También conocido como
SFC, Síndrome de fatiga crónica y disfunción inmune, SFCDI, Encefalomielitis Miálgica, EM
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Este artículo fue modificado por última vez el 26.12.2021.
¿En qué consiste?

El síndrome de fatiga crónica (SFC) es una alteración que produce una fatiga extrema que no se puede explicar que se deba a cualquier enfermedad conocida. El síntoma característicamente referido por las personas afectadas de un síndrome de fatiga crónica (SFC) es el agotamiento extremo. Puede afectar a la capacidad de la persona de realizar las actividades rutinarias, las actividades diarias o las tareas.

Además, estas personas duermen mal y se despiertan con la sensación de no haberse repuesto del agotamiento. A menudo presentan también dolores de cabeza, dolores en músculos y articulaciones, dolores recurrentes de garganta, así como problemas de concentración y de memoria. Los tipos de síntomas y su intensidad pueden variar de un día a otro y de una persona a otra, pero la fatiga extrema suele durar al menos 6 meses o más.  En los días que los individuos califican como "buenos", los síntomas suelen ser leves y permiten desarrollar una actividad prácticamente normal. Contrariamente, en los días "malos", no se ven capaces ni de levantarse de la cama. Su enfermedad no mejora con el reposo absoluto y la actividad mental puede empeorar.

El SFC se produce en las personas de cualquier edad, sexo y raza y estrato social. Es cuatro veces más frecuente en mujeres que en varones, aunque su máxima prevalencia se produce entre los 40 y los 60 años. Los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) estiman que al menos 1 millón de personas en los Estados Unidos lo padecen, pero sólo se diagnostica un 20% o incluso menos de todas las personas que padecen un SFC.

No se conocen las causas del SFC. Se puede identificar una sola causa, pero muchos investigadores consideran que el SFC tiene muchos desencadenantes. Estos pueden incluir:

  • Infección viral, como el virus de Epstein Barr, aunque no se ha demostrado que el microbio sea la causa.
  • Disfunción inmune producida por un trauma, estrés o alergia, que pueden desencadenar el SFC.
  • Deficiencia nutricional.
  • Presión sanguínea anormalmente baja (hipotensión mediada neuralmente) que puede causar desmayos.
  • Alteraciones del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HHA), posiblemente causado por la inactividad, alteraciones del sueño, comorbilidad psiquiátrica, medicación, o estrés.

Los investigadores han observado patrones familiares y creen que puede haber una tendencia a tener una predisposición genética heredada de la enfermedad. Algunos investigadores creen que investigaciones posteriores revelarán que el SFC no es una simple enfermedad, sino un grupo de diferentes enfermedades con un punto final similar.

Se sabe que las personas afectadas con el SFC tienen un comienzo definido de los síntomas, esto es, un tiempo antes del cual se sentían bien y tenían energía para realizar las tareas normales diarias. Aproximadamente en el 75% de los casos, el SFC está precedido por lo que parece ser una enfermedad similar a la gripe. En otras situaciones, el SFC aparece después de un intenso periodo de estrés físico o emocional, y en ocasiones aparece lentamente, de modo que los afectados notan un descenso gradual de su energía y bienestar.

Un gran número de enfermedades pueden causar síntomas similares o efectos secundarios. Los ejemplos incluyen el hipotiroidismo, mononucleosis, alteraciones psicológicas, desórdenes alimentarios, cáncer, enfermedades autoinmunes, infecciones, abuso de drogas o alcohol, reacciones a medicaciones prescritas, y por cualquier razón no dormir suficientes horas o no dormir sin interrupciones. En estos casos, una razón subyacente para tener fatiga se puede establecer y a menudo tratarla. Esta fatiga temporal que dura poco o mucho tiempo, se debe distinguir del SFC.

Hasta el momento, no hay una prueba simple o de evaluación que permita diagnosticar el SFC. Sin embargo, hay una serie de signos y síntomas que se usan como criterios para ayudar a identificarlo.

