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15.02.2018.
¿En qué consiste?

En un estado de deshidratación se produce una pérdida excesiva de agua en los tejidos del organismo. A menudo se acompaña de alteraciones del equilibrio de electrolitos como sodio, potasio y cloro. Puede acontecer siempre que se pierda líquidos y estos no se repongan adecuadamente. La deshidratación leve genera sed, cansancio y dolor de cabeza; si es grave aparecen signos y síntomas más importantes como confusión, hipotensión, shock e incluso la muerte.

El cuerpo humano está compuesto por cerca de un 60-70% de agua, que debe además aportarse de manera continuada para asegurar la función de órganos y tejidos. El agua se incorpora esencialmente a través de la toma de líquidos, y secundariamente a través de los alimentos que componen la dieta; se absorbe a nivel intestinal y de ahí se distribuye por todo el organismo. El agua forma parte del fluido que contienen las células en su interior, de los espacios entre las células y tejidos, del sistema linfático, de las membranas mucosas y de la porción líquida de la sangre (suero, plasma). En caso necesario, los fluidos pueden trasvasarse de un compartimento del organismo a otro.

La mayor parte del agua del organismo se filtra y se reabsorbe a nivel de los riñones, garantizándose así su recirculación. El exceso de agua junto con las sustancias de desecho constituyen la orina y se eliminan del organismo con la micción. Además, continuamente se están perdiendo pequeñas cantidades de agua al respirar, por el sudor y por las heces. La cantidad total de agua perdida diariamente oscila entre 1.5 y 2 litros:

Heces 50 - 100 mL / día
Evaporación /Exhalación 500 - 1000 mL / día
Orina 1000 - 2000 mL / día

El mantenimiento del balance y de la conservación del agua en el organismo es un proceso complejo. Los riñones forman parte de un sistema de retroalimentación que conserva o elimina agua concentrando o diluyendo la orina, y controlando la conservación del sodio. Los electrolitos - sodio, potasio, cloruro y bicarbonato- son esenciales en la regulación del equilibrio ácido-base y en la manutención de la hidratación y de la carga neutra eléctrica a nivel celular.

Este sistema de regulación del agua y de los electrolitos es primordial para garantizar un correcto estado de hidratación. El organismo dispone de sensores que perciben y responden a aumentos o disminuciones de la cantidad de agua y sustancias disueltas en ella en el torrente sanguíneo. A medida que aumenta el número de partículas disueltas en sangre (osmolalidad), ya sea por aumento absoluto de estas sustancias o por pérdida de agua, el hipotálamo - glándula del cerebro - secreta hormona antidiurética (ADH). Esta hormona envía una señal para que los riñones conserven el agua. El agua se desplaza del interior celular hacia la sangre para así mantener el volumen y la presión de la sangre. Si esta situación no se corrige, los tejidos se secan, las células se retraen (se encogen) y no son capaces de llevar a cabo su función. Si los niveles de líquido siguen disminuyendo, el cerebro pone en marcha el mecanismo de la sed y el individuo necesita beber agua. La actuación conjunta de estos mecanismos mantiene un equilibrio dinámico de los fluidos del organismo.

La deshidratación ocurre cuando los líquidos o fluidos se pierden a mayor velocidad de la que se reponen. Esto puede suceder en caso de vómitos, diarrea, sudoración, toma de diuréticos (fármacos que aumentan la producción de orina) y/o si no se toma suficiente agua bebiendo o con los alimentos. La situación puede agravarse si el individuo pierde además demasiado sodio (tendrá una hiponatremia) o muy poco sodio (tendrá una hipernatremia) en relación a la disminución del agua. Una deshidratación prolongada puede acabar en un shock y afectar a órganos, especialmente el cerebro, apareciendo confusión, coma e incluso la muerte.

Cualquier persona puede presentar una deshidratación aunque son especialmente susceptibles los niños, los ancianos, los individuos inmunodeprimidos (o inmunocomprometidos) y las personas con enfermedades subyacentes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) las enfermedades que generan diarreas constituyen una de las cinco causas principales de muerte en menores de 5 años.

