También conocido como
hHepatopatía, enfermedad del hígado
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¿En qué consiste?

El hígado es un órgano vital localizado en la parte superior derecha del abdomen. Sus dimensiones son similares a una pelota de rugby y su peso es de 1-2 kilos, se encarga de diferentes funciones:

La bilis es un líquido de color amarillo verdoso que está formado por ácidos o sales biliares, bilirrubina (procedente de la destrucción de los hematíes) y otros pigmentos. Circula a través de los pequeños conductos biliares en el hígado, que confluyen en otros más grandes hasta llegar al conducto biliar común, por donde la bilis sale directamente hacia el duodeno o bien se almacena en la vesícula biliar. Después de comer, la vesícula biliar (del tamaño de un puño y situada al lado del hígado) libera parte de la bilis almacenada al intestino delgado, donde facilita la digestión de los lípidos de la dieta.

Se conoce como enfermedad hepática a cualquier trastorno que ocasione inflamación o daño tisular del hígado. Las enfermedades hepáticas se clasifican en función de la causa desencadenante o del efecto que tengan en el hígado. Entre las causas destacan las infecciones, los traumatismos, la toxicidad por la exposición a drogas, alcohol u otros tóxicos, las enfermedades autoinmunes o los trastornos genéticos que conducen al almacenamiento de sustancias nocivas en el organismo, como el hierro o el cobre. Todo ello puede ocasionar inflamación, formación de cicatrices en el hígado, obstrucciones al flujo de la bilis, trastornos hemorrágicos e insuficiencia hepática.

Acerca de Enfermedad hepática

Signos y Síntomas

La enfermedad hepática puede no causar signos o síntomas al principio o estos pueden ser muy inespecíficos, como debilidad o pérdida de energía.

En la enfermedad hepática aguda, los signos y síntomas más frecuentes son: 

Las formas crónicas pueden incluir signos y síntomas como ictericia, coluria y acolia, pero también incluyen:

  • Ascitis.
  • Prurito.
  • Pérdida o aumento de peso no justificable por otra causa.
  • Dolor abdominal.

Estos signos y síntomas no suelen presentarse hasta que la enfermedad se encuentra ya en una fase avanzada.

Pruebas relacionadas

Pruebas iniciales de laboratorio

El objetivo de estas pruebas es detectar el daño hepático, evaluar su gravedad, diagnosticar la causa y evaluar la función del hígado a lo largo del tiempo. 

  • La detección precoz es importante, porque la enfermedad hepática puede cursar de forma asintomática o con muy pocos signos o síntomas
  • El diagnóstico de la causa de la enfermedad hepática permite orientar el tratamiento. El hígado es a menudo capaz de resolver la inflamación y revertir el daño, pero cuando existe obstrucción de los conductos biliares o cirrosis la lesión puede ser permanente. 
  • El seguimiento de la función hepática a lo largo del tiempo permite ir tomando las medidas adecuadas para preservar la función de este órgano.

Estas pruebas miden los valores de enzimas específicos, bilirrubina y proteínas que estarán alterados cuando exista enfermedad hepática. 

  • Bioquímica general: es un grupo de pruebas que se solicitan de forma rutinaria a los pacientes como control de salud. Incluye algunas pruebas de función hepática.
  • Perfil hepático: algunas de las pruebas que contiene coinciden con las de la bioquímica general. Se solicita cuando existen signos o síntomas de enfermedad hepática o cuando se piensa que una persona puede tener riesgo de desarrollarla. 

Si alguna de estas pruebas resulta alterada, o cuando se quiere realizar el seguimiento de una patología concreta, pueden realizarse una serie estudios adicionales:

