También conocido como: recuento diferencial, frotis de sangre periférica
Aspectos generales
¿Por qué hacer el análisis?
Para realizar una evaluación morfológica al microscopio de la seria blanca, la serie roja y la serie plaquetaria.
¿Cuándo hacer el análisis?
Cuando existan alteraciones en el hemograma o la fórmula leucocitaria realizada en el analizador cuando el paciente presenta una serie de signos y síntomas que hacen que el médico sospeche que existe alguna patología que afecte a las células de la sangre o en el seguimiento de patologías hematológicas.
¿Qué muestra se requiere?
La determinación más común es a partir de una muestra de sangre venosa del brazo obtenida en un tubo con anticoagulante EDTA (tubo de tapa morada). Aunque también puede realizarse a partir de sangre capilar obtenida por punción en el dedo o en los niños mediante punción en el talón.
¿Es necesario algún tipo de preparación previa?
Para esta prueba no se necesita ninguna preparación especial.
¿Qué es lo que se analiza?
En esta prueba se extiende una gota de sangre sobre un portaobjetos de vidrio, se tiñe con una tinción específica (Wright, Wright–Giemsa…) y posteriormente se evalúa de forma automatizada con equipos que se basan en el reconocimiento de imágenes por modelos de machine learning o de forma manual en el microscopio óptico.
De esta manera se realiza la evaluación de diferentes tipos de series celulares:
- Serie blanca: grupo de células del sistema inmunitario (leucocitos [1]) que defienden al organismo contra infecciones y otros agentes.
- Serie roja: conjunto de células encargadas del transporte de oxígeno, representadas por los glóbulos rojos y sus precursores.
- Serie plaquetaria: células fragmentadas (plaquetas) que participan en la coagulación y ayudan a detener hemorragias.
Estas poblaciones celulares se producen y maduran en la médula ósea y se liberan a la circulación sanguínea conforme a las necesidades. En la sangre, el número y el tipo de células varía de forma dinámica, pero siempre dentro de un rango determinado.
La revisión de la extensión de sangre al microscopio permite:
- Observar los leucocitos y comparar su forma, tamaño y apariencia general con lo que se considera normal. También es posible reconocer los cinco tipos de leucocitos que se encuentran presentes en la sangre en condiciones normales y la presencia de formas inmaduras no presentes en condiciones normales, así como determinar su porcentaje relativo (fórmula leucocitaria manual).
- Evaluar la forma, tamaño y color de los hematíes, así como los indicadores de su contenido en hemoglobina. También es posible la evaluación de la presencia de precursores de los hematíes como los eritroblastos.
- Estimar el número de plaquetas y ver alteraciones en su forma y granulación.
Son varias las situaciones y enfermedades que pueden alterar el número y la apariencia de las células sanguíneas. La extensión de sangre puede detectar alteraciones que indiquen la necesidad de realizar otras pruebas. Por ejemplo, si se observan hematíes más pequeños y pálidos de lo normal se puede pensar en algún tipo de anemia. Si hay leucocitos inmaduros, puede aportar información a los hallazgos de otras pruebas y facilitar el diagnóstico de una infección, un proceso maligno u otras alteraciones.
Preguntas comunes
¿Cómo se utiliza?
Se realiza una extensión de sangre periférica para evaluar las distintas series celulares, bien por alteraciones en el hemograma o por petición facultativa justificada (por ejemplo, por presencia de signos y síntomas que hagan sospechar de una hemopatía o seguimiento de enfermedades hematológicas ya diagnosticadas), siendo una herramienta para el diagnóstico y seguimiento de múltiples situaciones clínicas.
Clásicamente, las extensiones de sangre se realizaban a todo paciente al que se le solicitaba un hemograma. Actualmente, los analizadores automáticos proporcionan una fórmula leucocitaria fiable. Sin embargo, si los resultados del hemograma o de la fórmula hacen sospechar que existan anomalías en los hematíes, leucocitos o plaquetas, o si existe algún motivo para sospechar la presencia de células anómalas, se debe realizar una extensión de sangre.
A menudo se emplea la extensión de sangre para categorizar o identificar las situaciones que afectan a uno o más tipos celulares sanguíneos, y para realizar el seguimiento de los pacientes tratados por este motivo. Son varias las situaciones y enfermedades que pueden tener consecuencias sobre el número, tipo, morfología y supervivencia de las células de la sangre. Algunas de estas alteraciones incluyen trastornos hematológicos como anemias, trastornos mieloproliferativos, leucemias y otras enfermedades de la médula ósea, además de otras patologías infecciosas como mononucleosis o sepsis.
