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Este artículo fue modificado por última vez el 05.03.2022.
¿En qué consiste?

La cirrosis consiste en la sustitución del tejido normal del hígado por tejido fibroso como consecuencia de una enfermedad hepática crónica. Conforme el tejido hepático sano se altera durante un largo período de tiempo, se va reemplazando por tejido cicatricial, lo que afecta a la estructura del hígado y reduce su capacidad de funcionamiento. 

La cirrosis está relacionada aproximadamente con 32.000 muertes anuales en los Estados Unidos. La mortalidad ajustada en España por 100.000 habitantes de la cirrosis es de 18,8 en los varones y de 5,89 en mujeres, y es responsable de más de 8.000 muertes al año. Suele aparecer en los individuos entre los 40 y 60 años, o sea en la etapa más productiva de la vida, siendo la cuarta causa de muerte.

La cirrosis se observa en una variedad de enfermedades hepáticas crónicas y puede tardar años o incluso décadas en desarrollarse. A diferencia de las cicatrices producidas en otras partes del cuerpo, algunas de las cicatrices que se producen en el hígado son reversibles, incluso en las personas con cirrosis.

El hígado es un órgano vital ubicado en la parte superior derecha del abdomen. Entre otras funciones, ayuda a convertir los nutrientes de los alimentos procedentes de la dieta en componentes sanguíneos esenciales, produce muchos de los factores necesarios para la coagulación normal de la sangre, metaboliza y desintoxica las sustancias que podrían ser dañinas para el cuerpo y produce la bilis, que es un líquido necesario para la digestión de las grasas.

Las enfermedades hepáticas pueden repercutir sobre cualquiera de estas funciones críticas, y pueden ser consecuencia de infecciones, lesiones o traumatismos, exposición a toxinas, procesos autoinmunes o déficits genéticos que llevan a un almacenamiento o acumulación de sustancias como cobre o hierro. El daño producido por las enfermedades hepáticas puede provocar una inflamación, obstrucción de las vías hepáticas y/o trastornos de la coagulación. Los daños o lesiones prolongados y persistentes pueden conducir a un exceso de tejido conectivo o a la fibrosis del hígado y la fibrosis puede llevar a una cirrosis.

Cuando existe cirrosis, la estructura del hígado se modifica y se forman nódulos de células rodeados por tejido fibroso. Este tejido no tiene la capacidad de funcionar como el tejido hepático normal y puede causar interferencias en el flujo sanguíneo y en la bilis (más raramente) a su paso por el hígado. Conforme la cirrosis progresa, otros órganos y tejidos del organismo pueden verse afectados. Algunos ejemplos de estas alteraciones y complicaciones son:

  • Aumento de la presión de la vena porta, vena que transporta la sangre hacia el hígado, produciendo la hipertensión portal.
  • Inflamación y sangrado de las venas del esófago y/o del estómago (varices esofágicas y/o gástricas) debidas a la hipertensión portal, que conlleva una desviación de la sangre hacia estas venas más pequeñas.
  • Aumento de sustancias tóxicas en la sangre, pudiendo causar confusión y otras alteraciones del estado mental.
  • Ascitis producida por la acumulación de líquido en el abdomen.
  • Alteración de la función renal.
  • Disminución de la producción de factores de la coagulación, lo que puede provocar la aparición de hematomas y sangrados.

Las personas con cirrosis presentan mayor riesgo de desarrollar cáncer de hígado (carcinoma hepatocelular). Se estima que este tipo de cáncer aparece anualmente en el 3-5% de los individuos con cirrosis, aunque pueden aparecer múltiples cánceres con el tiempo.

Acerca de la cirrosis

Causas

Si el daño hepático es agudo o limitado, la reparación del hígado suele suceder por sí sola. No son las lesiones a corto plazo las que originan una cirrosis, sino las lesiones repetidas o persistentes a lo largo de los años. Las causas son múltiples, aunque se pueden clasificar en alguna de las siguientes categorías:

  • Alcohólica: el consumo excesivo de alcohol de manera prolongada en el tiempo puede conducir a una enfermedad hepática de causa alcohólica y a cirrosis.
  • Asociada a hepatitis, como hepatitis víricas, hepatitis autoinmune y la enfermedad del hígado graso no alcohólico (EHGNA).
  • Biliar: obstrucción y/o lesión de los conductos biliares.
  • Cardiaca: la insuficiencia cardiaca congestiva puede ocasionar lesión hepática y cirrosis.
  • Metabólica o hereditaria: aquí se incluirían enfermedades como la fibrosis quística, hemocromatosis y la enfermedad de Wilson.
  • Asociada a fármacos y toxinas (distintos del alcohol).
  • De causa desconocida: la causa de la cirrosis se desconoce aproximadamente en un 10% de los casos.