  • Alanina aminotransferasa (ALT): enzima principalmente hallado en el hígado y la mejor prueba para detectar la hepatitis.
  • Fosfatasa alcalina: enzima relacionado con los conductos biliares, a menudo aumenta si están obstruidos.
  • Aspartato aminotransferasa (AST): enzima presente en el hígado pero también en otras partes del organismo, como el corazón y los músculos.
  • Gamma-glutamil transferasa (GGT): enzima principalmente hallado en el hígado y muy sensible a los cambios de la función hepática.
  • Bilirrubina:
    • Total: mide toda la bilirrubina de la sangre; aumenta en muchas enfermedades hepáticas y situaciones ajenas al hígado como la hemólisis.
    • Directa: mide una forma de bilirrubina conjugada (combinada con otro compuesto). Solamente aumenta cuando existe enfermedad hepática.
  • Albúmina: es la principal proteína sintetizada por el hígado. Su cantidad en sangre indica si el hígado tiene conservada su función.
  • Proteínas: suma de albúmina y todas las demás proteínas del plasma, incluyendo anticuerpos (producidos para combatir infecciones, aunque no producidos en el hígado).
  • Lactato deshidrogenasa (LDH): enzima liberado ante un daño tisular, puede aumentar en enfermedad hepática aguda.
Pruebas específicas de laboratorio

Para conocer la causa de la enfermedad pueden solicitarse otras pruebas más específicas, así como para el control del tratamiento. Entre las posibles opciones se incluyen:

Otras pruebas diagnósticas ajenas al laboratorio
  • Ecografía.
  • Tomografía computarizada (TC).
  • Resonancia magnética (RM).
  • Colangiopancreatografía con resonancia magnética.
  • Colangiograma transhepático percutáneo.
  • Colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE).

Para más información consultar la siguiente página: https://www.radiologyinfo.org/es.

Tratamiento

La mejor manera de combatir una enfermedad hepática es con la prevención. Existen vacunas contra la hepatitis A y la hepatitis B, y se pueden prevenir muchos casos de hepatitis evitando la exposición a factores de riesgo que favorecen su transmisión.
Aunque la inflamación se puede solucionar con el tiempo, el daño hepático podría ser permanente. El tratamiento de la enfermedad hepática se basa en mantener la función hepática residual, tratar la causa base y en minimizar el riesgo de complicaciones, ya sea con fármacos, con cirugía o incluso con trasplante hepático.
Las personas diagnosticadas de enfermedad hepática requieren un seguimiento a largo plazo y un tratamiento individualizado específico para su enfermedad.

Tipos de enfermedad hepática

Insuficiencia hepática aguda

La insuficiencia hepática aguda consiste en un descenso brusco de la función hepática. Puede causar una acumulación de líquidos (edema) cerebral, trastornos hemorrágicos y fracaso multiorgánico que puede llevar a la muerte. La causa más frecuente de una insuficiencia hepática aguda es debida al consumo de drogas de abuso o de fármacos como el paracetamol. También puede aparecer tras la ingestión de setas tóxicas o de disolventes orgánicos. En ocasiones, aparece en pacientes con hepatitis vírica, hepatitis autoinmune, hígado graso no alcohólico, enfermedad de Wilson, embarazo o cuando otras enfermedades hepáticas empeoran de forma brusca.

Pruebas:
Pruebas de imagen:
  • Ecografía.
  • Tomografía computarizada (TC).
  • Resonancia magnética (RM).

Para obtener más información puede consultar la siguiente página: https://www.radiologyinfo.org/es.

Hepatopatía alcohólica

El hígado es el órgano responsable de metabolizar el alcohol de forma que pueda ser eliminado del organismo. El alcohol, sin embargo, puede destruir las células hepáticas en el proceso, sobre todo si se consume más cantidad de alcohol de la que el hígado es capaz de metabolizar. El consumo excesivo de alcohol es una de las principales causas de enfermedad hepática, y la hepatopatía alcohólica suele aparecer tras años de consumo excesivo. Puede desembocar en:

  • Esteatosis hepática: se trata de un acúmulo excesivo de lípidos en las células hepáticas. Esta patología es asintomática o causa signos o síntomas leves, y aparece en las primeras fases de la enfermedad. Si la persona abandona el alcohol, la esteatosis suele desaparecer.
  • Hepatitis alcohólica: se trata de una inflamación y aumento de tamaño del hígado. Es una alteración crónica pero leve, que puede durar años antes de producir signos o síntomas. En los casos leves, puede desaparecer si la persona abandona el alcohol. Sin embargo, si el consumo continúa, el hígado se seguirá dañando. Si la lesión se vuelve grave, los signos y síntomas pueden aparecer en cuestión de horas o días, y pueden llegar a ser letales.
  • Cirrosis: es la formación de cicatrices en el hígado, la fase más grave de la hepatopatía alcohólica. Aparece cuando el tejido hepático sano desaparece y se sustituye por tejido cicatricial, afectando a la estructura y capacidad funcional del hígado. Este tipo de lesiones suelen ser irreversibles, aunque puede detenerse su evolución si se abandona el alcohol. La cirrosis puede dar lugar a una insuficiencia hepática e incrementa el riesgo de desarrollar cáncer de hígado.
Pruebas:

No se suele diagnosticar la esteatosis hepática alcohólica mediante las pruebas de laboratorio. El diagnóstico se suele realizar mediante la exploración del paciente y la realización de una historia clínica detallada, especialmente en lo que respecta al consumo de alcohol. Existen ciertas pruebas que se pueden utilizar para la valoración de las personas con hepatopatía alcohólica o para detectar un consumo crónico o una recaída en alguien que lo niega. Entre las pruebas se incluyen:

  • Gamma-glutamil transferasa (GGT): enzima hepático que aumenta con el consumo excesivo de alcohol, aunque también con otras alteraciones hepáticas.
  • Perfil hepático: permite detectar y cuantificar el daño hepático.
  • Etanol: cuando existe la sospecha de que la causa de la enfermedad hepática es el alcoholismo. Se mantiene elevado solamente unas horas después del consumo.
  • Transferrina deficiente en carbohidratos (CDT): puede ser indicativa de una recaída de una persona alcohólica tras un período de abstinencia. Es poco sensible en mujeres o en las personas jóvenes.
Tratamiento:

No existe un tratamiento específico para la hepatopatía alcohólica. Generalmente, el primer paso es abandonar el consumo de alcohol y evitar cualquier sustancia que pueda causar un daño adicional al hígado. Muchos pacientes se curan tras seguir estos pasos, aunque la recuperación puede durar meses. Puede ser de utilidad participar en programas de rehabilitación o asistir a terapia para tratar la adicción al alcohol. En ocasiones, quedan secuelas como la cirrosis o incluso puede aparecer insuficiencia hepática. Si el hígado tiene daños irreversibles, es posible realizar un trasplante hepático, aunque solamente se considera como opción si la persona demuestra que ha abandonado el alcohol definitivamente y está rehabilitada.

Hepatopatía autoinmune

Las enfermedades autoinmunes aparecen cuando el sistema inmunitario ataca alguno de los componentes normales del organismo por considerarlo una amenaza. Cuando el sistema inmunitario no es capaz de distinguir los tejidos propios de los elementos ajenos al organismo, produce autoanticuerpos contra los órganos, tejidos o células propios, causando inflamación y daño tisular. En el caso de la hepatopatía autoinmune, el órgano afectado es el hígado.

Hepatitis autoinmune: el sistema inmunitario ataca al hígado y lo va deteriorando con el tiempo. Los mecanismos por los que se produce no se conocen en profundidad.

Para saber más sobre la hepatitis autoinmune consultar el artículo sobre hepatitis.

Cirrosis biliar primaria: se trata de una enfermedad crónica que causa la inflamación y destrucción de los conductos biliares del interior del hígado, dificultando el flujo de la bilis y dañando el tejido hepático. Se trata de una enfermedad progresiva que afecta principalmente a mujeres. No se conoce la causa exacta, pero se cree que se trata de un proceso autoinmune.

Pruebas:

Colangitis esclerosante primaria: es una enfermedad crónica que normalmente se asocia a la enfermedad inflamatoria intestinal. Produce la inflamación, lesión y destrucción de los conductos biliares del exterior del hígado, impidiendo el flujo de la bilis y dañando el tejido hepático. No se conoce la causa exacta, pero se cree que se trata de un proceso autoinmune. Esta patología es más frecuente en varones.

Pruebas de imagen:
  • Ecografía.
  • Colangiopancreatografía con resonancia magnética.
  • Colangiograma transhepático percutáneo.
  • Colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE).

Para obtener más información puede consultar la siguiente página: https://www.radiologyinfo.org/es.

