También conocido como
síndrome X; síndrome dismetabólico; síndrome de resistencia insulínica; síndrome relacionado con la obesidad; síndrome de Reaven
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Este artículo fue modificado por última vez el 03.05.2018.
¿En qué consiste?

El síndrome metabólico lo constituye una serie de factores de riesgo que incluyen:

  • Obesidad abdominal
  • Disminución de la capacidad para procesar la glucosa (aumento de la glucosa en sangre y/o resistencia a la insulina)
  • Niveles de lípidos no saludables (dislipemia)
  • Aumento de la presión arterial (hipertensión)

Las personas que tienen este síndrome presentan mayor riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular y/o diabetes tipo 2. El síndrome metabólico es bastante frecuente y recibe varios nombres (síndrome dismetabólico, síndrome X, síndrome de resistencia insulínica, síndrome relacionado con la obesidad y síndrome de Reaven). A muchas personas con este síndrome se las ha educado en la importancia de detectar signos de diabetes, en controlar la presión arterial y los niveles de colesterol, y en la práctica del ejercicio, pero poco se ha hablado respecto a considerar de manera conjunta todos estos factores excepto para la consecución de un estilo de vida saludable.

El síndrome metabólico puede afectar a cualquier persona y a cualquier edad, aunque es más frecuente en personas sedentarias y con sobrepeso, cuya grasa se localiza mayoritariamente en el área abdominal.

A pesar de que diversos organismos nacionales e internacionales emplean ciertos criterios para definir el síndrome metabólico, otros organismos como la American Diabetes Association (ADA) cuestionan el valor de un diagnóstico específico de un síndrome metabólico. Se basan en que los criterios, considerados de manera conjunta, no proporcionan utilidad adicional respecto a los criterios considerados individualmente, para predecir el riesgo de enfermedad cadiovascular o diabetes. La ADA sugiere que los científicos deben primero ponerse de acuerdo antes de considerar si el síndrome metabólico puede definirse como síndrome.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó la primera definición de síndrome metabólico en 1998, pero los criterios más ampliamente aceptados fueron los propuestos en el tercer informe del panel de expertos del National Cholesterol Education Program (ATP III) para la detección, evaluación y tratamiento de niveles altos de colesterol en adultos.

La American Heart Association (AHA) y el National Heart, Lung, and Blood Institute (NHLBI) también propusieron una serie de conceptos que definen el síndrome metabólico. La tabla siguiente resume los distintos criterios de las distintas organizaciones.

Dato clínico OMS1 ATP III2 AHA / NHLBI3
Circunferencia de la cintura  

≥102 cm en varones

≥88 cm en mujeres

Igual que ATP III
IMC IMC > 30 kg/m2    
Triglicéridos ≥150 mg/dL Igual que OMS Igual que OMS
Colesterol HDL

<35 mg/dL en varones

<39 mg/dL en mujeres

<40 mg/dL en varones

<50 mg/dL en mujeres

Igual que ATP III
Presión arterial ≥140/90 mm Hg ≥130/85 mm Hg Igual que ATP III
Glucosa IGT, IFG o T2D En ayunas, >110 mg/dL (IFG) En ayunas, ≥100 mg/dL (IFG)
Resistencia a la insulina SI NO NO
Microalbuminuria SI NO NO

Referencias:

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2. National Cholesterol Education Program (NCEP) Adult Treatment Panel III final report. Circulation 2002;106:3143–3421.

3. Grundy, SM, et al. Circulation 2005;112:2735–2752.

Notas: OMS requiere resistencia a la insulina más dos factores de riesgo adicionales para el diagnóstico; ATP III requiere tres factores de riesgo de un total de cinco para el diagnóstico. AHA/NHLBI recomiendan que triglicéridos, colesterol HDL, y glucosa en sangre deberían estar alterados para prescribir un tratamiento farmacológico.

Abreviaturas: IMC=Índice de masa corporal; IGT=alteración de la tolerancia a la glucosa; IFG=alteración de los niveles de glucosa en ayunas; T2D=Diabetes tipo 2

Adaptado de: Pizzi, R.,  Agreeing to Disagree: ADA, AHA Publish Opposing Views on Metabolic Syndrome, Clincal Laboratory News, January 2006 Volume 32, No. 1

Hay aspectos relacionados con el síndrome metabólico que no se han incluido en el ATP III como las tendencias protrombóticas (formación de coágulos) y proinflamatorias. A pesar de que los síntomas de la enfermedad pueden estar ausentes, estas tendencias pueden ser un aviso de una mayor probabilidad de obstrucción de arterias, enfermedad cardíaca, infartos cerebrales (accidente vascular cerebral), diabetes, enfermedad renal e incluso muerte prematura. Si no se trata, el síndrome metabólico puede dar complicaciones en menos de 15 años. Si al síndrome metabólico se le asocia el tabaco, empeora el pronóstico.