En condiciones normales, únicamente se liberan a la circulación las células maduras. Sin embargo, determinadas circunstancias suponen un estímulo para que la médula ósea libere células inmaduras o anormales a la circulación sanguínea. Si el número de células anómalas es significativo (dependiendo de la patología) se puede sospechar que exista algún trastorno subyacente, situación que llevará al médico a solicitar pruebas adicionales.
Así mismo también se emplea para la visualización de hemoparásitos (parásitos que se encuentran en la sangre), como Plasmodium falciparum que es responsable de la malaria.
¿Cuándo se solicita?
La extensión de sangre se solicita si en el hemograma realizado por el analizador automático se han hallado alteraciones que pudieran sugerir alteraciones hematológicas (por ejemplo anemia hemolítica) o patologías que provoquen alteraciones hematológicas (por ejemplo, una sepsis).
También puede solicitarse una extensión de sangre a intervalos regulares, durante el seguimiento o tratamiento de las enfermedades relacionadas con las células sanguíneas.
¿Qué significa el resultado?
Los hallazgos del análisis de una extensión de sangre no son diagnósticos por sí mismos, pero sí indicativos de la presencia de alguna enfermedad subyacente, permitiendo obtener información acerca de su posible gravedad o ayudando a valorar la necesidad de realizar otras pruebas diagnósticas. Los resultados de la extensión de sangre se interpretan junto con el hemograma y otras pruebas de laboratorio, así como con los signos y síntomas del individuo.
Los resultados de una extensión de sangre incluyen una descripción de la apariencia de los hematíes, de los leucocitos y de las plaquetas así como de cualquier anomalía que haya podido ser observada en la preparación.
Hematíes (glóbulos rojos)
Los hematíes normales presentan un tamaño uniforme (7-8 µm de diámetro) y no tienen núcleo, aunque sí lo tienen la mayoría de las células del organismo. Son redondeados y más bien planos. Su forma recuerda a una rosquilla, pero con una depresión central en lugar de un agujero (bicóncavos). Debido a la hemoglobina que transportan, presentan una coloración entre rosa y rojo tras teñir la extensión, siendo ligeramente más pálidos en la zona central que en la periferia. Si la morfología de los hematíes es normal, a menudo se describen como normocíticos (tamaño normal) y normocrómicos (color normal).
Los hematíes no son exactamente iguales entre sí, pero la presencia de un número significativo de hematíes con diferencias respecto a los demás, sugiere que exista alguna anomalía. Algunos ejemplos de patologías que afectan a los hematíes son:
- Anemia.
- Hemoglobinopatías, entre las que se incluyen las talasemias y la anemia falciforme.
- Trastornos mieloproliferativos o mielodisplásicos.
- Leucemias.
- Trastornos de la médula ósea.
Se pueden observar diferentes alteraciones de los eritrocitos:
Tamaño
- Anisocitosis: se trata de una variación en el tamaño de los hematíes y puede ser un indicador de que exista una anemia.
- Macrocitosis: aumento del tamaño de los hematíes que puede ser atribuible a los déficits de vitamina B12 o folato. Esto sucede en las anemias megaloblásticas (por ejemplo: la anemia perniciosa), alcoholismo crónico, enfermedad hepática, enfermedades tiroideas y síndromes mielodisplásicos.
- Microcitosis: se corresponde con la presencia de hematíes de pequeño tamaño, y puede ser debido a una anemia por déficit de hierro o a un trastorno hereditario como la talasemia.
Forma
- Poiquilocitosis: se trata de una variación en la forma de los hematíes y puede incluir distintas anormalidades simultáneamente.
- Acantocitos o células espiculadas: células deforma irregular con 5-10 espículas. Pueden encontrarse en la sangre de las personas a las que se les ha extraído el bazo (esplenectomía) y también en el alcoholismo crónico o en las enfermedades hepáticas. También se observan estas células en una enfermedad hereditaria conocida como la abetalipoproteinemia.
- Equinocitos o células crenadas: pueden tener entre 10-30 proyecciones más chatas que los acantocitos, y se observan frecuentemente en las personas con enfermedad renal. En ocasiones se trata de un artefacto generado por problemas relacionados con la preparación de la muestra.
