmar el diagnóstico.

Otras pruebas que pueden solicitarse incluyen:

  • Gases en sangre -  mide la cantidad de gases en la sangre y puede solicitarse en caso de sospecha de policitemia vera. Niveles bajos de oxígeno se asocian a policitemias secundarias
  • Eritropoyetina - hormona que estimula la producción de hematíes en la médula ósea. En la policitemia primaria, la eritropoyetina está baja o indetectable, pero en las policitemias secundarias está normal o elevada
  • Análisis citogenéticos y moleculares - se emplean como ayuda para el diagnóstico de los trastornos mieloproliferativos. Por ejemplo, en la leucemia mieloide crónica se evalúa la presencia o ausencia del cormosoma Philadelphi (Ph1) o la traslocación BCR-ABL. En caso de sospecha de policitemia vera, mieloficrosis primaria o trombocitemia esencial se solicita el estudio de la mutación JAK2 o de la mutación MPL

Otras pruebas diagnósticas (ajenas al laboratorio)
La radiología u otras pruebas de imagen pueden ser útiles para detectar signos de enfermedad, como masas de células en tórax, bazo o hígado.

Tratamiento

Los trastornos mieloproliferativos no se pueden prevenir o curar en la mayoría de casos. El objetivo del tratamiento es enlentecer la progresión de la enfermedad y aliviar los síntomas y las complicaciones debidas a una producción excesiva, insuficiente o anómala de células.

En algunos casos basta con realizar un seguimiento de la enfermedad; el médico controlará a la persona afectada regularmente y es posible que le prescriba acetil salicílico (aspirina) a bajas dosis para prevenir la formación de coágulos.

El tratamiento puede suponer eliminar el exceso de células problemáticas; se puede emplear hidroxiurea (quimioterapia) o interferón-alfa para conseguir disminuir el número de hematíes, leucocitos y plaquetas. Con anagrelida se disminuye el número de plaquetas.

En fases avanzadas de estas enfermedades, cuando la médula ósea es ya incapaz de producir células normales, se deben instaurar medidas de soporte para aliviar los síntomas. Por ejemplo se pueden administrar trasfusiones y medicamentos como eritropoyetina para conseguir aumentar el número de hematíes, o los factores estimuladores de colonias de granulocitos (G-CSF) o de macrófagos (GM-CSF) para conseguir aumentos de leucocitos, y antibióticos y fármacos antivíricos para combatir las infecciones.

Con las trasfusiones se pueden aportar al individuo tanto hematíes como plaquetas en caso de que con los fármacos apropiados no se haya conseguido ningún resultado, especialmente si el individuo tiene anemia.

La quimioterapia empleada es similar a la administrada en la leucemia mieloide aguda y puede ser útil para controlar la producción de las células anómalas, especialmente cuando el trastorno mieloproliferativo alcanza la fase conocida como "crisis blástica"; en tal caso, se produce un marcado aumento del número de células madres anómalas en médula ósea o en sangre.

En trastornos mieloproliferativos graves o muy avanzados se puede realizar un tipo de trasplante de médula ósea conocido como trasplante de células hematopoyéticas. Actualmente, esta alternativa terapéutica constituye la única opción de tratamiento con potencial para curar la enfermedad. Las personas afectadas reciben un trasplante alogénico o células madre de un donante, siempre después de haber recibido quimioterapia para eliminar primero las células anormales de la médula ósea. Sin embargo, los trasplantes no están indicados en todos los individuos, especialmente si se trata de ancianos y con otras enfermedades de base.

Se han desarrollado diversos tratamientos dirigidos a inhibir las proteínas anómalas asociadas a las mutaciones genéticas de los trastornos mieloproliferativos. Por ejemplo, algunos fármacos conocidos como inhibidores de la tirosina quinasa (imatinib, dasatinib, nilotinib) van dirigidos directamente contra la proteína anómala BCR-ABL de la leucemia mieloide crónica, y se han conseguido elevadas tasas de remisión, lo que significa que no se detecta enfermedad mientras el individuo está siguiendo el tratamiento. Estos fármacos constituyen actualmente el tratamiento estándar de la leucemia mieloide crónica. Ruxolitinib inhibe la proteína JAK2 presentando utilidad en el tratamiento de mielofibrosis de riesgo intermedio a elevado, y de mielofibrosis derivada de una policitemia o trombocitemia esencial previa.

Bibliografía

NOTA: Este artículo está basado en las fuentes bibliográficas que se citan a continuación, así como en la propia experiencia del Comité de expertos y revisores de Lab Tests Online. Además, este apartado es revisado periódicamente por el Consejo Editorial, con el fin de mantenerlo actualizado.

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