Síndrome de Budd-Chiari

El síndrome de Budd-Chiari engloba un conjunto de signos o síntomas que aparecen cuando se forman trombos en las venas hepáticas que transportan la sangre desde el hígado hacia el resto del cuerpo. La sangre se acumula en el hígado que aumenta de tamaño y también aumenta la presión sobre la vena porta que transporta la sangre desde bazo e intestino hacia el hígado. Todo ello origina la acumulación de líquido (edema), especialmente en el abdomen (ascitis), la formación de varices (venas dilatadas) en el esófago y en el abdomen que pueden romperse y sangrar con facilidad, y puede evolucionar a cirrosis.

El síndrome de Budd-Chiari puede aparecer en personas con trastornos protrombóticos, como son:

Los signos y síntomas de esta patología pueden aparecer lentamente y empeorar con el tiempo o bien aparecer de forma brusca ante una situación concreta como puede ser un embarazo.

Pruebas:
Pruebas de imagen:
  • Ecografía
  • Tomografía computarizada (TC).
  • Resonancia magnética (RM).

Para obtener más información puede consultar la siguiente página: https://www.radiologyinfo.org/es.

Cirrosis

La cirrosis es una enfermedad hepática crónica que se caracteriza por formar una gran cantidad de tejido cicatricial en el hígado. El hígado es capaz de recuperarse de muchas lesiones, pero la cirrosis suele ser irreversible. Puede aparecer después de cualquier patología crónica que afecte al hígado, lo más frecuente es la hepatitis viral y el alcoholismo. También puede deberse a esteatohepatitis no alcohólica, donde existe una acumulación de lípidos en el hígado, muchas veces relacionada con la obesidad.

La cirrosis puede dificultar el metabolismo hepático, causando insuficiencia hepática crónica, trastornos hemorrágicos, debilidad muscular, ascitis, hipertensión portal (aumento de la presión sanguínea en la vena que lleva la sangre desde el intestino al hígado) y muchos otros signos o síntomas. Algunas personas tienen signos y síntomas más graves que otras con un daño hepático similar. La cirrosis también aumenta el riesgo de desarrollar cáncer hepático.

Pruebas:

Enfermedades hepáticas de causa genética

Ciertas mutaciones genéticas pueden dar lugar a enfermedades hepáticas. Se trata de patologías relativamente raras, algunas relacionadas con el acúmulo de sustancias en el hígado.

  • Hemocromatosis: consiste en una alteración del metabolismo del hierro que hace que se acumule en órganos y tejidos. Puede ser hereditaria o adquirida y causar insuficiencia hepática, cardíaca o pancreática
  • Enfermedad de Wilson: consiste en una alteración del metabolismo del cobre que hace que se acumule en órganos y tejidos. Se debe a una mutación genética y puede causar insuficiencia hepática, enfermedad renal y problemas del sistema nervioso central.
  • Deficiencia de alfa-1-antitripsina (AAT): la AAT es una proteína que se produce en el hígado y tiene un papel importante en la protección de los pulmones. Cuando aparece una mutación en los genes que la regulan, puede producirse en menor cantidad o bien de forma defectuosa. Si la producción de AAT normal es igual o inferior al 30%, se considera que existe una deficiencia y habrá más riesgo de desarrollar enfisema pulmonar. Cuando la AAT es disfuncional, se acumula en el hígado formando largas cadenas que lo lesionan. Alrededor del 10% de los recién nacidos con deficiencia de AAT tienen ictericia. La deficiencia de AAT es la causa genética de enfermedad hepática más frecuente en niños.

Hepatitis

La hepatitis es la inflamación del hígado, y se debe principalmente a infecciones por virus, aunque puede aparecer por otras causas como la exposición a sustancias químicas tóxicas, fármacos con o sin receta, alcoholismo, enfermedades hereditarias, enfermedades autoinmunes o esteatohepatitis no alcohólica. 

La hepatitis puede ser aguda (aparece de forma brusca y desaparece en semanas o meses) o crónica (se prolonga durante varios años). La hepatitis crónica puede estar presente durante más de 20 años sin causar signos o síntomas, aunque sin tratamiento puede desembocar en cirrosis o cáncer hepático y llegar a causar la muerte.

Para obtener más información sobre los diferentes tipos de hepatitis y pruebas relacionadas puede consultar el artículo sobre la hepatitis.

Infecciones

Virus

La hepatitis vírica es la inflamación del hígado debida a uno de los cinco virus hepatotropos conocidos en la actualidad: A, B, C, D o E. La hepatitis aguda suele deberse a los virus A, B y E mientras que la hepatitis crónica suele estar causada por los virus B, C y D.