- Eliptocitos u ovalocitos: hematíes conforma elíptica, observados en la eliptocitosis hereditaria, mielofibrosis y algunos tipos de anemia.
- Esquistocitos, queratocitos o células en casco: hematíes fragmentados que pueden observarse en los pacientes con coagulación intravascular diseminada, el síndrome hemolítico-urémico, la púrpura trombótica trombocitopénica o en los portadores de dispositivos vasculares artificiales (prótesis) como las válvulas cardíacas.
- Hematíes en pila de monedas o Rouleaux: hematíes que se agrupan formando cilindros, se observan en los pacientes con mieloma múltiple o con macroglobulinemia de Waldenström, es debido al exceso de proteínas en la sangre.
- Células falciformes: hematíes en forma de hoz o media luna, característicos de la anemia falciforme.
- Células diana, leptocitos o codocitos: hematíes que recuerdan a los ojos de un buey. Se observan en las personas con trastornos hereditarios en los que existen formas anómalas de hemoglobina (hemoglobinopatías), talasemias y varios tipos de anemia.
- Células en lágrima o dacriocitos: hematíes que recuerdan a lágrimas o a gotas de agua. Se observan con frecuencia en los pacientes con mielofibrosis primaria o con talasemia.
- Esferocitos: hematíes con forma redonda sin adelgazamiento central, presentes con frecuencia en la esferocitosis hereditaria; también pueden aparecer en las anemias hemolíticas autoinmunes.
Color
- Hipocromía o hipocromasia: se puede observar en las patologías como la talasemia y la anemia por déficit de hierro. Los hematíes son más claros de lo normal porque contienen una cantidad insuficiente de hemoglobina y presentan una marcada palidez central.
- Hipercromía o hipercromasia: el hematíe es más oscuro de lo normal porque hay un aumento en la concentración de hemoglobina. Puede deberse a una deshidratación o a la presencia de esferocitos.
- Policromasia: presencia de algunos hematíes de color más azulado debido a la presencia del ARN, que corresponden a formas inmaduras (reticulocitos) liberadas desde la médula ósea antes de tiempo.
Presencia de estructuras intracelulares anormales
- Hematíes nucleados o normoblastos: son formas muy inmaduras de los hematíes que aparecen cuando la médula ósea se ve obligada a liberarlas por una demanda muy aumentada o cuando la médula está ocupada por tener fibrosis o algún tumor. Pueden observarse en la anemia grave, mielofibrosis, talasemias, tuberculosis, trastornos de la médula ósea y cuando de manera crónica existen concentraciones bajas de oxígeno en sangre (hipoxemia). La presencia de estas células puede considerarse normal durante los primeros días de vida.
- Reticulocitos: son hematíes inmaduros que normalmente adquieren un tono azulado en la tinción (policromáticos). Es normal hallar un pequeño porcentaje de reticulocitos en la sangre, pero están aumentados en los casos de hemorragias importantes, hipoxemia, hemólisis, anemia falciforme, déficit de glucosa-6-fosfatodeshidrogenasa y anemia hemolítica autoinmune.
- Sideroblastos: los gránulos de hierro se pueden observar al teñir los hematíes con una tinción llamada azul de Prusia. Los sideroblastos son células inmaduras que a veces pueden adquirir un patrón en anillo, indicativo de anemia sideroblástica.
- Punteado basófilo: los puntos azulados en el interior de los hematíes se deben a la presencia de agregados de ribosomas. Puede observarse en las intoxicaciones por metales pesados (como el plomo), talasemia y otros tipos de anemia.
- Cuerpos de Heinz: son gránulos grandes que están presentes en los hematíes cuando se tiñen con la tinción de cristal violeta. Se pueden observar en el déficit de glucosa-6-fosfatodeshidrogenasa, cuando hay presencia de variantes inestables de la hemoglobina, en talasemias y en la hemólisis secundaria a fármacos.
- Cuerpos de Howell-Jolly: son restos de ADN nuclear que forman pequeños gránulos en el interior de los hematíes. Están presentes en la anemia falciforme, en anemias hemolíticas o megaloblásticas, y también después de una esplenectomía.
- Anillos de Cabot: se trata de inclusiones filiformes poco frecuentes que toman la forma de un “8” en el interior de los hematíes. Pueden observarse en distintas anemias.
