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14.08.2017.

También conocido como: SFC, Síndrome de fatiga crónica y disfunción inmune, SFCDI, Encefalomielitis Miálgica, EM

¿En qué consiste?

El síntoma característicamente referido por las personas afectas de un síndrome de fatiga crónica (SFC) es el agotamiento extremo. Además, estas personas duermen mal y se despiertan con la sensación de no haberse repuesto del agotamiento. A menudo presentan también dolores de cabeza y de garganta, así como dolores musculares y articulares, y problemas de concentración y de memoria. Los tipos de síntomas y su intensidad pueden variar de un día a otro. En los días que los individuos califican como "buenos", los síntomas suelen ser leves y permiten desarrollar una actividad prácticamente normal. Contrariamente, en los días "malos", no se ven capaces ni de levantarse de la cama. Su situación no mejora con un reposo absoluto y la actividad mental puede empeorarla.

Si bien durante un tiempo se calificó este síndrome como una forma de depresión y de estrés que afectaba principalmente a mujeres jóvenes de clase alta, actualmente se sabe que el SFC puede afectar a individuos de cualquier edad, sexo y raza y de cualquier estrato social. Es cuatro veces más frecuente en mujeres que en varones, aunque esto podría atribuirse a que las mujeres acuden al médico a explicar sus síntomas con más facilidad que los varones, y su máxima prevalencia se da entre los 40 y los 60 años. Los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) estiman que sólo se diagnostica un 20% o incluso menos de todos las personas que padecen un SFC.

El abatimiento, el dolor y en general el conjunto de síntomas asociados al SFC desorientan al médico. Además, debido a que no ocasiona alteraciones objetivables ni visibles, es difícil de entender y de sobrellevar tanto por el propio afectado como por los amigos y familiares. Este hecho explica el escepticismo que ha persistido durante años alrededor del SFC, aunque actualmente se reconoce la enfermedad como una entidad clínica bien diferenciada. Algunos médicos atribuyen los síntomas a una posible depresión o a situaciones de estrés; incluso piensan que sencillamente constituyen síntomas propios de otros trastornos aún no diagnosticados. La depresión suele ser una consecuencia común del SFC pero no su causa.

Son numerosas las situaciones y enfermedades que ocasionan síntomas similares. Entre ellos se cuentan el hipotiroidismo, la mononucleosis, trastornos alimentarios y psicológicos, cáncer, enfermedades autoinmunes, infecciones, conductas de abuso de alcohol o fármacos, reacciones secundarias a medicamentos así como el hecho de no poder alcanzar un sueño reparador cualquiera que sea su causa. En estas situaciones, existirá una razón subyacente que permitirá justificar la sensación de fatiga y que podrá ser diagnosticada y tratada. Esta fatiga es distinta a la que se da en el SFC, y debe saberse reconocer.

Signos y síntomas

El problema con el que se enfrentan los médicos, los investigadores y los propios pacientes es que se desconoce la causa del síndrome de fatiga crónica (SFC) y que los síntomas no son perceptibles ni cuantificables. Por este motivo, durante años, se ha definido el síndrome como síndrome de fatiga crónica idiopático (de causa desconocida). A finales de los ochenta, los Centers for Disease Control and Prevention (CDC), en colaboración con un grupo internacional de expertos en el SFC, propusieron una definición para el SFC, revisada y actualizada en el año 1994. Según esta definición, todavía vigente, para diagnosticar un SFC se deben cumplir unos requisitos:

1.- Presencia de una fatiga severa y crónica durante al menos seis meses, habiéndose excluido además otros posibles diagnósticos

2.- Interferencias significativas en las actividades diarias y en el trabajo

3.- Presentar además de manera concurrente cuatro o más de los siguientes síntomas:

  • Deterioro sustancial de la capacidad de concentración y memoria
  • Dolor de garganta frecuente y recurrente
  • Ganglios dolorosos a la palpación, en la zona axilar o en el cuello
  • Dolor muscular
  • Dolores articulares múltiples, sin hinchazón ni enrojecimiento de las articulaciones
  • Dolores de cabeza de diversas características y severidad
  • Sueño no reparador
  • Dificultad (más allá de las 24 horas) para recuperarse normalmente después de mantener una actividad física

Estos síntomas deben persistir o ser recurrentes durante al menos seis meses consecutivos, y no deben haber precedido a la fatiga.

