También conocido como
Artritis infecciosa; Artritis bacteriana
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08.02.2018.
¿En qué consiste?

La artritis séptica, también conocida como artritis infecciosa, está causada normalmente por una infección bacteriana, y más raramente por una infección vírica o fúngica. La infección puede originarse en la propia articulación a consecuencia de una herida o de una intervención quirúrgica, o bien puede llegar a la articulación a partir de cualquier otro punto del organismo. La artritis séptica se puede dar a cualquier edad aunque es más frecuente en niños menores de 4 años y en ancianos.

Se trata de una inflamación aguda que causa dolor articular severo, enrojecimiento e inflamación de la articulación, incapacidad para movilizar la articulación y en algunos casos, puede acompañarse de fiebre y escalofríos. Por otra parte, los signos y síntomas pueden evolucionar más lentamente, de manera que la infección acaba por cronificarse. La artritis séptica puede afectar a cualquier articulación aunque es más frecuente en rodillas, caderas, hombros, muñecas, codos y articulaciones de los dedos. Normalmente se afecta una única articulación pero también pueden afectarse varias. Esta situación debe diagnosticarse y tratarse inmediatamente ya que puede destruir las articulaciones en un corto período de tiempo.

La artritis séptica puede aparecer en personas que han padecido una lesión traumática reciente, en aquéllas a las que se ha intervenido quirúrgicamente o llevan articulaciones artificiales (prótesis), y en personas con infección en la sangre (bacteriemia o septicemia). Los microorganismos pueden llegar a las articulaciones desde otro punto de infección (por ejemplo el oído interno o el tracto urinario) vehiculizados por la sangre. Otros factores de riesgo para desarrollar una artritis séptica incluyen padecer diabetes o anemia, que el sistema inmune esté debilitado (inmunosupresión) o tomar medicamentos inmunosupressores, y/o cualquier otra circunstancia que pueda afectar a las articulaciones como gota, osteoartritis o artritis reumatoide. Las personas con trastornos cutáneos como psoriasis, eccema o infecciones de la piel también presentan mayor riesgo de desarrollar una artritis séptica.

La forma aguda de artritis séptica está causada por bacterias como Staphylococcus o Streptococcus; el más común es Staphylococcus aureus.

A veces, otros microorganismos como el VIH, el parvovirus B19, u otros como los que causan la enfermedad de Lyme, la hepatitis B, la parotiditis (paperas) o la rubeola pueden afectar a una articulación. La artritis séptica crónica suele ser menos dolorosa y progresa lentamente, es menos frecuente y suele deberse a Mycobacterium tuberculosis y a Candida albicans.

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Acerca de Artritis séptica
  • Pruebas relacionadas

    Las pruebas de laboratorio en casos de artritis séptica son importantes para identificar al microorganismo causante de la infección, determinar el tratamiento antimicrobiano más adecuado, monitorizar la eficacia del mismo y evaluar el estado físico de las articulaciones afectadas.

    Pruebas de laboratorio

    • Análisis del líquido sinovial - para detectar la presencia de posibles cristales o células inflamatorias que ayuden a establecer si la causa puede ser infecciosa o no infecciosa (por ejemplo, en el caso de la gota)
    • Cultivo de líquido articular - para detectar la presencia de bacterias, micobacterias o levaduras u hongos en la articulación y determinar los antimicrobianos más adecuados, así como para evaluar la eficacia del tratamiento
    • Hemocultivo - para determinar si en la sangre existe algún microorganismo
    • Hemograma - para determinar el número de hematíes o glóbulos rojos y de leucocitos o glóbulos blancos de la sangre que indicarían reacción a una infección y que serían de ayuda en la evaluación y monitorización de la afectación articular
    • Velocidad de sedimentación globular y/o proteína C reactiva - para detectar inflamación; pueden ser útiles para valorar la respuesta al tratamiento

    Otras pruebas diagnósticas (ajenas al laboratorio)

    • Radiografía de la articulación para evaluar las lesiones articulares, aunque es posible que no se visualicen anomalías si las lesiones no son muy significativas.
  • Tratamiento

    Los objetivos del tratamiento consisten en eliminar la infección, reducir la inflamación y la presión ocasionada por el fluido articular, minimizar la lesión articular y mantener y/o recuperar la movilidad de la articulación. Es esencial establecer un tratamiento inmediato para prevenir la destrucción articular que puede ser muy rápida, en horas o días.

    El tratamiento principal consiste en administrar los agentes antimicrobianos adecuados, incluso antibióticos por vía intravenosa y realizar un drenaje de la articulación si fuera necesario.

    Se suele aspirar el fluido articular para aliviar la presión sobre la articulación y para analizarlo, identificando así al microorganismo causante de la infección. En algunos casos puede ser necesaria la cirugía para conseguir drenar el fluido o líquido articular.

    La medicación selecionada dependerá del tipo de fármaco al que el microorganismo sea sensible y de la capacidad del antimicrobiano para difundir hasta el espacio articular que es donde se localiza la infección. Es posible que se empiece el tratamiento antes de tener los resultados del laboratorio, para evitar que la lesión y destrucción articular avance. En algunos casos como en las infecciones por micobacterias, debe utilizarse una combinación de fármacos y además durante un período de tiempo prolongado. Las infecciones víricas suelen remitir solas.

    También se trata la inflamación y el dolor con antiinflamatorios no esteriodeos; puede asimismo recomendarse fisioterapia.

Bibliografía

NOTA: Este artículo está basado en las fuentes bibliográficas que se citan a continuación, así como en la propia experiencia del Comité de expertos y revisores de Lab Tests Online. Además, este apartado es revisado periódicamente por el Consejo Editorial, con el fin de mantenerlo actualizado.

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