- Parásitos de la malaria: en las personas con malaria, los parásitos causantes de la enfermedad viven en el interior de los hematíes y pueden observarse en una extensión de sangre. Estos parásitos suelen hallarse en las personas que viven o que han viajado a las áreas en las que la enfermedad es endémica.
Leucocitos (glóbulos blancos)
En la evaluación de una extensión de sangre se realiza una fórmula leucocitaria manual. Deben contarse un mínimo de 100 leucocitos y clasificarse según el tipo, para posteriormente calcular el porcentaje de cada tipo respecto al total de leucocitos. También se evalúa la morfología leucocitaria y el grado de maduración. Los leucocitos tienen un núcleo rodeado de citoplasma. Todos los leucocitos provienen de las células madre de la médula ósea y pueden diferenciarse en dos grupos esenciales, células de tipo mieloide y células de tipo linfoide. El proceso de maduración produce cinco tipos diferentes de leucocitos.
Los leucocitos que presentan gránulos en su citoplasma se conocen como granulocitos, e incluyen:
- Neutrófilos (10-18 µm): su citoplasma presenta gránulos rosados o de color púrpura. Representan la mayoría de los glóbulos blancos en un adulto sano. Participan en la defensa frente a las infecciones. Las alteraciones que pueden observarse son:
- Granulación tóxica: gránulos grandes y de color azul oscuro localizados en el citoplasma. Se asocia con la presencia de infecciones graves, quemaduras, traumatismos y la administración de factores estimuladores de colonias granulocíticas (G-CSF). Pueden ser un reflejo de la maduración acelerada de los neutrófilos.
- Vacuolización: las vacuolas aparecen como unos agujeros en el citoplasma. Frecuentemente aparecen a la vez que la granulación tóxica, pero también pueden deberse a los cambios degenerativos cuando la sangre ha estado almacenada demasiado tiempo antes de realizar la extensión.
- Cuerpos de Döhle: son inclusiones de color grisáceo o azulado que aparecen en la periferia del citoplasma de los neutrófilos. Se trata de agregados de ribosomas desnaturalizados o restos del retículo endoplasmático rugoso y con frecuencia se asocian a la granulación tóxica y a la presencia de vacuolas. Pueden observarse en las quemaduras, traumatismos, infecciones, administración de agentes citotóxicos (por ejemplo: quimioterapia), G-CSF o durante un embarazo normal.
- Bastones de Auer: inclusiones en forma de bastón, de color rosado o rojo, que pueden observarse cuando existen granulocitos muy inmaduros (blastos) en los pacientes con leucemias agudas no linfocíticas (por ejemplo: leucemia mieloide aguda) o en síndromes mielodisplásicos agresivos.
- Cayados o bandas: es normal hallar en la circulación unos pocos neutrófilos inmaduros, pero si el número aumenta de manera marcada, se habla de que hay una “desviación izquierda”. Esto sucede cuando existe una estimulación aguda que favorece la producción de los neutrófilos, provocando que la médula ósea libere algunos leucocitos antes de que hayan acabado su maduración hasta el estado de neutrófilo. Otras formas inmaduras que pueden observarse a veces en una extensión de sangre son los mieloblastos, los promielocitos, los mielocitos y los metamielocitos.
- Hipersegmentación: neutrófilos con 6 o más segmentos nucleares. Principalmente se asocia a los déficits de vitamina B12 o folato y a mielodisplasia, pero también puede observarse en el alcoholismo y más raramente en casos hereditarios.
- Anomalía de Pelger-Huët: trastorno hereditario en el que los neutrófilos aparecen con menos de dos lóbulos. El núcleo a menudo toma la forma de un cacahuete o de una mancuerna, o también puede constar dedos lóbulos conectados entre sí por un filamento fácilmente identificable. Puede ocurrir también en los pacientes tratados con ciertos inmunosupresores y en algunas enfermedades como la mielodisplasia, recibiendo en estas ocasiones el nombre de "pseudo- Pelger-Huët".
- Gránulos de Alder-Reilly: gránulos leucocitarios grandes y oscuros que se tiñen de color púrpura. Son indicativos de la presencia de una mucopolisacaridosis (trastornos hereditarios debidos aun déficit enzimático, algunos ejemplos son el síndrome de Hurler y el síndrome de Hunter).