A pesar de que esta definición ha sido ampliamente aceptada por médicos e investigadores, sigue sin llegarse a un consenso acerca de la causa del SFC. Muchos investigadores son de la opinión de que el SFC se manifiesta por distintos factores desencadenantes, entre los que se incluyen:

  • Una infección vírica, como por ejemplo por el virus de Epstein Barr, si bien no se ha conseguido aislar ningún microorganismo instigador del proceso
  • Disfunciones inmunes provocadas por traumatismos, estados de estrés o de alergia que a su vez desencadenan el SFC
  • Deficiencias nutricionales
  • Presión arterial anómalamente baja (hipotensión mediada neuralmente) que puede ocasionar desmayos
  • Situaciones de estrés que pueden activar el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal, en el que interactúan estas glándulas

La mayoría de investigadores está de acuerdo en que el SFC no es contagioso; la creencia es que existe una tendencia a heredar cierta predisposición a padecerlo, ya que se ha observado casos de SFC en familiares de personas afectadas. También hay quien piensa que el SFC no constituye por sí sólo una única condición patológica sino que se trata de un grupo de distintos trastornos que finalmente conducen a él.

Las personas con SFC recuerdan la fecha en la que empezaron a manifestar síntomas; anteriormente a ella se encontraban perfectamente y con energía para cumplir con las tareas y obligaciones diarias. En aproximadamente un 75% de los casos, el SFC va precedido de lo que puede calificarse como un cuadro gripal. En otras ocasiones, el SFC debuta después de un periodo de estrés intenso de tipo físico o emocional; ocasionalmente, los individuos refieren un inicio lento, con una pérdida gradual de su energía y de su calidad de vida.

Además de los síntomas principales del SFC, existe una variedad de síntomas adicionales que se observan frecuentemente. Entre ellos destacan:

  • Dolor abdominal
  • Alergias e hipersensibilidad a alimentos, olores, productos químicos, medicamentos y sonidos
  • Distensión abdominal
  • Dolor torácico
  • Escalofríos y sudoración nocturna
  • Tos crónica
  • Depresión y ansiedad
  • Diarrea o intestino irritable
  • Mareos
  • Sequedad de ojos y de la boca
  • Dolores de oído
  • Arritmias
  • Dolor mandibular
  • Ciertas décimas de fiebre
  • Rigidez matutina
  • Náuseas y pérdida de apetito
  • Entumecimiento, hormigueo o sensación de quemazón en cara, manos o pies
  • Dificultad para respirar

Pruebas relacionadas

No se dispone en la actualidad de ninguna prueba que permita diagnosticar el SFC. El síndrome se diagnostica por exclusión, una vez se ha procedido a:

  • Realizar una historia clínica bien documentada al paciente
  • Realizar una exploración física minuciosa
  • Realizar pruebas de función cognitiva
  • Descartar otras situaciones que podrían causar o exacerbar la fatiga (y/o identificando y tratando aquéllas que puedan tratarse)
  • Verificar que se cumplen los criterios de la definición del SFC según los Centers for Disease Control and Prevention (CDC)
  • Monitorizar al paciente para detectar si se manifiestan otras patologías subyacentes

Las pruebas de laboratorio pueden mostrarse útiles para contribuir al diagnóstico de otras patologías con sintomatología similar, y que deberían ser identificadas y tratadas antes de ratificarse en el diagnóstico de SFC. Los CDC recomiendan unas pocas pruebas de laboratorio, detalladas a continuación.

Pruebas de laboratorio

  • Estudio metabólico completo para evaluar electrolitos, proteínas, funciones hepática y renal, calcio y glucosa
  • Hemograma para investigar si existe anemia y/o anomalías de hematíes y leucocitos
  • Velocidad de sedimentación globular (VSG) como indicador inespecífico de inflamación
  • TSH (hormona estimuladora de la glándula tiroides) y/o otras pruebas de función tiroidea ya que el hipotiroidismo puede ocasionar síntomas similares a los del SFC
  • Estudios relacionados con el metabolismo del hierro, para evaluar si existe carencia de hierro o trastornos que afecten a su almacenamiento o a su uso
  • Urianálisis, para conocer si existen infecciones y evaluar glucosa, proteínas y productos de desecho que se excretan por la orina