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Acerca de Deshidratación
  • Causas

    En diarreas o vómitos prolongados se pueden perder cantidades importantes de agua y en poco tiempo. Pueden observarse vómitos o diarrea en multitud de trastornos, como por ejemplo:

    • Gastroenteritis (gripe intestinal) – inflamación del tracto digestivo; causa muy común de vómitos y diarrea a cualquier edad; puede ser debida a enfermedades transmitidas por agua o por alimentos; las infecciones bacterianas, víricas o parasitarias del tracto digestivo pueden ser la causa.
    • Obstrucción, por ejemplo, del tracto digestivo
    • Sobredosis o toxicidad de ciertos fármacos
    • Malabsorción
    • Enfermedad inflamatoria intestinal
    • Síndrome del colon irritable

    También pueden perderse líquidos en casos de:

    • Fiebre
    • Quemadas
    • Ejercicio físico intenso o prolongado con sudoración profusa, como sucede en atletas cuando entrenan a elevadas temperaturas
    • Emisión excesiva de orina en:
      • Algunas enfermedades que afectan a la capacidad del organismo para concentrar la orina y retener el agua
      • Diabetes mal controlada (cetoacidosis diabética)
      • Toma de fármacos como diuréticos
    • Sangrados excesivos

    Es posible que al organismo le falten fluidos debido a un aporte insuficiente de líquidos, como por ejemplo en:

    • Bebés - ya que no pueden avisar de que tienen sed
    • Inflamaciones o llagas o úlceras orales (en la boca) – por el dolor que provocan
    • Ancianos que no pueden beber por sí mismos si no reciben ayuda
    • Falta de agua
    • Disminución de la sensación de sed o hambre

    Algunas causas poco frecuentes serían:

    • Diabetes insípida
    • Enfermedad de Addison
  • Signos y síntomas

    Los signos y síntomas de la deshidratación varían entre individuos y en función del tiempo en que se ha estado sin tomar agua.

    La deshidratación leve puede no ocasionar signos ni síntomas, o bien pueden ser muy leves y pasar desapercibidos. Algunos ejemplos incluyen:

    • Aumento de la sensación de sed
    • Boca seca
    • Menor necesidad de orinar, emisión de orina oscura por el hecho de estar más concentrada
    • Estreñimiento
    • Sequedad ocular (menos lágrimas)
    • Leve hundimiento de los globos oculares, en bebés
    • Cansancio
    • Sequedad de la piel
    • Dolor de cabeza
    • Mareos, sensación de embotamiento

    La deshidratación severa puede generar signos y síntomas más graves, como.

    • Falta de lágrimas y de sudor
    • No emisión de orina – y la poca que quizás se produce es muy oscura
    • Sed intensa
    • Boca y membranas mucosas extremadamente secas
    • Piel seca y sin elasticidad
    • Hundimiento de los globos oculares, en bebés
    • Hundimiento de las fontanelas (espacios membranosos que hay en el cráneo antes de su osificación completa), en bebés
    • Respiración acelerada
    • Aumento de la frecuencia cardíaca
    • Hipotensión
    • Confusión y, en casos críticos, pérdida de la conciencia
  • Pruebas relacionadas

    El diagnóstico de una deshidratación se establece por los signos y por los síntomas que refiere el individuo. Si la deshidratación es leve o moderada no suele ser necesario tratamiento alguno. En la evaluación de casos más graves se pueden utilizar varias pruebas, ya sean del laboratorio o no.

    Pruebas ajenas al laboratorio

    • Medición de la cantidad de orina emitida y de la producción de lágrimas
    • Exploración de la sequedad de la piel y de las membranas mucosas
    • Aumento de la frecuencia respiratoria
    • Aumento de la frecuencia cardíaca
    • Disminución de la presión arterial (hipotensión)
    • Turgencia de la piel – al pellizcar la piel y liberarla del pellizco, observar cuanto le cuesta a la piel recuperar el estado previo al pellizco
    • Velocidad de llenado de los capilares sanguíneos
    • Apariencia de los ojos – hundidos
    • Estado de conciencia