La principal causa de la mayoría de casos de síndrome metabólico se encuentra en unos hábitos alimentarios pobres y en un estilo de vida sedentario. En algunos casos se diagnostica en pacientes hipertensos y en casos de diabetes mal controlada. Una minoría se produce en pacientes con factores genéticos asociados, todavía poco conocidos.

Todos los factores asociados al síndrome metabólico están interrelacionados. La obesidad y la falta de ejercicio tienden a producir una resistencia insulínica. Ésta tiene un efecto negativo sobre la producción de lípidos, aumentando las VLDL (lipoproteínas de muy baja densidad), las LDL (lipoproteínas de baja densidad o "colesterol malo") y los triglicéridos en sangre, y disminuyendo las HDL (lipoproteínas de alta densidad o "colesterol bueno"). Todo esto conduce a la formación de placas de grasa en las arterias, aumentando así el riesgo de enfermedad cardiovascular y accidentes vasculares cerebrales. La resistencia insulínica también aumenta los niveles de insulina y de glucosa en sangre. El exceso de insulina aumenta la retención de sodio por el riñón, que a su vez ocasiona un aumento de la presión sanguínea e hipertensión. Niveles altos de glucosa durante mucho tiempo provocan daño en vasos sanguíneos y órganos como los riñones. Si desea más información la encontrará en esta misma página bajo el epígrafe "Otros detalles".

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Acerca de Síndrome metabólico
  • Pruebas relacionadas

    Se puede sospechar el síndrome metabólico en una persona que tenga una obesidad central/abdominal y un estilo de vida sedentario, pero para realizar el diagnóstico son necesarias diferentes pruebas. Entre las pruebas recomendadas destacan las que se exponen a continuación.

    Pruebas de laboratorio

    • Glucosa: normalmente se solicita la glucosa en ayunas pero, en algunos casos, se puede solicitar una glucosa postpandrial (después de la comida) o un TTOG (Test de Tolerancia Oral a la Glucosa, en el que se mide la glucosa a diferentes tiempos después de administrar una cantidad conocida de glucosa). El objetivo es saber si la persona tiene una respuesta alterada a la glucosa y en consecuencia, niveles elevados de glucosa en sangre.
    • Perfil lipídico: se mide colesterol HDL, colesterol LDL, triglicéridos y colesterol VLDL. Si los triglicéridos son significativamente altos, debería medirse el colesterol LDL por un método directo

    Otras pruebas de laboratorio no están recomendadas en el diagnóstico del síndrome metabólico, pero pueden aportar cierta información. Incluyen:

    • Péptido C. Constituye un marcador endógeno (propio del individuo) fiable de la producción de insulina
    • Microalbúmina. Es un indicador precoz de enfermedad renal, por lo que se usa en el seguimiento de las personas diabéticas según recomendaciones de la OMS.
    • Proteína C reactiva ultrasensible. Determina el grado de inflamación, lo que resulta útil en la evaluación del riesgo cardiovascular
    • LDL pequeñas y densas. Se determina la cantidad de este tipo de partículas que tiene el individuo. Las LDL se clasifican según su tamaño, y las más pequeñas y más densas, que se forman cuando la concentración de triglicéridos y VLDL en la sangre son altas, se cree que son las más agresivas en la formación de placas de aterosclerosis. Esta prueba no se hace en todos los laboratorios, se solicita raramente y no está bien establecida su utilidad clínica
    • Insulina. La insulina en ayunas es demasiado variable para ser útil en el diagnóstico del síndrome metabólico, pero suele estar elevada en personas afectas de este síndrome

    Hay otras pruebas cuya utilidad en el diagnóstico del síndrome metabólico todavía no ha sido bien establecida. Destacan el inhibidor de tipo 1 del activador de plasminógeno (PAI-1) y la proinsulina.