Puede solicitarse también otras pruebas para hacer un seguimiento adecuado de los resultados que se hayan encontrado alterados. Estas pruebas adicionales se utilizan para identificar o descartar trastornos distintos del SFC que generan fatiga, si bien no permiten por sí solas un diagnóstico directo del SFC. Entre estas otras pruebas se incluyen:

  • ANA (anticuerpos antinucleares) solicitados cuando se sospecha un trastorno de tipo autoinmune
  • Prueba cutánea de TB (tuberculina) para investigar si ha existido exposición a la micobacteria que causa la tuberculosis
  • Prueba para el estudio de la enfermedad de Lyme, en caso que constituya una sospecha diagnóstica y que la enfermedad se considere endémica en la zona geográfica a la que pertenece el paciente
  • Factor Reumatoide para determinar si el paciente padece una artritis reumatoidea
  • Pruebas dirigidas a detectar anticuerpos anti VIH, para saber si el paciente está infectado por el virus de la inmunodeficiencia humana
  • Cortisol, cuando se sospecha que su concentración puede estar disminuida o cuando se sospecha que pueda existir disminución del funcionalismo de la glándula adrenal (suprarrenal)

Existen otras pruebas de laboratorio que pueden resultar útiles con finalidades de investigación, para intentar comprender mejor la causa y la evolución del SFC, si bien no se consideran útiles clínicamente.

Otras pruebas diagnósticas (ajenas al laboratorio)
Ocasionalmente, puede solicitarse una RMN (resonancia magnética nuclear) para descartar que no se trate de una esclerosis múltiple. También pueden realizarse otros tipos de pruebas aunque no se considera que revistan utilidad clínica.

Tratamiento

El tratamiento del síndrome de fatiga crónica (SFC) va dirigido a aliviar los síntomas y a adoptar cambios en el estilo de vida; en la actualidad, el SFC no puede curarse. El tratamiento incluye:

  • Terapia cognitivo-conductual
  • Técnicas para conciliar el sueño
  • Técnicas de relajación y de disminución del estrés, entre las que se incluye el yoga, la meditación, masajes y ejercicios de respiración
  • Medicación para reducir la fiebre y las molestias debidas al dolor
  • Fármacos para tratar la ansiedad (ansiolíticos)
  • Fármacos para tratar la depresión (antidepresivos)

Algunas medicaciones pueden ocasionar reacciones adversas o efectos colaterales que pueden ser peores que los propios síntomas del SFC.

Muchos de los pacientes afectos de un SFC pueden mejorar con el paso del tiempo, si bien los síntomas pueden persistir durante años o para toda la vida. Los expertos recomiendan que los pacientes sean conscientes de sus niveles de energía y programen su actividad física y su tiempo en función de aquélla. Seguir una dieta equilibrada y realizar ejercicio físico de manera moderada pueden ayudar a mantener las capacidades funcionales, a mejorar el estado de ánimo del paciente y a conciliar el sueño. La asistencia psicológica contribuye a que el paciente pueda enfrentarse a las frustraciones físicas, psicológicas, financieras y sociales derivadas de su enfermedad.

Las estrategias actuales para paliar los síntomas van encaminadas esencialmente a mejorar la calidad del sueño y a aliviar el dolor. Las personas con SFC deben colaborar con el médico para determinar el tipo de tratamiento que más les conviene. El tratamiento que es válido para una persona puede no serlo para otra; además, muchos de los pacientes con SFC son especialmente sensibles a efectos colaterales del tratamiento.

Bibliografía

NOTA: Este artículo está basado en las fuentes bibliográficas que se citan a continuación, así como en la propia experiencia del Comité de expertos y revisores de Lab Tests Online. Además, este apartado es revisado periódicamente por el Consejo Editorial, con el fin de mantenerlo actualizado.

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Enlaces
National Center for Infectious Diseases: Chronic Fatigue Syndrome
CDC: Chronic Fatigue Syndrome
The National Women's Health Information Center: Chronic Fatigue Syndrome
National Institutes of Health, Office of Research on Women's Health: CFS FAQs
Chronic Fatigue Syndrome & Fibromyalgia Information Exchange Forum
CFIDS Association of America
The National CFIDS Foundation