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Acerca de síndrome de fatiga crónica
  • Signos y síntomas

    Los Centers for Disease Control and Prevention (CDC), en colaboración con un grupo internacional de expertos en el SFC, propusieron una definición para el SFC, que requiere la presencia de los siguientes signos y síntomas:

    • Presencia de una fatiga grave y crónica durante al menos seis meses consecutivos o más, habiéndo excluido otros posibles diagnósticos clínicos.
    • Interferencias significativas en las actividades diarias y en el trabajo.
    • Presentar además de manera concurrente cuatro o más de los ocho siguientes síntomas, que deben durar o ser recurrentes durante más de 6 meses:
      • Incapacidad de concentrarse: problemas con la memoria de corto plazo o el mantenimiento de la atención.
      • Dolor de garganta frecuente y persistente.
      • Ganglios dolorosos a la palpación, en la zona axilar o en el cuello.
      • Dolor muscular.
      • Dolores múltiples de las articulaciones, sin hinchazón ni enrojecimiento de las mismas.
      • Dolores de cabeza de diversas características y gravedad.
      • Sueño no reparador.
      • Fatiga extrema que dura más allá de 24 horas después de mantener una actividad física o mental.

    En el año 2015, la National Academy of Medicine (antiguo Institute of Medicine) (IOM) Committee on Diagnostic Criteria for Myalgic Encephalomyelitis/Chronic Fatigue Syndrome elaboró un informe que proponía nuevos criterios diagnósticos para el SFC, intentando mejorar el diagnóstico y los cuidados de los afectados. Algunos criterios son los mismos que se indicaron anteriormente y el médico puede aplicar algunos de ellos al evaluar al paciente. Para diagnosticar a una persona de encefalomielitis miálgica/síndrome de fatiga crónica (EM/SFC) el paciente debe tener los siguientes tres síntomas:

    • Fatiga extrema durante más de 6 meses, con un descenso de la capacidad de realizar las actividades diarias, como el trabajo, la escuela, actos sociales o el cuidado personal; la fatiga y la disfunción pueden ser nuevas o tener un comienzo definido, no estar provocado por un ejercicio excesivo continuado, pero además no mejora con el reposo.
    • Sentirse decaído (malestar general) o tener un sentimiento general de disconfort después de hacer ejercicio o después de un gasto de energía.
    • Despertarte sin sentirte descansado.

    Al menos uno de los siguientes dos síntomas debe estar presente y se evaluará la frecuencia y gravedad. Debe afectar a la persona al menos la mitad del tiempo y ser, al menos, moderadamente intensa.

    • Incapacidad para concentrarse. Problemas con la memoria o el mantenimiento de la atención (daño cognitivo).
    • Sentirse aturdido o mareado, desmayarse o tener palpitaciones cardíacas después de pasar de la posición de sentado o tumbado a la posición de pie (intolerancia ortostática).

    Además de los síntomas primarios de SFC, se pueden ver una variedad de otros síntomas. Estos incluyen:

    • Dolor abdominal, hinchazón, náuseas, vómitos, pérdida de apetito.
    • Alergias e hipersensibilidad a alimentos, olores, productos químicos, medicamentos y sonidos.
    • Dolor torácico.
    • Escalofríos y sudoración nocturna.
    • Tos crónica.
    • Depresión y ansiedad.
    • Orinar con frecuencia.
    • Sensibilidad al calor y al frío.
    • Temperatura corporal baja.
    • Sequedad de ojos y boca.
    • Dolores de oído.
    • Dolor mandibular.
    • Algunas décimas de fiebre.
    • Rigidez de las articulaciones, especialmente matutina.
    • Entumecimiento, hormigueo o sensación de quemazón en cara, manos o pies.
    • Dificultad para respirar.
  • Pruebas relacionadas

    No se dispone en la actualidad de ninguna prueba de laboratorio o radiológica que permita diagnosticar el SFC. El síndrome se diagnostica por exclusión, descartando otras causas. Esto implica:

    • Realizar una historia clínica bien documentada del paciente.
    • Hacer una exploración médica minuciosa.
    • Realizar pruebas de función cognitiva.
    • Descartar otras situaciones que podrían causar o exacerbar la fatiga (y/o identificando y tratando aquellas que se puedan).
    • Verificar que se cumplen los criterios de la definición del SFC según los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) o la National Academy of Medicine.
    • Monitorizar al paciente para detectar si se manifiestan otras patologías subyacentes.

    La fatiga crónica de los pacientes se puede clasificar en idiopática o desconocida si no cumplen los criterios de los síntomas de los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) o de la National Academy of Medicine para el diagnóstico del SFC o si no tienen todavía una fatiga grave.