    Otras pruebas diagnósticas (ajenas al laboratorio)

    • Presión arterial. Para detectar si existe hipertensión
    • Peso y circunferencia abdominal. Para objetivar la obesidad abdominal
    • IMC (Índice de Masa Corporal). Es una medida alternativa de la obesidad. Para calcularla son necesarios el peso y la talla, y se calcula según se indica: [Peso (Kg) / Talla al cuadrado (metros)]. Por ejemplo, para un peso de 75 kg y una talla de 1.75 metros el IMC sería: 75 / (1.75 x 1.75) = 24.5. Se considera obeso a un adulto si su IMC es mayor de 30. Sin embargo este cálculo no tiene en cuenta la distribución del exceso de peso en el cuerpo.
  • Tratamiento

    Los principales tratamientos para el síndrome metabólico son la pérdida de peso, el ejercicio regular y el abandono de consumo de tabaco. La pérdida de peso y el ejercicio pueden:

    • Disminuir la presión arterial
    • Aumentar la sensibilidad a la insulina
    • Disminuir los triglicéridos y el colesterol LDL
    • Aumentar el colesterol HDL
    • Disminuir el riesgo de enfermedad cardiovascular y de accidente vascular cerebral

    El tratamiento farmacológico puede ser necesario para controlar la hipertensión y los niveles altos de colesterol. Algunos médicos recomiendan la aspirina para disminuir el riesgo de formación de coágulos y una minoría también prescribe fármacos para aumentar la sensibilidad a la insulina (aunque no existe un acuerdo amplio en este aspecto).

    Las personas con síndrome metabólico deberían aunar esfuerzos con su médico y otros profesionales como el dietista para conseguir un tratamiento individualizado y la monitorización de su eficacia.

  • Otros detalles

    La insulina es una hormona que permite la entrada de glucosa en las células, donde se usa para producir energía. También da la señal al hígado para que o bien almacene el exceso de glucosa en forma de glucógeno (almacén de energía a corto plazo) y/o use el exceso de glucosa para formar ácidos grasos (que se convertirán en triglicéridos). En las personas con resistencia a la insulina, el páncreas tiene que producir una cantidad adicional de insulina para vencer la resistencia de las células a la insulina y conseguir que la glucosa entre en las células. Esta resistencia y también la respuesta a la resistencia produce el aumento de insulina y de glucosa en la sangre. Al cabo del tiempo, esta hiperglicemia puede dañar los vasos sanguíneos y los órganos, como el riñón. El aumento de insulina puede producir retención de sodio, dando lugar a la hipertensión.

    El hígado usa los triglicéridos, el colesterol y las proteínas para producir lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL). En la circulación, una enzima escinde los triglicéridos de las VLDL para crear primero las lipoproteínas de densidad intermedia (IDL) y luego las de baja densidad (LDL, el colesterol "malo"). No todo es "malo" en las LDL, ya que juegan un papel esencial en el metabolismo de los lípidos y en la integridad de las membranas celulares así como en la producción de hormonas sexuales y de esteroides. No obstante, las LDL en exceso se pueden oxidar y acumular, dando lugar a depósitos lipídicos en las paredes arteriales, endureciendo y formando cicatrices en los vasos sanguíneos y aumentando el riesgo de enfermedad cardiovascular y de formación de coágulos.

    Las LDL son moléculas muy heterogéneas y tienen varios tamaños. Las LDL pequeñas y densas tienen mayor tendencia a depositarse en la pared de las arterias que las de mayor tamaño. En los pacientes obesos y/o con resistencia a la insulina, hay mayor concentración de VLDL y triglicéridos que permanecen en la circulación sanguínea y por ello aumenta la producción de LDL pequeñas y densas.

    Las lipoproteínas de alta densidad (HDL o "colesterol bueno") transportan el exceso de colesterol de los tejidos al hígado, donde se recicla o se elimina hacia la bilis. Este transporte reverso de HDL es la única forma que tienen las células para eliminar el exceso de colesterol y permite proteger las arterias, ya que en el caso que haya suficiente cantidad de HDL, incluso es posible disminuir las placas de grasa de las arterias. Cuando hay un exceso de VLDL y triglicéridos, disminuye la concentración de HDL en la sangre.

Bibliografía

NOTA: Este artículo está basado en las fuentes bibliográficas que se citan a continuación, así como en la propia experiencia del Comité de expertos y revisores de Lab Tests Online. Además, este apartado es revisado periódicamente por el Consejo Editorial, con el fin de mantenerlo actualizado.


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