Parásitos

Ciertos parásitos pueden migrar hasta el hígado y causar lesiones o bloquear el flujo de la bilis. Algunos son:

  • Malaria, que se reproduce en el interior de los hepatocitos para luego atravesar una fase latente y producir recaídas cada cierto tiempo.
  • Gusanos, como Ascaris lumbricoides, Clonorchis sinensis y Opisthorchis viverrini, que se acantonan en el hígado y bloquean el flujo de la bilis. También existen los esquistosomas, responsables de la esquistosomiasis y que pueden llegar a causar cirrosis.
  • Echinococcus granulosus es un tipo de tenia que forma quistes en el hígado.
Pruebas:
Pruebas de imagen:
  • Ecografía.
  • Radiografía.
  • Tomografía computarizada (TC).
  • Resonancia magnética (RM).

Para obtener más información puede consultar la siguiente página: https://www.radiologyinfo.org/es.

Cáncer hepático

El cáncer hepático se define como el crecimiento incontrolado de un grupo de células hepáticas. Si las células proceden de otros órganos o tejidos y colonizan el hígado no se considera cáncer hepático, sino metástasis del tejido original (por ejemplo cáncer de mama o cáncer de pulmón) y se tratan como tales.

El hígado, junto al pulmón, son los órganos más frecuentemente afectados por las metástasis provenientes de tumores originados en otras localizaciones. En lo que a tumores primarios de hígado se refiere, el carcinoma hepatocelular (hepatocarcinoma) es el más frecuente (80-90% de los casos), seguido a gran distancia por el colangiocarcinoma, el angiosarcoma y el hepatoblastoma (raramente ocurre en la edad adulta).

El cáncer de hígado suele ser asintomático en sus etapas iniciales, por lo que es difícil detectarlo en esos momentos. Las personas con hepatitis B crónica o cirrosis tienen un riesgo aumentado de desarrollar cáncer de hígado, por lo que en ciertos casos conviene realizar cribados periódicos para establecer un diagnóstico y tratamiento lo más precoz posible.

Pruebas:

  • Alfa-fetoproteína (AFP): en las personas diagnosticadas de hepatocarcinoma, la AFP se puede solicitar a intervalos regulares para evaluar la respuesta al tratamiento o detectar posibles recidivas de la enfermedad. Algunos la utilizan para el cribado de pacientes de alto riesgo, pero la mayoría de guías clínicas no recomiendan este uso.
  • Desgammacarboxiprotrombina: se puede utilizar junto con otros marcadores tumorales como la AFP para vigilar la respuesta al tratamiento del hepatocarcinoma o detectar recidivas.
  • Biopsia hepática: es la técnica utilizada en el diagnóstico del tumor.

Pruebas de imagen:

  • Ecografía.
  • Tomografía computarizada (TC).
  • Resonancia magnética (RM).
  • Angiografía.

Para obtener más información puede consultar la siguiente página: https://www.radiologyinfo.org/es.

Obstrucción de los conductos biliares

Los conductos biliares pueden obstruirse por traumatismos o por la presencia de cálculos, tumores, quistes o inflamación. En los casos graves, la bilis y otros productos de desecho se acumulan en el hígado, causando ictericia, orina de color oscura y heces descoloridas. En estadíos iniciales puede ser asintomático, aunque si se mantiene en el tiempo puede dar lugar a lesión hepática.

Si el conducto obstruido es el que drena la bilis desde la vesícula, el síntoma principal puede ser un dolor intenso y brusco en la parte superior derecha del abdomen, que puede asociarse a la aparición de fiebre o infección de la vesícula.

Pruebas:
Pruebas de imagen:
  • Ecografía.
  • Colangiopancreatografía con resonancia magnética.
  • Colangiograma transhepático percutáneo.
  • Colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE).

Para obtener más información puede consultar la siguiente página: https://www.radiologyinfo.org/es.

Bibliografía

Este artículo está basado en las fuentes bibliográficas que se citan a continuación, así como en la propia experiencia del Comité de expertos y revisores de Lab Tests Online. Además, este apartado es revisado periódicamente por el Consejo Editorial, con el fin de mantenerlo actualizado.

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