- Gránulos de Chédiak-Higashi: es una anomalía hereditaria caracterizada por la presencia de gránulos grandes rojizos, azules o verdosos de tamaño variable, que dan una reacción positiva con la peroxidasa y son indicativos de que existan trastornos metabólicos. Pueden observarse en los granulocitos, linfocitos y monocitos. Las personas con esta alteración pueden presentar albinismo oculocutáneo, alteraciones del sistema inmunitario y fotofobia.
- Eosinófilos (10-15 µm): se reconocen fácilmente por tener gránulos grandes y de color rojo-anaranjado. Normalmente son poco abundantes (representan del 1 al 3% de los leucocitos) y suelen aumentar en las alergias y en infecciones parasitarias.
- Basófilos (10-15 µm): todos ellos presentan gránulos grandes y de color morado-negruzco; constituyen el tipo de leucocito menos frecuente (1%).
Los no granulocitos son:
- Monocitos: suelen ser los leucocitos de mayor tamaño (12-20 µm) y a menudo se les conoce con el nombre de fagocitos (células que recogen desechos de distinta clase) pudiendo ingerir partículas como restos celulares, bacterias y otras partículas insolubles.
- Linfocitos: son de menor tamaño que los anteriores (10-12 µm) y presentan un citoplasma homogéneo con un núcleo liso y redondeado, aunque en algunos casos son más grandes y con un citoplasma amplio. Son las células más abundantes en los niños de corta edad. Un subtipo de estas células lo componen los linfocitos B, que son los responsables de la producción de anticuerpos (inmunoglobulinas). Es importante fijarse en su morfología ya que hay patologías que cursan con linfocitos maduros:
- Linfocitos reactivos, activados, estimulados o células de Downey: estas células son linfocitos grandes que contienen mayor cantidad de citoplasma y pueden presentar formas y tamaños variables. Se observa con frecuencia una coloración característica azulada de los bordes del citoplasma cuando sus prolongaciones rodean a los hematíes. En las enfermedades víricas, como en la mononucleosis infecciosa, se observan cantidades aumentadas de linfocitos atípicos.
- Células peludas, vellosas o tricoleucocitos: estos linfocitos presentan unas diminutas prolongaciones que les dan una apariencia de pelo al microscopio. Se observan en la leucemia de células peludas o tricoleucemia.
Son muchas las situaciones y enfermedades que pueden afectar al número absoluto y relativo de leucocitos, así como su morfología. Algunos ejemplos son:
- Infección o inflamación: pueden hacer aumentar algunos tipos de leucocitos.
- Trastornos de la médula ósea: en función de la enfermedad, se pueden observar aumentos o disminuciones del número absoluto y relativo de leucocitos.
- Alergias: puede afectarse el número de eosinófilos.
- Leucemia, trastornos mieloproliferativos o mielodisplásicos: en la extensión de sangre se puede observar la presencia de células blancas inmaduras como los blastos. Estos blastos suelen hallarse en la médula ósea, donde se producen y maduran, antes de liberarse hacia la circulación. La presencia de blastos en una extensión es indicativa de un trastorno de la médula ósea grave. También pueden observarse en otras situaciones, como cuando la médula ósea se está recuperando después de la quimioterapia, o cuando el paciente se somete a un tratamiento con factores estimulantes de colonias para realizar una donación de médula.
Plaquetas
Se trata de fragmentos celulares derivados de unas células grandes de la médula ósea conocidas como megacariocitos. Cuando se liberan desde la médula ósea, aparecen en la sangre periférica como fragmentos. Si existe una lesión de un vaso sanguíneo o se produce un sangrado, las plaquetas se activan y empiezan a agregarse en lo que será la primera etapa de la formación del coágulo.
Para controlar los procesos de coagulación y sangrado es necesario tener plaquetas en cantidad suficiente. Si hay pocas plaquetas, disminuye la capacidad de formar coágulos y esto puede suponer un peligro para el individuo. En ocasiones se producen demasiadas plaquetas, pudiendo en casos extremos interferir con el flujo normal de la sangre y aumentar el riesgo del individuo de desarrollar coágulos. Simultáneamente, estos pacientes pueden experimentar sangrados, porque estas plaquetas pueden ser disfuncionales aunque tengan una apariencia normal.