    Las pruebas de laboratorio pueden ser útiles para contribuir al diagnóstico de otras patologías con sintomatología similar, y que deberían ser identificadas y tratadas antes de ratificar el diagnóstico de SFC. Los CDC recomiendan realizar algunas pruebas de laboratorio, detalladas a continuación.

    Pruebas de laboratorio

    • Estudio metabólico completo: incluye varias pruebas que pueden usarse para evaluar la salud de los órganos y detectar una variedad de enfermedades, tales como la enfermedad hepática o renal.
    • Hemograma: para investigar, por ejemplo, si existe anemia o infección.
    • Proteína C reactiva (PCR) o velocidad de sedimentación globular (VSG): si no se dispone de la PCR, como indicadores inespecíficos de inflamación.
    • TSH (tirotropina) y otras pruebas de función tiroidea: ya que el hipotiroidismo puede ocasionar síntomas similares a los del SFC.
    • Estudios relacionados con el metabolismo del hierro: para evaluar si existe carencia de hierro o trastornos que afecten a su almacenamiento o a su utilización.
    • Urianálisis: para conocer si existen infecciones y otras enfermedades.

    También pueden solicitarse otras pruebas para hacer un seguimiento adecuado de los resultados que se hayan encontrado alterados. Estas pruebas adicionales se utilizan para identificar o descartar trastornos distintos del SFC que generan fatiga, o signos y síntomas compatibles con él. Entre estas pruebas se incluyen:

    Otras pruebas diagnósticas (ajenas al laboratorio)

    Ocasionalmente, puede solicitarse una RM (resonancia magnética) para descartar que se trate de una esclerosis múltiple que también causa fatiga. También pueden realizarse otros tipos de pruebas de laboratorio y radiológicas, aunque no se considera que tengan utilidad clínica.

  • Tratamiento

    El síndrome de fatiga crónica (SFC) no tiene cura, por lo que el tratamiento va dirigido a aliviar los síntomas y adoptar cambios en el estilo de vida; en la actualidad, el SFC no puede curarse. El tratamiento incluye:

    • Terapia cognitivo-conductual (TCC).
    • Técnicas para conciliar el sueño.
    • Técnicas de relajación y de disminución del estrés, entre las que se incluye el yoga, la meditación, masajes y ejercicios de respiración.
    • Medicación para reducir la fiebre y las molestias debidas al dolor.
    • Fármacos para tratar la ansiedad (ansiolíticos).
    • Fármacos para tratar la depresión (antidepresivos).

    Algunas medicaciones pueden ocasionar reacciones adversas o efectos colaterales que pueden ser peores que los propios síntomas del SFC.

    Muchos de los pacientes afectados de un SFC pueden mejorar con el paso del tiempo, si bien los síntomas pueden persistir durante años o para toda la vida. Los expertos recomiendan que los pacientes sean conscientes de sus niveles de energía y programen su actividad física y su tiempo en función de aquella. Seguir una dieta equilibrada y realizar ejercicio físico de manera moderada pueden ayudar a mantener las capacidades funcionales, mejorar el estado de ánimo del paciente y conciliar el sueño. Respecto a esto, existen múltiples folletos y guías que pueden ayudar al paciente a conseguir este objetivo nutricional. Por ejemplo, la Sociedad Española de Fibromialgia y Síndrome de Fatiga Crónica (SEFIFAC) elabora una serie de documentos muy interesantes para los pacientes, que se pueden consultar en el siguiente enlace.

    La asistencia psicológica y los grupos de apoyo contribuyen a que el paciente pueda enfrentarse a las frustraciones físicas, psicológicas, financieras y sociales derivadas de su enfermedad.

    Las personas con SFC deben colaborar con su médico para determinar el tipo de tratamiento que les conviene. El tratamiento que es válido para una persona puede no serlo para otra; además, muchos de los pacientes con SFC son especialmente sensibles a los efectos colaterales del tratamiento.

Bibliografía

Este artículo está basado en las fuentes bibliográficas que se citan a continuación, así como en la propia experiencia del Comité de expertos y revisores de Lab Tests Online. Además, este apartado es revisado periódicamente por el Consejo Editorial, con el fin de mantenerlo actualizado.

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