La frecuencia de estas causas varía en función de la población y del área geográfica. Entre las principales causas de cirrosis, se incluyen la infección crónica por hepatitis C y el alcoholismo

También hay un número de casos atribuibles a la hepatitis B (a veces con una coinfección con hepatitis D). Existen dos causas no infecciosas importantes de cirrosis cuya frecuencia va en aumento: la enfermedad de hígado graso no alcohólico (EHGNA) y la esteatohepatitis no alcohólica (EHNA).

Signos y síntomas

Es posible que muchas personas con cirrosis no presenten síntomas o tengan muy pocos. El hígado es capaz de compensar la lesión de tal manera que los síntomas no aparecen hasta que el estado de fibrosis y cicatrización está avanzado.

Los signos y síntomas pueden ser inespecíficos e incluyen:

  • Fatiga.
  • Debilidad.
  • Confusión y dificultad de concentración.
  • Malestar abdominal.
  • Picor.
  • Hinchazón y distensión del abdomen (debido a la ascitis).
  • Ictericia.
  • Facilidad de sangrado y aparición de hematomas.
  • Inflamación de las piernas.
  • Náuseas.
  • Pérdida de peso y pérdida de apetito.

Pruebas relacionadas

Es importante detectar la cirrosis lo antes posible, porque la lesión va instaurándose a pesar de que no existan síntomas o sean mínimos. Si se consigue eliminar o controlar la causa de la lesión, el proceso de fibrosis se detendrá e incluso es posible que algunas de las cicatrices fibrosas desaparezcan. A pesar de que son diversas las pruebas de laboratorio que permiten detectar la lesión hepática, ninguna de ellas permite diagnosticar una cirrosis. El método de referencia para el diagnóstico de la cirrosis es la biopsia del hígado; sin embargo, este procedimiento es invasivo y en algunos casos es posible que tampoco se consiga detectar la causa.

Ciertas pruebas de laboratorio rutinarias permiten detectar la lesión hepática, así como evaluar la gravedad de la misma, especialmente si el individuo en cuestión presenta algún factor de riesgo para desarrollar una cirrosis. Pueden solicitarse otras pruebas adicionales para identificar la causa subyacente y monitorizar el estado de salud del individuo a lo largo del tiempo y su riesgo de que desarrolle un carcinoma hepatocelular.

Pruebas de laboratorio de rutina

En las personas que no tienen síntomas, la lesión hepática se puede detectar en el curso de un examen médico rutinario, al solicitar las pruebas más comunes de laboratorio o por un perfil hepático, si el individuo presenta síntomas compatibles con una lesión hepática. En general, las pruebas que se solicitan son:

  • Alanina aminotransferasa (ALT): es una enzima que se encuentra principalmente en el hígado. Los valores están aumentados en todos los tipos de afección hepática, incluida la cirrosis.
  • Aspartato aminotransferasa (AST): esta enzima se encuentra en el hígado y en otros órganos y sus valores aumentan en las personas que tienen una enfermedad hepática, incluyendo la cirrosis.
  • Fosfatasa alcalina: esta enzima se encuentra en los conductos biliares. Suele ser normal o está levemente elevada en la cirrosis.
  • Bilirrubina: esta sustancia se produce exclusivamente en el hígado. Aumenta en muchas enfermedades hepáticas. La bilirrubina suele ser normal o está ligeramente elevada hasta que la cirrosis está muy avanzada.
  • Albúmina: es una proteína producida por el hígado que suele estar disminuida en la cirrosis.

Si alguna de estas pruebas resulta alterada, se añadirán estudios adicionales. Normalmente es más importante evaluar el patrón y la relación que mantienen estas pruebas entre ellas que la interpretación aislada de cada una. Es posible que se repita su medida al cabo de unos días del primer análisis, para averiguar si el patrón se mantiene y aporta ayuda diagnóstica.