El recuento de plaquetas suele realizarse de manera automatizada como parte del hemograma. Si el número de plaquetas está disminuido o aumentado se debe realizar una extensión de sangre, para visualizar directamente cualquier anomalía en su forma o su tamaño. Por ejemplo, pueden observarse plaquetas grandes o gigantes en los trastornos mieloproliferativos o en las trombocitopenias autoinmunes (el sistema inmunitario del organismo genera de manera inadecuada anticuerpos dirigidos contra las plaquetas). Para más información, consultar el artículo sobre trastornos hemorrágicos y estados de hipercoagulabilidad sanguínea.
Formas inmaduras
Serie blanca
Granulocitos
En la extensión de sangre periférica pueden aparecer formas inmaduras de la serie granulocítica, reflejo de una liberación acelerada desde la médula ósea. Estas incluyen:
- Mieloblastos: células grandes, con núcleo redondeado u ovalado, cromatina laxa y uno o varios nucléolos prominentes. El citoplasma es escaso, basófilo y sin gránulos específicos. Su presencia suele sugerir procesos hematológicos graves (como leucemias agudas), aunque en situaciones de estrés medular extremo también pueden aparecer transitoriamente.
- Promielocitos: de mayor tamaño, con citoplasma basófilo y abundantes gránulos primarios (azurófilos). El núcleo inicia su condensación. Se observan principalmente en leucemias promielocíticas y, de forma menos marcada, en reacciones leucemoides intensas.
- Mielocitos: presentan citoplasma con gránulos específicos (neutrófilos, eosinófilos o basófilos), núcleo excéntrico y más condensado, sin indentaciones. Pueden aparecer en infecciones graves, sepsis o estímulos inflamatorios importantes.
- Metamielocitos: muestran núcleo arriñonado o en “grano de café”, con cromatina más densa y citoplasma con gránulos maduros. Se observan en desviaciones a la izquierda típicas de infecciones bacterianas agudas.
- Granulocitos en banda: neutrófilos jóvenes con núcleo en forma de banda o “U”, sin segmentación completa. Su aumento es característico de procesos infecciosos agudos, inflamatorios o estrés fisiológico.
La presencia de estas formas inmaduras no siempre implica una hemopatía, ya que pueden aparecer en infecciones severas, estados inflamatorios intensos o estrés tisular, fenómeno conocido como desviación a la izquierda.
No granulocitos
En la serie no granulocítica también pueden apreciarse formas inmaduras, tales como:
- Promonocitos: células de mayor tamaño que los monocitos maduros, con núcleo irregular y nucléolos visibles. El citoplasma es grisáceo con finos gránulos azurófilos. Su presencia puede observarse en infecciones graves o leucemias monocíticas.
- Linfoblastos: células grandes, con cromatina laxa y nucléolos prominentes. Indican habitualmente procesos proliferativos de la serie linfoide, como leucemias agudas linfoblásticas.
- Prolinfocitos: de mayor tamaño que el linfocito maduro, con cromatina más condensada que en el blasto pero aún con nucléolo visible. Pueden aparecer en linfomas o leucemias linfoides crónicas en fases evolutivas.
Incluso pueden verse células maduras que no deberían estar presentes en sangre periférica, como las células plasmáticas, habitualmente asociadas a estados de estimulación inmunitaria intensa, infecciones crónicas o discrasias de células plasmáticas.
Serie roja
En determinadas circunstancias pueden observarse precursores eritroides en sangre periférica, denominados eritroblastos, que pueden ser:
- Basófilos: con citoplasma intensamente basófilo y núcleo grande.
- Policromatófilos: citoplasma gris‐azulado y núcleo más condensado.
- Ortocromáticos: citoplasma más rosado, cercano al del hematíe maduro, con núcleo muy picnótico.
Junto a ellos es frecuente identificar hematíes policromatófilos, que corresponden a reticulocitos, células ligeramente más grandes y con coloración más azulada. Estas formas suelen aparecer en anemias regenerativas, hemólisis, hemorragias agudas o trastornos de la médula ósea.
Serie plaquetar
En ocasiones pueden observarse precursores megacariocíticos, como los micromegacariocitos, que son células pequeñas con un núcleo hiperlobulado o irregular. Su presencia en sangre periférica es anómala y puede sugerir Síndromes Mielodisplásicos (SMD) u otros procesos en los que existe desorganización de la hematopoyesis.
¿Hay algo más que debería saber?