    Pruebas del laboratorio

    En casos de deshidratación severa se solicitan pruebas de laboratorio para identificar trastornos de tipo hidroelectrolítrico y del equilibrio ácido-base; las pruebas también son útiles para evaluar la función renal y de otros órganos. Si se detectan anomalías, se realizará una monitorización del estado de salud del individuo y de la respuesta al tratamiento con pruebas seriadas en el tiempo. Entre estas pruebas se incluyen:

    • Equilibrio ácido-base (acidosis y alcalosis), electrolitos (sodio, potasio, cloruro, bicarbonato), urea y creatinina (estas últimas suelen estar elevadas)
    • Urianálisis
    • Hemograma – el hematocrio es especialmente importante y puede estar aumentado
    • Glucosa – si existe una diabetes mal controlada estará elevada
    • Osmolalidad en sangre y/o en orina – para evaluar si se mantiene el equilibrio de agua en el organismo

    Si la causa de la deshidratación es evidente no suele ser necesario realizar pruebas adicionales. Sin embargo, si la causa se desconoce, algunas pruebas aportarán información valiosa para diagnosticar enfermedades subyacentes y establecer un tratamiento adecuado de las mismas, como las que se asocian a vómitos y diarrea.

    • Cultivo de heces – para saber si una infección bacteriana puede ser la causa de la diarrea
    • Pruebas para evaluar Clostridium difficile y toxina del C. difficile
    • Parásitos en heces

    Otras pruebas adicionales pueden ser:

    • Cuerpos cetónicos en sangre – si se sospecha una cetoacidosis diabética
    • Drogas de abuso – para detectar posibles sobredosis
    • Perfil hepático – para detectar enfermedad hepática
    • Hormona antidiurética (ADH), más raramente – si se sospecha una diabetes insípida
    • Cortisol – para detectar una enfermedad de Addison
  • Prevención y tratamiento

    Lo mejor es prevenir la deshidratación bebiendo una cantidad de líquidos adecuada, especialmente en casos de pérdida importante de agua por la transpiración, y reponer las pérdidas a medida que se producen. En caso de ejercicio físico intenso y prolongado es importante beber agua antes, durante y después de la actividad. Normalmente se considera que un adulto debería de beber el equivalente a 6 vasos de fluidos al día (incluyendo lo que se deriva de alimentos con elevado contenido de agua, como verduras, frutas) para mantener un estado de hidratación adecuado.

    La deshidratación leve en adultos se corrige fácilmente bebiendo más cantidad de agua. Si la deshidratación es moderada o grave, el tratamiento puede ser más complejo, especialmente si existe un desequilibrio electrolítico con falta o exceso de sodio (hiponatremia e hipernatremia, respectivamente); en estos casos la administración única de agua suele ser insuficiente porque no se consigue restablecer el equilibrio electrolítico.

    Las soluciones orales de rehidratación que contienen cantidades pequeñas pero específicas de sales y azúcar a menudo son muy útiles para restablecer el equilibrio hidroelectrolítico. Las soluciones orales son distintas a las bebidas que se consumen en ámbitos deportivos, a las bebidas energéticas, o sencillamente a las aguas con sabores variados, ya que el tipo y proporción de ingredientes varían en cada una de ellas.

    Si se rehidrata muy bruscamente a una persona deshidratada, pueden producirse complicaciones importantes, como edema cerebral. Por otra parte, puede ser difícil intentar retener grandes cantidades de líquido cuando la deshidratación obedece a vómitos. Lo más adecuado es administrar pequeñas cantidades de líquido frecuentemente durante varias horas, a la vez que se monitoriza el estado del individuo.

    En algunos casos suele ser necesaria la hospitalización con la finalidad de reponer los líquidos por vía intravenosa.

    Además, siempre deberá corregirse el trastorno de base que haya provocado los vómitos, diarreas o los problemas que hayan exacerbado la deshidratación.

Bibliografía

NOTA: Este artículo está basado en las fuentes bibliográficas que se citan a continuación, así como en la propia experiencia del Comité de expertos y revisores de Lab Tests Online. Además, este apartado es revisado periódicamente por el Consejo Editorial, con el fin de mantenerlo actualizado.

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