Otras pruebas de laboratorio frecuentes incluyen:

  • Hemograma: para evaluar el estado de las células de la sangre (hematíes o eritrocitos y leucocitos) y plaquetas; en el caso de que se haya producido algún sangrado puede existir anemia; en la cirrosis el recuento de plaquetas puede estar disminuido.
  • Tiempo de protrombina (TP/INR): muchos factores de la coagulación se producen en el hígado; esta prueba permite evaluar el estado de coagulación del individuo y puede estar prolongado en la cirrosis.

Muchas de las pruebas descritas anteriormente pueden ser útiles para monitorizar la progresión de la cirrosis. Los valores obtenidos serán cada vez más anómalos conforme avanza la cirrosis.

Pruebas adicionales
  • Pruebas de la hepatitis B y de la hepatitis C, para averiguar si estas infecciones son la causa de la enfermedad.
  • Análisis del líquido peritoneal si existe ascitis.
  • Biopsia hepática, que supone la obtención de una muestra de tejido hepático para evaluar la estructura y las células del hígado. Puede indicar, sin lugar a dudas, la presencia de cirrosis; sin embargo, como la muestra es minúscula, un resultado negativo no descarta definitivamente la existencia de cirrosis.

En función de la causa que se sospeche, pueden solicitarse una o varias de las siguientes pruebas:

Algunas pruebas se solicitan para monitorizar el desarrollo de las posibles complicaciones:

  • Alfa-fetoproteína (AFP): con frecuencia está discretamente elevada en la cirrosis, pero puede aumentar mucho en el caso de cáncer de hígado.
  • Des-gamma-carboxi protrombina: puede aumentar en el caso de cáncer de hígado.
  • Amonio: los valores aumentan en la etapa tardía de la cirrosis con insuficiencia hepática.

Con menor frecuencia, pueden realizarse cálculos a partir de otras pruebas para establecer la probabilidad de que se desarrolle cirrosis o para establecer su pronóstico:

  • Escala de puntuación de Child-Turcotte-Pugh (CTP) para la cirrosis: para evaluar la expectativa de vida en estadios muy avanzados de cirrosis.
  • MELD (modelo para enfermedad hepática en fase terminal): en la evaluación de las personas con elevado riesgo de mortalidad, para considerar un trasplante de hígado.
  • Algoritmos de cálculo diversos que permiten reconocer la presencia y la gravedad del estado de fibrosis del hígado.
Otras pruebas ajenas al laboratorio
  • Ultrasonidos (ecografías): solicitados a veces para poder diagnosticar la enfermedad por hígado graso de causa no alcohólica (EHGNA).
  • Una vez que existe cirrosis, se realizan ecografías periódicas para controlar que no se desarrolle un carcinoma hepatocelular (cáncer de hígado).
  • Elastografía: para evaluar el grado de fibrosis.

Para obtener más información sobre estas pruebas, consultar en el siguiente enlace RadiologyInfo.org.

Tratamiento

  • Se debe abordar y tratar la causa subyacente de la enfermedad hepática, cuando sea posible. Esto puede implicar, por ejemplo, tratar la hepatitis C crónica con medicamentos.
  • Mantener la función hepática restante: para ayudar a cuidar su hígado, las personas con cirrosis no deben beber alcohol y deben evitar las sustancias que pueden dañar el hígado. Es posible que deban modificar o complementar su dieta para garantizar una nutrición adecuada y trabajar con su médico sobre la dosis de medicamentos, ya que es posible que su hígado no pueda procesar los medicamentos a un ritmo normal.
  • Tratamiento de complicaciones: por ejemplo, a veces se necesita una endoscopia para buscar varices (venas dilatadas) y tratar las varices sangrantes. En casos avanzados de cirrosis, puede estar indicado un trasplante de hígado.

Bibliografía

Este artículo está basado en las fuentes bibliográficas que se citan a continuación, así como en la propia experiencia del Comité de expertos y revisores de Lab Tests Online. Además, este apartado es revisado periódicamente por el Consejo Editorial, con el fin de mantenerlo actualizado.

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