La hemoglobina y la fórmula leucocitaria sufren variaciones en situaciones de enfermedad o de estrés, y también después de una transfusión. En función de los resultados, es posible que se soliciten otras pruebas, como un aspirado o una biopsia de la médula ósea.
En el ámbito de la Microbiología, la extensión de sangre se puede utilizar para el diagnóstico de la malaria, una enfermedad causada por un parásito denominado Plasmodium falciparum, que infecta los hematíes y se puede observar al microscopio. La malaria y otras enfermedades causadas por los hemoparásitos (Trypanosoma cruzi, Babesia spp. o Leishmania donovani) son endémicas en los lugares con climas tropicales y la realización de una extensión de sangre puede ser de gran utilidad en las personas que regresen de estos países y presenten signos y síntomas compatibles. Así mismo es común utilizar el frotis de sangre periférica para el recuento de linfocitos reactivos en la mononucleosis provocada por el virus de Epstein-Barr (EBV).
¿Qué hallazgos son críticos en una extensión desangre periférica?
Aunque todo hallazgo patológico debe ser estudiado con cautela, hay hallazgos que requieren intervenciones clínicas inmediatas y por tanto hay que tener en cuenta.
- Blastos (su identificación y descripción morfológica son cruciales para la toma de decisiones terapéuticas y un retraso en su reporte puede predisponer a daños potencialmente graves)
- Presencia de esquistocitos (anemia hemolítica microangiopáticas)
- Promielocitos anormales (leucemia promielocítica aguda)
- Presencia de parásitos y bacterias (sepsis)
- Presencia de células plasmáticas
Ante una extensión de sangre anormal, ¿qué otras pruebas se deberían realizar?
En función de los hallazgos del hemograma, la extensión de sangre y la patología que sospeche el médico, se pueden realizar una serie de pruebas adicionales, como:
- Metabolismo férrico.
- Vitamina B12 y folato.
- Biomarcadores de hemólisis (LDH, Bilirrubina Indirecta, Reticulocitos, Haptoglobina, Test de Coombs…)
- Proteinograma
- Coagulación.
- Inmunofenotipado.
- Aspirado y biopsia de médula ósea.
- Oncogén BCR-ABL1.
- Evaluación de hemoglobinopatías.
- Serología
¿Por qué el analizador automático no ha sustituido totalmente a la extensión de sangre?
La fórmula leucocitaria automática puede sustituir a la extensión de sangre en condiciones normales y en pacientes sin alteraciones. Evalúa los hematíes, los leucocitos y las plaquetas en función de su forma, tamaño y características ópticas o eléctricas. El analizador automático puede identificar la presencia de células anormales, pero es incapaz de clasificarlas. El analizador puede confundir los fragmentos celulares o agregados plaquetarios (especialmente si son de gran tamaño) con leucocitos, y por lo tanto informar un recuento de leucocitos falsamente elevado. Un especialista que observe la extensión de sangre al microscopio es capaz de reconocer estas alteraciones y clasificarlas correctamente.
Clásicamente, la revisión de la extensión de sangre se realizaba de forma manual al microscopio óptico. Los equipos automáticos de digitalización de la extensión de sangre permiten agilizar el proceso y que el especialista pueda revisar las extensiones de forma más eficiente, aunque en caso de controversia se recomienda siempre realizar la visualización en microscopio óptico, también se recomienda para el descarte de la presencia de agregados plaquetarios.
Enlaces
Pruebas relacionadas:
Estados fisiológicos y enfermedades:
Déficit de vitamina B12 y folato
Trastornos mieloproliferativos
Estados de hipercoagulabilidad sanguínea
En otras webs:
Sociedad Española deMedicina de Laboratorio (SEMEDLAB): Comisión de Hematología.
Fotos Comisión de Hematología (SEMEDLAB)
Grupo Español de Citología Hematológica
Hospital Vall d’Hebron: Extensión de sangre periférica
Hemomadrid: Frotis o extensión de sangre periférica
Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM): Toxicidad de los tratamientos oncológicos
Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH)
También conocido como: HSV-1, HSV-2, HHV1, HHV2, VHS, herpes oral, herpes labial, herpes genital
Nombre sistemático: virus del herpes simple tipo 1 y tipo 2
Aspectos generales
¿Por qué hacer el análisis?
Para hacer un cribado o un diagnóstico de la infección por el virus del herpes simple (VHS).
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